8.11.14

Los detectives también hablan árabe

Hoy tenemos la suerte de contar con este artículo de Carmen Rengel escrito desde Jerusalén
 
El escritor Matt Rees./elpais.com
Carmen Rengel

Los periodistas Eugenio García Gascón y Joan Cañete Bayle acaban de regalar al clan de la novela negra un nuevo personaje, Rashid Al Said, un policía laico, culto, con corazón de filósofo y la justicia por lema, enredado en una trama criminal con la caída del régimen de Sadam Hussein como telón de fondo. En su Expediente Bagdad (Siruela), crean un detective que tiene la doble bondad de servir para contar una historia de las que atrapan hasta el final y, a la vez, hacer de guía por una tierra que se impone en el relato como un personaje esencial. Han parido un excelente primo árabe de Sherlock Holmes, con el mérito añadido de que son pocos los que hoy pueblan las estanterías.


Hasta ahora, quizá el investigador del Medio Oriente más conocido en todo el mundo era el palestino Omar Yussef, el profesor de una escuela de Naciones Unidas en un campo de refugiados de Belén (Cisjordania), quijote de causas que cuestan la vida si no se pelean con su inteligencia (y su suerte y su temeridad). Lo creó el también periodista Matt Rees, corresponsal en Jerusalén como Gascón y Cañete. En su Cuarteto de Palestina, (El maestro de Belén, Una tumba en Gaza, El secreto del samaritano y El cuarto asesino), Yussef se pasea por tramas en las que la militancia política se mezcla con la ocupación israelí, la religión y sus normas, las fronteras, las agencias internacionales… Rees aprovecha cualquier descripción para introducir pequeñas explicaciones de la realidad, de las costumbres palestinas. Al Said no, porque está concebido, explica Cañete, como un árabe integral, sin añadidos de occidentales.

Kadhra
Yasmina Khadra











Los de fuera han dado brillo a la serie negra en el mundo árabe, pero la tradición, aquí, no es reciente. En las universidades se estudia que el primer misterio por resolver en lengua árabe se encuentra en el cuento de Las tres manzanas, en Las mil y una noches, cuando el califa Harum Al Rashid le encarga a su visir, Yaffar Ibn Yahya, que investigue quién ha matado a esa chica con manos cubiertas de henna hallada en un cofre tirado en el Tigris.

Resurgir egipcio y argelino

Ahora la novela negra está viviendo un resurgir en la zona, sobre todo en Egipto y Argelia. Ahmed Mourad, cairota, es Premio Internacional de Narrativa Árabe por El elefante azul, donde su doctor Yahya se enreda en misterios que le sirven para exponer los problemas de fondo de un Egipto en ebullición. Es un bestseller nacional. Su personaje vive en la otra orilla del Mediterráneo, pero se parece a sus primos (los de Ledesma o los de Madrid, por ejemplo), en su choque con los poderes fácticos y la burocracia.

Sin salir de Egipto, hasta la novela gráfica se empieza a sumar al noir, como en los casos del caballero-ladrón creado por Magdy Al Shafee, censurado y multado por usar el crimen como arma de crítica social.

En Argelia hay autores como Yasmina Khadra, Anouar Brahem, Boualem Sansal… Khadra y su Brahim Llob, comisario de la brigada criminal de Argel, revolucionario a punto de jubilación, cuentan la extrema violencia de su tierra con la mirada entrañable de un tipo desastroso en el vestir, tierno en la defensa de sus valores y su familia, también de su religión. Se le puede disfrutar en Morituri, Doble Blanco, El otoño de las quimeras y La parte del muerto y ahora en A qué esperan los monos, que Alianza estrena esta semana.

Elias Khoury, libanés, colaborador del poeta palestino Mahmud Darwish, creó en los 80 uno de los títulos más conocidos del género en la zona, Máscaras blancas, donde un periodista sin nombre trata de localizar al asesino de un funcionario. Que ese asesino nunca aparezca es lo de menos. Había que contar el Beirut del momento. El misterio al servicio de la actualidad.

Sobre todo en los países de dominio francés, la influencia detectivesca viene de principios del pasado siglo. Grandes autores como Najib Mahfoud o Tawfiq Al Hakim fueron en su infancia adoradores del Arsenio Lupin de Maurice Leblanc y lo confesaron con orgullo. Recuerdan los carritos con libros en mitad de la calle, que atesoraban sus fantásticas aventuras, en saldo junto al Nilo. “El género no es nuevo, pero ha estado inactivo durante décadas”, reconoce la especialista Marcia Lynx Qualey. Ahora sólo hace falta que fluyan las traducciones, hoy apenas si localizables en inglés, francés o italiano. 

7.11.14

Berlín encenderá hoy 8.000 globos blancos en recuerdo de la caída del Muro hace 25 años

La capital de Alemania despliega una espectacular instalación artística que sigue el trazado del Muro desaparecido, junto a exposiciones, conferencias y conciertos para conmemorar el acontecimiento histórico
El muro de Berlín, la caída de un símbolo - Repasamos en cuatro minutos la historia del muro de Berlín, desde los motivos de su construcción a los de su derribo ahora hace 25 años./lavanguardia.com
 

Berlín conmemora el vigésimo quinto aniversario de la caída del Muro con la instalación artística ‘Lichtgrenze’ (frontera de luz): ocho mil globos blancos de helio delinearán el antiguo trazado del muro de Berlín, que incluye escenarios notables como la puerta de Brandemburgo, la Potsdamer Platz, Checkpoint Charlie y la East Side Gallery. Los actos culminarán el domingo 9, cuando se soltarán los globos al aire, y junto a la puerta de Brandemburgo, la Staatskapelle interpretará el ‘Himno a la Alegría’ de Beethoven, con Daniel Barenboim a la batuta.
La pro-soviética República Democrática Alemana (RDA) empezó a construir el muro el 13 de agosto de 1961, porque la continua huida de ciudadanos germanoorientales a Occidente a través de Berlín afectaba gravemente a su demografía, a su economía y a la reputación del régimen comunista como sistema. La instalación luminosa busca evocar el impacto que tuvo en la ciudad el Muro, derribado hace ahora 25 años, y que condujo al ingreso de los alemanes orientales en un régimen democrático.
La odiada barrera cayó el 9 de noviembre de 1989. Lo berlineses del Este se abrazaban emocionados a los berlineses del Oeste, después de que la guardia fronteriza permitiera el paso de la multitud congregada tras el anuncio de que la RDA eliminaba las trabas a los viajes al exterior.
Para recordar ese día, y los 28 años de partición de la ciudad, los 8.000 globos de helio, colocados sobre trípodes, serán encendidos hoy viernes a las 17 horas; y así seguirán hasta el domingo 9, en que a las 19 horas serán soltados todos a la vez hacia el cielo berlinés, cada uno con un mensaje. La instalación es obra de los hermanos Christopher y Marc Bauder, y los mensajes se han ido recogiendo en una página web ad hoc. 
Ese ‘muro de luz’ estará jalonado por paneles de una exposición (uno cada 150 metros), con episodios históricos acaecidos en ese mismo lugar: etapas de construcción del Muro, fugitivos muertos, vida cotidiana en la ciudad partida, protestas de la ‘revolución pacífica’ de 1989 ... Esta exposición ha sido realizada por la Sociedad Robert Havemann, llamada así por un disidente de la RDA.
En toda la ciudad hay además conferencias, itinerarios turísticos y actos a todos los niveles para conmemorar la caída del Muro. En las primeras semanas tras la caída del Muro, la indignación acumulada de los berlineses y la piqueta oficial arrasaron casi totalmente la fortificación vergonzosa, algo que muchos ahora lamentan.
Como tramos de Muro ‘musealizados’ quedan sólo tres visitables. Está la llamada East Side Gallery, casi kilómetro y medio de Muro pintado en 1990 por 118 artistas de 21 países, en el barrio de Friedrichshain. Uno de esos 118 artistas es español; se trata del catalán Ignasi Blanch. También se conserva un tramo de 200 metros de Muro en el Centro de Documentación Topografía del Terror, que presenta las ‘agresiones’ sufridas en esas primeras semanas.
Y está Memorial del Muro de Berlín, en la Bernauerstrasse. Ahí se conserva una sección de 60 metros del Muro que permite apreciar cómo la rudimentaria barrera inicial evolucionó hasta convertirse en una enorme barrera de hormigón, alta, sofisticada y muy peligrosa para quien intentara evadirse. Medía 155 kilómetros (43 dividiendo la ciudad y 112 entre Berlín Oeste y el resto de la RDA), y en muchos tramos era un doble muro, con zona de seguridad en medio (la llamada ‘franja de la muerte’), torres de vigilancia, potentes focos, y guardia fronteriza con orden de disparar.
Para conocer más sobre aquellos años, es posible visitar el Museo de la RDA , ubicado ante el río Spree y la isla de los Museos, que permite al visitante otear cómo era la existencia cotidiana de los alemanes del Este. De un modo interactivo, permite tocar y experimentar: abrir cajones de mesas multifunción, conducir (virtualmente) un Trabant, e incluso degustar en el restaurante especialidades germanoorientales.
También es recomendable visitar la Fundación Haus der Geschichte (Casa de la Historia), con sede central en la antigua capital, Bonn, pero con dos ubicaciones en Berlín. Una es la Kulturbrauerei, donde muestra desde noviembre de 2013 la vida diaria en la RDA. La otra se ubica en el conocido como Palacio de las Lágrimas -la estación de la Friedrichstrassse donde lloraban al despedirse las familias separadas por el Muro-, y evoca el terrible impacto emocional de la barrera en las personas.

El costurón del Muro

Hay huecos, físicos o no tanto, que aún perduran y remiten a lo que el siglo XX hizo con la capital alemana
 
Puente de Bösebrücke./elpais.com
Si la arquitectura de un lugar retrata su historia, el costurón urbano que dejó el muro de Berlín al levantarse (en 1961) y caer (en 1989) es una de las grandes fotografías de nuestro tiempo. Mucho de aquella cicatriz se ha reparado ya en estos 25 años transcurridos, con una planificación y una pasión constructora admirable que han hecho de Berlín uno, al fin, único y cuasi compacto. Pero hay huecos, físicos o no, que aún supuran y remiten a todo lo que el siglo XX hizo con la, entonces y ahora, capital alemana.
Espacios que hablan. Siempre fue un clamor esta ciudad. Plantabas un pie en ella, en Berlín Occidental (antes de 1989), y bastaba para saber que allí había mucha tela sociopolítica que cortar. No importaba no saberse al dedillo los acontecimientos. Sobre ellos narraba ya de sobra su fisionomía, desestructurada, bien rara. Se trataba de sus largas distancias y de sus avenidas, que remitían a sucesos concretos: la del 17 de junio, por ejemplo, en honor a esa huelga de obreros comunistas ante patronos comunistas, en 1953, reprimida brutalmente. De los centenares de edificios marcados por la metralla. De las explanadas tristes: el descampado de la Potsdamer Platz, centro populoso, creativo y cultural durante los locos años veinte, que dejaba mudo. De los carteles que encontrabas a tu paso y mareaban: “Está usted abandonando zona francesa, zona americana, zona británica…”.
Quizá se trataba de las estaciones de metro fantasma, prueba del corte de las comunicaciones por tierra, mar y aire, que susurraban: "Estos vecinos no se hablan". De las calles convertidas en callejones sin salida: había quien abría la puerta de su casa, como en Sebastianstrasse, en Kreuzberg, o en Entenschnabel, en Frohnau, y tenía la pared o una torre de vigilancia a un metro; el jardín cortado, la ventana tapiada.... O de esos miradores altos de madera y metal para visitantes y turistas desde donde avistar el doble muro, la tierra de nadie o de la muerte. Desde ellos observabas a los policías comunistas ("co-mu-nis-tas", se enfatizaba, impresionaban) cual extraterrestres. “Los del otro lado”, les llamaban, esos ossis. Y allí estaban, armados, uniformados, emparedados en su torres de vigilancia (casi dos centenares hubo), fumando impasibles, paseando en silencio o muy quietos, a la espera de algo, alguna novedad, algún disidente o pensando quizá cómo escapar (2.500 de ellos lo hicieron)... Congelados en el tiempo.
Bastaba seguir el trazado del Muro (hoy está habilitado gran parte como carril para peatones y bicis), un paso tras otro, un monumento tras otro, aquí este barrio, aquí ese otro…, y leer las pintadas infinitas, más o menos artísticas, y palpar la historia. Famosos del grafiti dejaron su huella en él, en su lado occidental, tal como recoge el libro Verboten, Berliner Mauerkunst, de Ralf Gründer: Rainer Fetting, Indiano, Thierry Noir, Kiddy Citny, Keith Haring o Yadegar Asisi, entre otros. Algunos eran tendencia, como esas ventanas que parecían abiertas hacia el otro lado, espiándo. Los mas lanzaban consignas, serias o irónicas, ingeniosas o tremendamente dogmáticas, sobre vidas rotas, un mundo dividido, de opresión y libertad, de capitalismo y comunismo, de tensión y tiempo perdido:
“Erich, devuelve las llaves”
“A quien cruce, le doy un marco”
“Mamá, sácame de aquí”
“Detesto el comunismo, es la negación de la libertad”
“Lucha contra el Estado espía”
“Tío, qué pared tan estupenda”
“La fantasía no tiene frontera”
“Querido Gerd, feliz cumpleaños”
“Cemento, no gracias”
“¿Cuánto todavía, cuánto tiempo?”
“Haz el amor no vallas”
“Atención, atención, quiero abandonar Berlín Oeste pero una pared me lo impide”
Los alrededores de la Puerta de Brandeburgo, fotografiados en 1961 y hoy día
El berlinés occidental medio, el ciudadano más subvencionado y alternativo del mundo capitalista, llamado libre entonces, era una pura enciclopedia política. Pronunciabas “muro, RDA, Honecker o soviéticos”, y brotaba la sangre en soflama como quien abre las venas de un país, de dos, de Europa, del mundo y de la próxima guerra segura (por supuesto, nuclear). Varias generaciones se sabían de tirón el qué, cómo, cuando, dónde y de quiénes se estaba hablando a uno y otro lado del telón de acero, y presumían de conocer bien las intenciones secretas de los otros. Ahora, un cuarto de siglo después, ya no. El quién es quién de la tipología política se ha difuminado o ha desaparecido. Ahora es el momento del mito.
El muro de Berlín como metáfora de un tiempo y del fin del comunismo. La pared que separó mundos, políticas, filosofías y marcó la vida de millones de ciudadanos desde el 13 de agosto de 1961 hasta el 9 de noviembre de 1989 (y hasta hoy, ya que andamos de aniversario) como producto y capital. Aunque de la construcción misma no queda apenas rastro local, salvo una línea en el suelo con doble adoquín desde el 9 de noviembre de 1999 en el centro de la ciudad y algunos pedazos mantenidos con fin turístico (Eastside Gallery, Checkpoint Charlie...). En los primeros años noventa hubo cierta prisa por quitar de en medio toda huella: el grueso se reutilizó en otras construcciones o se vendió en subasta. Y millones de trozos se arrancarían, martillo en mano de visitantes y comerciantes avispados, llegando, muchos, falseados hasta nuestros días.

Las primeras puntadas

Pero antes de poder derribar, desmontar o descoser la pared más famosa del siglo XX hubo que construirla o hilvanarla. Y las primeras puntadas bien pudieron darse el mismo día en que terminó la II Guerra Mundial, allá por 1945, con el dictador alemán suicidándose en su búnker de la Cancillería, los de las SS matando a destajo en su agonía, y los soldados rusos desembarcando en una ciudad ruinosa, repleta de famélicos y enloquecidos tras los intensos bombardeos aliados; hámsteres, los llamaban, seres rastreando las ruinas en busca de comida, como describe Anthony Beevor en Berlín, la caída, 1945.
Ese momento crítico en que el Ejército Rojo campa a sus anchas y bajas (sus partes), generando enorme desconfianza en las tropas aliadas (por lo primero) y una estela de mujeres violadas y preñadas (por lo segundo). Ese "Frau, kommt, kommt", "Mujer, ven, ven") en boca rusa que era escribir terror sobre terror a lo ya vivido en la Europa enbrutecida por el nazismo. Un famoso libro anónimo describe bien este momento, Una mujer en Berlín (Anagrama). Narra lo que a miles de ellas les tocó vivir, “primero la supervivencia entre los escombros, sin agua, sin gas, sin electricidad, acuciadas por el hambre, el miedo y el asco, y, posteriormente, tras la batalla de Berlín, por la venganza de los vencedores”.
Pespuntes de la gran valla podrían considerarse muchos otros, dado que el siglo XX se prodigó en acontecimientos memorables que eligieron, como en una fijación enfermiza, a esta ciudad como escenario: el boom creativo de los años veinte, la crisis económica y la devaluación brutal del marco alemán durante la República de Weimar, el tirón del socialismo, la aparición y triunfo de Hitler mismo con su pose y su arquitectura megalítica, Stalin ganando terreno y territorio... Frederick Taylor en su Historia del Muro se retrotrae hasta la ciudad pantanosa que fue Berlín en sus orígenes, a sus distintas épocas de cancilleres, emperadores y conquistas para explicarse la metrópolis actual, la postmuro. Pero su génesis bien pudo ser también el momento en que se constituyó el llamado Consejo de Control Aliado (Allierte Kontrolrat), en 1945, para regular el territorio alemán vencido, organizarlo, y repartirlo (con estatus especial para Berlín), en las reuniones de Yalta o de Potsdam, con los consiguientes procesos de desarme, desnazificación y otras medidas colaterales.
A partir de ahí, se vivió cierto espejismo provocado por el deseo de paz. Pero se trataba de pura estrategia política entre los cuatro poderes aliados, uña y carne hasta entonces por obra y gracia del miedo, lógico, al alemán en una guerra que había provocado casi 40 millones de muertos (la mitad de ellos, soviéticos). El desencuentro EEUU / URSS se materializó casi al instante (¿qué son tres años en la historia?): en marzo de 1948 los soviéticos abandonaron el Consejo. La guerra fría había comenzado. Y al poco, también, el primer cierre programado de la ciudad, el bloqueo entre 1948 al 1951, que hizo sufrir lo suyo a los dos millones de berlineses occidentales encerrados en su isla capitalista sin nada que llevarse a la boca, salvo que se pasaran al otro lado, pues ese era uno de los objetivos, ganar población, vaciarla, desmoralizar a los aliados para que la abandonaran. El puente aéreo aliado suministró comida a través del aeropuerto de Tempelhof (en imágenes muy cinematográficas) y quebró los planes soviéticos. Y en octubre de 1949 se creó la República Democrática Alemana (RDA). Sobre las muchas consecuencias de tales batallas, siempre servidas bien frías, se ha escrito en todo formato, largo y tendido.

Los intentos de huida

L. H. M.
Quedaron registradas muchas imágenes de aquellos primeros días de fortificación de la ciudad, algunas que son iconos: los rostros de pasmo, las policías de ambos lados vigilando, los llantos, la desesperación, las familias con las maletas escapando hacía el Oeste o al famoso cabo de la RDA, Conrad Schumann, saltando el alambre de espino, fusil al hombro, en la Bernauer. “La gente nos estaba abucheando”, explicaría Schumann más adelante a la CNN. “Teníamos la sensación de que nos limitábamos a cumplir con nuestra obligación, con nuestros deber, pero nos sentíamos recriminados por todos lados. Los berlineses occidentales nos gritaban, y lo mismo hacían los orientales. Nosotros estábamos en medio… Para una persona joven, esto era terrible”. “Vente para acá, vente”, le gritaba la multitud. En un momento dado, él tiró el cigarrillo y saltó. Un fotógrafo, Peter Leibing, recogió ese instante, que dio la vuelta al mundo. Hubo muchas mas.
El número de intentos de huida y de los que consiguieron escapar durante casi tres décadas es variable: 40.000 aseguran algunas fuentes. Y lo intentaron o lograron a través de métodos diversos e imaginativos; subidos en globos, nadando por los canales, en una suerte de submarinos, ocultos en los maleteros de coches o camiones, disfrazados, a través de túneles (unos 40 se construyeron en la ciudad, tres en la misma Bernauerstrasse...). Tan variable como el número de muertos directa o indirectamente relacionados con el acto de atravesar el muro. Casi 200. El primero, Günter Litfin, murió de un disparo en Humboldthafen; el siguiente, Peter Fechter, cerca del Checkpoint Charlie. La última víctima, así considerada, se llamaba Chris Gueffroy, de 20 años.

Los mapas mutantes

"La ciudad había cambiado las fronteras administrativas entre sus distritos en 1937 y fue ese nuevo mapa el que sirvió de base para el reparto por sectores de Berlín a partir de 1945", señalan Hoffmann y Meuser en un interesante y reciente libro, Architekturfuhrer Berliner Mauer (Guía arquitectónica del muro de Berlín), DOM, 2013. En él recopilan mapas y fotografías aéreas de  los espacios mutantes de la ciudad. El distrito como tal —había 20 entonces— dejó de existir para convertirse en sector. Uno de los planos editados en ese tiempo, el de Richard Schwarz, de 1946, se ocupó incluso de realizar una revisión de los nombres de las calles heredados de tiempos del partido nazi.
Durante los años cincuenta la vida cotidiana en la República Federal (RFA) o en la Democrática siguió su curso, en cuanto a normalización posbélica se refiere, cuentan, al tiempo que crecía la tensión política interna y el desasosiego en ese polvorín que era Berlín, isla siempre en marejada, muy deseada por todos. Prueba de que el Muro no nació de la nada fueron las barreras anteriores a él: más de 250 pasos fronterizos hubo y hasta una verdadera frontera para delimitar con la RFA, incluído el Checkpoint Bravo, en Dreilingen (autovía A115), verdadero símbolo de arquitectura limítrofe. Los alemanes de los distintos sectores convivían con esto con mayor o menor naturalidad. Su espíritu de resistencia y creatividad estaba plenamente demostrado. El berlinés de a pie hizo del concepto cortina de hierro hashtag de época, pose y literatura. "Don't Miss Berlin, The international city behind de Iron Curtain", decían los carteles. "No olvides a la ciudad que defiende la democracia del mundo libre tras la telón de acero".
El junio de 1961, el líder comunista Walter Ulbricht aseguró que nadie, nadie tenía en mente construir un muro. Pero un mes después, en julio de 1961, se produjo un hecho destacado en la historia de la frontera soviética-aliada: el ministerio del mando soviético en el sector oriental publicó los datos de los ciudadanos del Este que cruzaban al otro lado, los que, según ellos, escapaban: 18.000, en mayo; 20.000, en junio... La mayoría, jóvenes; mano de obra que se esfumaba. Cerca de 50.000 tenían trabajo en el otro lado. Los rumores del muro fijo, intimidario, se hicieron carne de la mano de la creciente inseguridad de la URSS ante esa china incontrolable del mundo libre que tenían en el zapato de su nuevo imperio. La evidencia de que el muro ya estaba bien planeado y Ulbricht mintió aparece también en forma de mapa en el libro citado.

Imágenes que son iconos

Así, en la mañana del 13 de agosto, aparecieran trabajadores colocando alambre de espino entre los sectores soviético y aliados. Miles de policías fueron movilizados. Se corrió la voz y los periodistas y ciudadanos comenzaron a acercarse allá donde se construía. Cerca de 156 kilómetros se levantaron de muro, 43 de ellos entre los dos berlines; y 112 entre Berlín Oeste y la República Federal Alemana. Se cortaron las comunicaciones telefónicas. En pocas semanas se vaciaron casas situadas en la línea del muro, se realojó a muchos habitantes para levantar el ya definitivo y de obra, se tapiaron puertas y ventanas... En septiembre fueron obligados a trasladarse unos dos mil ciudadanos de la Bernauerstrasse misma, allí donde se produjeron las escenas más dramáticas y las primeras muertes. Sobre lo que representó aquello para la vida de una ciudad, conviene acercarse al Centro de Documentación del Muro situado frente al Memorial de dicha calle (abierto el 13 de agosto de 1998) y ver los restos de la frontera y su colección de documentos audiovisuales de aquel tiempo. "En Berlín, a diferencia de otros lugares de la frontera entre la RFA y la RDA, no se instalaron mecanismos de disparo automático ni minas", cuentan en el archivo.
De los casi ochenta cruces que existían en Berlín pronto quedaron solo siete para peatones y uno para trenes. Todos fueron mutando en pared intimidatoria, paso fronterizo, torre de vigilancia, corte de autopista… Siete lugares que se harían con el tiempo famosos: los de las calles Bornholm, Chaussee, Invaliden, Heinrich Heine, Friedrichs, Oberbaumbrücke y el de la Sonnenallee (avenida) y quedarían marcadas en lo urbano durante largo tiempo. Por tierra, mar y aire el control se hizo exhaustivo. Y a partir de ese momento hubo espacios que se convirtieron en escenario y escaparate desde donde arrojarse mensajes de uno al otro lado y/o mostrar las grandezas de uno y otro régimen: batallas de músicas y megáfonos en la Postdamer Platz/Leipzigerstrasse, banderas y mítines a uno y otro lado de la Puerta de Brandeburgo (convertida en el mayor símbolo de la separación) de locales y visitantes: un día Gorbachov miraba desde allí al Oeste; otro (1987), Ronald Reagan le gritaba: "Señor Gorbachov, abra usted esta puerta". Al ritmo que crecía la pared en altura y solidez lo hacía la provocación entre las dos ciudades, incluso arquitectónicamente hablando: edificios que se levantaban a un lado y tenían su réplica en el otro, como sucedió con el edificio de Axel Springer y los plattenbauten de la Leipzigerstrasse. Una práctica frecuente, cual juego de niños.

Berlín ilustrado

L. H. M.
Ninguna ciudad está tan orgullosa de sí misma y publica tanta literatura y material audiovisual sobre su pasado, presente y futuro como la capital alemana. Basta pasarse por la sección de cualquier librería, de la de Dussmann, por ejemplo, situada en la Friedrichstrasse, y contemplar el departamento dedicado a la ciudad. Hay libros de todo tipo y cuestión que uno necesite sobre la vida y obra de lo que se ha cocido y se cuece bajo su techo metropolitano y más allá. El Muro, naturalmente, es uno de los grandes protagonistas. Y entre lo mucho publicado, uno de los mejores retratos realizados sobre él en sus primeros años de existencia fue el que realizó el dibujante Werner Kruse, alias Robinson, (el primer artista occidental, por otro lado, al que se le permitió entrar y quedarse para dibujar trazo a trazo Moscú). Se puso manos a la obra en 1964 y lo dejó ilustrado paso a paso en blanco y negro, calle tras calle, edificio tras edificio, desde la Bernauerstrasse hasta el Oberbaumbrücke, detallado, hermoso, cinco metros de dibujos que se editaron luego en color y son hoy difíciles de encontrar (panorama-berlin.de).
Numerosos actos se organizan estos días en Berlín al hilo del 25 aniversario de la caída el Muro. Se pueden consultar en la página oficial: berlin.de
Incalculable durante esas casi tres décadas fue el sufrimiento que el muro generó en muchos ciudadanos que vieron como cambiaba su vida de un día para otro, quedaban separados de los suyos o sin trabajo. Tal era el drama que, entre el 19 de diciembre de 1963 y hasta el 5 de enero de 1964, en que se permitieron las visitas de los occidentales a sus parientes en el Berlín comunista (en la primera regulación) se emitieron más de un millón de pases. El puente Oberbaum fue testigo privilegiado de encuentros familiares durante esas Navidades. Hoy, reconstruido, es uno de los miradores más hermosos de la ciudad, hacia el canal y las orillas rehechas y carísimas ya del Spree.
El movimiento de desplazamiento humano y económico que generó el Muro fue enorme: se fueron despoblando poco a poco las calles fronterizas, se abandonaron muchas viviendas a su suerte (además de las que ya lo hicieron semidestruidas al final de la guerra), se trasladaron las empresas hacía ciudades menos expuestas y de mejor acceso... Y la necesidad de mantener la ciudad poblada era tal para la RFA que trasladarse a estudiar o vivir a Berlín Oeste tenía innumerables ventajas y subvenciones, como liberarse del servicio militar o contar con las mejores becas de estudio, sin límite de edad. Fue reino de la contracultura. Al igual que los okupas de tanto edificio huérfano, los eternos estudiantes berlineses llegaron a ser tribu urbana.
Conocido es ya: el 9 de noviembre de 1989, el portavoz del Gobierno de la RDA, Günter Schabowski, responde a la pregunta de un periodista sobre la nueva ley de viajes entre ambos países diciendo que entraría en vigor de inmediato. La noticia corre como la pólvora. Y una hora después abre el puente de la Bornholmerstrasse llenando la calles de Wedding de alemanes orientales felices y desorientados, mirando extasiados los escaparates de un barrio obrero y emigrante del otro lado. Poco a poco se fueron haciendo líquidos todos los pasos fronterizos, las barreras… El muro había caído. Y en el minuto uno, más allá de las medidas políticas, se dio el pistoletazo de salida para la transformación urbana de la ciudad (y por extensión luego de los estados orientales). Miles de planes, contraplanes, concursos... para descoser la frontera, borrar su rastro, dotarla de otra función y vida. Un puzzle de piezas en reconstrucción ha sido Berlín durante este cuarto de siglo. Las grúas brotaron como setas, elemento cotidiano y masivo hasta el 2000 cuando Berlín se hizo capital, especialmente en la Potsdamer Platz (aquel descampado), símbolo de la nueva metrópoli y de una nueva era, donde formaban, literalmente, un bosque.

La tierra de nadie

El espacio de la tierra de nadie que quedó entre ambos lados ha tardado en cicatrizar, se han necesitado años de inversiones millonarias, concursos internacionales, el trabajo de miles de arquitectos, decenas de miles de obreros llegados de todo lugar, mucho planeamiento acelerado y mucho proyectos, algunos muy discutidos. Unos por innecesarios, como el derribo del antiguo parlamento de la RDA, el Palacio de la República. Otros por costosos: la reconstrucción en el mismo lugar del imperial. O por fiasco y corruptelas: el aeropuerto internacional aún sigue sin fecha y le ha costado el puesto al alcalde más popular, Klaus Wowereit. Y debates infinitos, al estilo alemán, sobre el qué y el cómo de variados desarrollos, uno fundamental: cual es el verdadero centro urbano de la capital. El destino de la Alexanderplatz (centro antaño del Este) sigue poco claro. La plaza permanece en una suerte de limbo y vacío de función que solo salva el fervor turístico por los centros comerciales y la torre de la televisión con sus vistas de altura.
La fascinación (u obsesión) que siempre ha provocado esta ciudad ha hecho que muchos fotógrafos se hayan ocupado de ir retratando rincones antes y después de su metamorfosis. Uno de ellos, Karl Ludwig Lange, por ejemplo, retrata las esquinas de Pankow (antes aprisionadas) o el puente de Bornholmer hecho puro tránsito libre, la Güterbahnhof convertida en parque recreativo y mercadillo de fin de semana (Mauerpark, pronto se convertirá en viviendas); la Bernauerstrasse, irreconocible, con sus edificios de viviendas ultramodernas donde antaño lucían tristes bloques de viviendas tapiadas, y calles de Prenzlauer Berg, como Oderberger, antaño puntos muertos del mapa que son hoy de lo más de moda y cool de su geografía…“El Muro está un muy presente en la ciudad”, asegura. Pero no sólo por lo que representó o las muertes que originó, no. Según él, se trata incluso de aquello que no se ve, de los problemas jurídicos, la devolución de la propiedad de terrenos que antaño ocupaba el muro que están aún en muchos casos por solucionar… "Por eso, existe aún esa cierta ruptura en el paisaje, esos vacíos que la marcan y definen", cuenta en su libro.
Pero no solo es la tierra la que se ha transformado en Berlín. También es el agua. Ella ha ganado protagonismo. Uno de los espacios más cambiados en este cuarto de siglo han sido las orillas del río. Los canales del Spree vivieron con respiro la caída del Muro. No solo porque eran muy golosos para la huida al otro lado (“Atención”, decían los carteles en alemán y en turco en el Gröbenufer, en Kreuzberg, “peligro de muerte: el agua pertenece al sector oriental de Berlín”), sino porque sus márgenes se han ganado para la ciudad.
Cientos de barcos, públicos o privados, grandes o pequeños, surcan hoy los canales serpenteantes cargados de oriundos en posición relax y, sobre todo, de turistas (son masa ya) que observan extasiados la vieja y la nueva arquitectura, las playas urbanas, la isla de los museos, las exclusas, los parques, la vida cotidiana de esta metrópoli multicapa repleta de jóvenes, solteros, artistas, pijos o alternativos, inmigrantes o nacionales; a rebosar aún de creatividad, músicas, proyectos… Desde el agua se aprecia otro Berlín ya, mas armado, más seguro de sí, mas rico y también más desigual: edificios terminados, esquinas rematadas, ninguna zona tan rehecha como la gubernamental, el Reichstag, la Cancillería, los edificios parlamentarios, los alrededores de la Potsdamer Platz... Su fisionomia habla ya de normalidad. Y de nuevos retos en este siglo XXI. Para vosotros la orilla, para nosotros el Spree", titulaba este verano el Zitty, la más veterana revista alternativa de la capital alemana. Los terrenos se gentrifican, son capitalistas, venía a decir, pero el agua es pública, es de todos, es libre. Quizá hasta sea comunista.

'No un muro, el muro'

Situaciones que llevaron a partir la capital alemana con el muro que tumbaron los berlineses
El 13 de agosto de 1961, se construye el muro que dividió a Berlín, a Alemania y a Europa./eltiempo.com

Cerca de la medianoche del 9 de noviembre de 1989, un río humano de centenares de miles de ciudadanos de Alemania Oriental se desbordó, incontenible y eufórico, a través de los puestos de control del tristemente célebre Muro hacia las calles de Berlín Occidental, donde fue recibido por otra multitud exultante que le daba la bienvenida con torrentes de champaña.
Había caído la barrera que 28 años atrás, en agosto de 1961, se levantara para impedir que los habitantes del sector oriental del dividido Berlín de la posguerra y del resto de la República Democrática de Alemania continuaran pasándose masivamente al sector occidental de la ciudad y, por ende, a la República Federal.
El muro que representó por casi dos generaciones el fracaso del modelo implantado en la RDA, que tuvo que erigirlo para encerrar a sus ciudadanos e impedirles la búsqueda de una vida diferente. (Hasta antes de su construcción, cerca de 3 millones de alemanes del
Este habían emigrado a Occidente, muchos de ellos jóvenes calificados). El muro se convirtió en el símbolo por excelencia de la Guerra Fría, de la división de Europa, del enfrentamiento ideológico, económico y militar entre los dos grandes bloques en que se fracturó el mundo después de 1945.
El muro que cobró la vida de decenas de alemanes que trataron de atravesarlo para pasar al otro lado. El muro a cuya sombra se llevaron a cabo tantos intercambios de espías soviéticos, ingleses, norteamericanos y alemanes. El muro que duraría más de 100 años, según dijo, en 1989, Erich Honecker, líder de Alemania Oriental.
Pero también el muro que Washington y sus aliados aceptaron en su momento con cierto alivio para evitar una posible guerra nuclear con la URSS a causa de la capital germana. Por todo lo anterior, el de Berlín no fue un muro, fue el muro.
Sin embargo, lo que ocurrió el 9 de noviembre fue simplemente el desplome de este dique infame. Venía resquebrajándose desde hacía más de una década y sus fisuras fueron creciendo hasta que toda la estructura se vino abajo a finales de 1989. Estaba ya tan deteriorado que al final bastaron unos pocos golpes para que se desplomara como un dinosaurio moribundo.
Mucho se ha discutido acerca de cuándo empezó el proceso que culminaría con el desmoronamiento del muro de Berlín. Sin duda, el comienzo del fin de la división de la capital germana se remonta a los acontecimientos que se desarrollaron, no en Alemania sino en la vecina Polonia desde mediados de la década de los setenta.
En 1970 y luego en 1976, en medio de una creciente crisis económica, se desataron numerosos y masivos movimientos huelguísticos en varios centros industriales, los cuales, a pesar de la represión oficial, desembocarían, en 1980, en la creación de una gigantesca organización obrera llamada Solidaridad, primer sindicato independiente del bloque soviético, que pugnaba por la legalización de la actividad gremial y el derecho de huelga.
Dos años antes, en Roma, había sido elegido como nuevo papa el polaco Karol Wojtyla, abierto enemigo de los regímenes comunistas europeos, quien, desde el comienzo de su pontificado, se dedicó a respaldar el descontento popular de sus compatriotas y a socavar la legitimidad y el poder de los gobernantes de Varsovia.
Pese a las medidas de excepción instauradas por los mandamases polacos y a que Solidaridad fue declarada ilegal y sus líderes llevados a prisión, Juan Pablo II realizó varios viajes a Polonia, en los cuales condenó la falta de libertades y la opresión a las que estaban sometidos sus conciudadanos. La actitud del papa y de la Iglesia católica polaca se convirtió, sin duda, en un estímulo extraordinario para que la insubordinación se mantuviera viva en Polonia e incluso adquiriera renovada potencia en los ochenta.
Empero, en 1985 hubo un acontecimiento que sería definitivo para que los cambios que sobrevendrían en la Europa del Este pudieran materializarse. En marzo de ese año fue elegido Mijaíl Gorbachov como secretario general del Partido Comunista de la URSS.
Lo que en un principio parecía ser un relevo más en la cúpula de la anquilosada burocracia del Kremlin, pronto se reveló como un auténtico revolcón en el sistema, que sacudiría sus estructuras y terminaría por transformar, no solo a la URSS sino a todo su bloque de satélites. El incontenible deterioro económico, la sangría de Afganistán, la ruinosa carrera armamentista y la pelea con EE. UU. en el Tercer Mundo contribuyeron, sin la menor duda, a acelerar la decadencia de la URSS.
Pero esta aún tenía suficiente capacidad de aplicar la Doctrina Brezhnev en su área de influencia para sofocar cualquier brote de rebeldía que pusiera en peligro la sobrevivencia de sus regímenes títeres en Europa Oriental, tal como se había hecho en Berlín en 1953, Hungría en 1956 y Checoslovaquia en 1968.
Se necesitaba solo un empellón y este provino desde la entraña misma del poder soviético. Gorbachov se propuso un radical cambio de rumbo: retiró las tropas de Afganistán, buscó por todos los medios llegar a acuerdos sobre armas nucleares con Washington, les retiró el apoyo militar y económico a numerosos gobiernos tercermundistas aliados, aplicó importantes reformas económicas (perestroika) y, sobre todo, emprendió una agresiva campaña de apertura política y de impulso a las libertades individuales y colectivas (glasnost) sin precedentes en la historia de su país.
En 1987 declaró abiertamente que “el momento es propicio para abandonar los conceptos de política exterior basados en un punto de vista imperial”. Aplicando el enorme poder que le confería el cargo de secretario general, Gorbachov empezó a demoler la dictadura misma sobre la cual descansaba toda la estructura soviética, tanto en el frente interno como en el externo.
El 7 de diciembre de 1988, ante las Naciones Unidas, Gorbachov anunció que aplicaría recortes sustanciales y unilaterales de fuerzas soviéticas en Europa Oriental, a tiempo que proclamaba que la libertad de elección para todos los pueblos debía ser un principio universal y sin excepciones, en lo que se interpretó como una renuncia a la Doctrina Brezhnev de intervención en los asuntos internos de otros países.
Se había abierto la compuerta de la insubordinación y el cambio en Europa Oriental. Para entonces ya Estonia había proclamado su soberanía como república autónoma de la URSS y en julio se le sumarían Letonia y Lituania. En febrero de 1989, Solidaridad fue reconocida oficialmente y, en abril, días después de que se celebraran los primeros comicios abiertos para el Congreso de Diputados en la URSS, Varsovia legalizó los sindicatos obreros y aceptó la elección libre de una asamblea nacional, en la cual ganó la oposición por amplia mayoría. Gorbachov le había notificado al secretario general del partido comunista polaco que “ha llegado la hora de ceder el poder”.
Se había cruzado el Rubicón. El 12 de septiembre se posesionó el primer gobierno no comunista de Polonia y del bloque soviético en Europa, en momentos en que Gorbachov reafirmaba su política exterior al comentar que “no existe ningún modelo de socialismo universal y nadie posee el monopolio de la verdad”.
Ya en enero el Parlamento húngaro había votado a favor de la libertad de reunión y asociación, así como de la creación de partidos y la convocatoria de elecciones abiertas. Y en mayo, Budapest empezó a remover las alambradas y demás obstáculos a lo largo de la frontera con Austria.
Medianoche del 9 de noviembre de 1989, ante el anuncio de la apertura de las fronteras de Europa del este, los berlineses se precipitan alrededor del muro y comienzan su demolición. Al fondo la emblemática puerta de Brandenburgo. Foto: Archivo EL TIEMPO. 
Era el primer boquete físico que se abría en la Cortina de Hierro. A partir del verano, decenas de miles de ciudadanos de Alemania Oriental empezaron a pasar a Hungría, vía Checoslovaquia, con el propósito de intentar llegar a Occidente a través de Austria.
El gobierno húngaro no tardó en permitir dicho paso de manera expedita, a pesar de las protestas de la RDA, con lo cual se dio comienzo a un éxodo que no se veía desde antes de la construcción del muro.
En octubre, paradójicamente en medio de las celebraciones del 40 aniversario de la RDA, 70 mil alemanes orientales se manifestaron en las calles de Leipzig exigiendo libertades y un cambio político de fondo. Gorbachov, quien se encontraba de visita oficial en Berlín, no solo no expresó la mínima intención de acudir en ayuda de sus aliados germanos, sino que, por el contrario, los exhortó a evitar actos represivos contra la población.
En una conversación con miembros de la dirección del partido comunista alemán, el líder soviético advirtió: “De acuerdo con nuestra propia experiencia, con la de Polonia y Hungría, sabemos que si el partido pretende que aquí no sucede nada especial, si el partido no reacciona ante las demandas de la realidad, está condenado a desaparecer”.
El 18 de octubre Erich Honecker, el dirigente ‘esteeuropeo’ más reacio al cambio, fue depuesto por sus colegas que se mostraban dispuestos a ceder ante la presión popular. Pronto las protestas se tornaron multitudinarias, con 300 mil manifestantes en Leipzig y más de medio millón en Berlín.
Además de la frontera austrohúngara, se abrió la de Checoslovaquia, con lo cual el flujo de refugiados alemanes se incrementó hasta convertirse en una marejada humana. Cuando Egon Krenz, el nuevo dirigente de la RDA llamó a Gorbachov en busca de consejo, este respondió que las fronteras debían abrirse “para dejar salir el vapor y así evitar una explosión”.
El 9 de noviembre en la noche, unos gobernantes alemanes orientales desconcertados y desmoralizados dieron por fin vía libre para que los habitantes de Berlín Oriental cruzaran a Occidente por todos los puestos de control a lo largo del Muro.
La caída del Muro supuso el final incruento de 44 años de Guerra Fría, a lo largo de los cuales el mundo estuvo al borde de una confrontación nuclear a causa precisamente de la situación de la capital germana.
Se sentaron las bases de unificación de Alemania y de la desaparición del bloque soviético en Europa y de la misma Unión Soviética, así como de un nuevo orden internacional que tendría a EE. UU. como única superpotencia pero que permitiría el estallido de innumerables conflictos locales y regionales que aún hoy mantienen en jaque la paz mundial.
FRASES
‘No es una solución muy agradable, pero un muro es mil veces mejor que una guerra’. (John F. Kennedy, 1961)
“Alemania no se reunificará en nuestra época, a menos que se vuelva socialista”.
(Nikita Jrushchov, 1963)

CRONOLOGÍA
Foto: Archivo EL TIEMPO.
  • 1961
- Agosto 7 Jrushchov amenaza a E.U. con guerra termonuclear
- Agosto 12 A medianoche el gobierno de Ulbricht ordena la suspensión del servicio de trenes entre los dos sectores de Berlín.
- Agosto 13 En la madrugada se inicia la división física de Berlín por parte de Alemania Oriental y la URSS (‘domingo de la alambrada’). Primeros pasos hacia la construcción del muro.
- Agosto 30 El Kremlin anuncia la reanudación de pruebas atómicas en la atmósfera
- Octubre 22-28 Incidente del Checkpoint Charlie entre tanques de E.U. y la URSS
  • 1962
- Agosto 17 Muere, baleado por guardias germanoorientales, el joven Peter Fechter cuando intentaba saltar el muro y pasar a Occidente
  • 1963
-Junio 26 Discurso de Kennedy ante el muro, durante el cual pronuncia su célebre frase “Ich bin ein Berliner” (Yo soy berlinés).
  • 1968
- Enero-agosto Primavera de Praga e intervención militar soviética en Checoslovaquia Se impone la Doctrina Brezhnev.
  • 1969
- Octubre 21 Willy Brandt es elegido canciller de Alemania Federal; emprende su “Ostpolitik” o de acercamiento a la RDA
  • 1971
- Mayo Erich Honecker, uno de los artífices del Muro, sucede a Walter Ulbricht como primer secretario del Partido Socialista Unificado de la RDA.
- Octubre 20 Brandt recibe el Nobel de la Paz
  • 1972
- Diciembre Tratado que normaliza las relaciones entre las dos Alemanias
1978.
- Septiembre Carta de los obispos polacos en contra de la censura
- Octubre 16 Elección del polaco Karol Wojtyla como sumo pontífice
1979.
- Junio 2 Primera visita de Juan Pablo II a Polonia
  • 1980
- Julio Huelgas masivas de obraros polacos
- Agosto Fundación de Solidaridad
  • 1981
- Diciembre Ley marcial en Polonia. El gobierno encarcela a los dirigentes de Solidaridad
  • 1983
- Marzo Ronald Reagan califica a la URSS como “imperio del mal”
- Junio 23 Segunda visita de Juan Pablo II a Polonia
- Octubre Lech Walesa recibe el Nobel de la paz in absentia
  • 1985
- Marzo 11 Gorbachov es elegido secretario general del Partido Comunista de la URSS
- Noviembre 19 Cumbre de Ginebra entre Gorbachov y Reagan
  • 1986
- Febrero-marzo En el XXVII Congreso del Partido Comunista Gorbachov declara que la intervención soviética en Afganistán es una “herida sangrante”
- Abril 26 Desastre de Chernobyl
- Diciembre El gobierno soviético libera al disidente Andrei Sajarov
  • 1987
- Junio 12 Ronald Reagan visita Berlín Occidental. Ese mes Gorbachov hace aprobar las leyes de reforma económica conocidas como perestroika.
- Junio 14 Tercera visita de Juan Pablo II a Polonia
- Septiembre Erich Honecker visita la República Federal de Alemania
- Noviembre Gorbachov denuncia las políticas de la era stalinista
- Diciembre 8 E.U. y la URSS firman el Tratado de Fuerzas Nucleares Intermedias, ratificado 5 meses después
  • 1988
- Febrero Gorbachov anuncia la retirada de las tropas soviéticas de Afganistán para comienzos de 1989
- Diciembre 17 Ante la ONU Gorbachov proclama que “la libertad de elección es un principio universal” y sin excepciones
  • 1989
- Febrero Se retiran de Afganistán las últimas tropas soviéticas
- Marzo 3 Budapest informa a Moscú su decisión de retirar todas las defensas y bloqueos de la frontera austrohúngara, que lleva a cabo a partir del 2 de mayo.
- Abril Gorbachov purga a más de un tercio de los miembros del Comité Central del PCUS que se oponen a sus reformas. Legalización de Solidaridad.
- Junio Primera visita de Gorbachov a Alemania Occidental. En Hungría se llevan a cabo las segundas exequias, como héroe nacional, del líder reformista Imre Nagy, ejecutado por la URSS a raíz del levantamiento de 1956. Elecciones legislativas libres en Polonia; derrota del partido de gobierno y triunfo de la oposición
- Julio Fallece János Kádár, líder comunista que gobernó Hungría desde la invasión soviética de 1956
- Septiembre 11 El gobierno de Hungría permite que decenas de miles de visitantes alemanes del este abandonen el país con destino a Alemania Federal.
- Septiembre 12 Se posesiona Tadeusz Mazowiecki como primer mandatario no comunista en Polonia
- Octubre 1° Millares de refugiados alemanes del este salen de Praga hacia Alemania Occidental
- Octubre 7 Gorbachov visita Berlín Oriental con motivo del 40 aniversario de la RDA
- Octubre 9 Masivas manifestaciones de protesta en Leipzig
- Octubre 18 Erich Honecker es depuesto y reemplazado por el reformista Egon Krenz en la dirección de la RDA
- Noviembre 4 Más de medio millón de personas se manifiestan en Berlín Oriental exigiendo reformas democráticas. Checoslovaquia abre sus fronteras con Occidente.
- Noviembre 7 Renuncian el gabinete de Alemania Oriental y el Politburó del partido comunista
- Noviembre 9 Las autoridades de la RDA autorizan a todos los ciudadanos el paso libre, sin requisitos previos, a Occidente. Comienza la demolición del muro.
RECUADROS
BIBLIOGRAFÍA
Beschloss, Michael R. The Crisis Years: Kennedy and Khrushchev 1960-1963, New York, Edward Burlingame Books, 1991.
Buckley Jr., William F. The Fall of the Berlin Wall, Hoboken, N.J., John Wiley & Sons, Inc., 2009. (Kindle).
Dobbs, Michael. Down With Big Brother: The Fall of the Soviet Empire, London, Bloomsbury Paperbacks, 2013. (Kindle).
Isaacs, Jeremy and Taylor Downing. Cold War: An Illustrated History, 1945-1991. Companion to the CNN TV Series,
New York, Little, Brown and Company, 1998.
Judt, Tony. Postwar. A History of Europe Since 1945, New York, Penguin Books, 2005. (Kindle).
Mazower, Mark. Dark Continent: Europe’s Twentieth Century, New York, Vintage Books, 1988, (Kindle).
Savranskaya, Svetlana and Thomas Blanton, eds. A Differente October Revolution: Dismantling the Iron Curtain in
Eastern Europe, The National Security Archive, Electronic Briefing Book No. 290, October 9, 2009.
Sebestyen, Victor. Revolution 1989: The Fall of the Soviet Empire, Phoenix, 2009. (Kindle).
Taylor, Frederick. The Berlin Wall: A world Divided 13 August 1961–9 November 1989, New York, Harper Collins e-books, 2009. (Kindle).
The New York Times. The Fall of the Berlin Wall, New York, The New York Times Company, 2013. (Kindle).
Zubok, Vladislav M. A Failed Empire: The Soviet Union in the Cold War from Stalin to Gorbachev, The University of
North Carolina Press, 2007. (Kindle).

Por Gabriel Iriarte Núñez

¿Deberían los adolescentes leer literatura juvenil?

Semidioses malhablados y vampiros imberbes reavivan el debate sobre la calidad de las novelas destinadas a los más jóvenes
 
La oralidad de las llamadas novelas juveniles está matando la creatividad y calidad del relato./elpais.com
Los niños siempre han aprendido con los dibujos animados. Ya sea mitología clásica (Seiya peleando en el Tearo Epidauro para hacerse con la armadura de Pegaso en Los caballeros del Zodiaco), anatomía y medicina (los glóbulos blancos con uniforme de policía en La vida es así) o literatura de viajes (Willy Fogg pasando apuros en el Mar de China). Y, sin embargo, el debate sobre si habría que fiscalizar las lecturas infantiles y juveniles con resonancias más elevadas sigue vivo. Muchos de los que se mostraban especialmente estrictos ahora son, precisamente, los que devoraron aquellas series, u otras parecidas.
Neil Gaiman fotografiado en el hotel Covent Garden de Londres / Cordon Press
Si asignáramos un capitán para cada bando en esta discusión, el de los que piensan que cualquier libro es válido mientras que los muchachos lean sería el gurú fantacientífico y escritor superventas Neil Gaiman. Hace un año, defendía en una conferencia en Londres que “no existen los libros malos”. Según él, es un síntoma de esnobismo y de ignorancia sugerir que los tebeos o la literatura Young Adult (tan exitosa en la actualidad; autores como James Patterson han vendido más de 300 millones de ejemplares) son tóxicos para los lectores en ciernes, ya que la ficción es siempre la getaway drug (expresión que se refiere a cómo una adicción menor puede conducir a otras mayores) para forjar lectores adultos omnívoros y solventes. “No les dejéis leer lo que disfrutan (…) y conseguirés una generación convencida de que leer es poco guay y lo peor, una molestia”, afirmó en esa charla el creador de The Sandman.
En el otro lado del ring encontraríamos a Tim Parks, que en un texto publicado en el blog de New York Review of Books afirma que enrolarse en las tropas de los que defienden la postura de: No me importa que la gente lea Crepúsculo porque eso los llevará a leer cosas más elevadas, no tiene sentido. Según él, acostumbrarse demasiado a fórmulas repetitivas o a personajes pobres acentúa la pereza, así que ve improbable que pulir los clásicos o hacer de ellos versiones demasiado abreviadas o actualizadas desemboquen en Proust o a Shakespeare. Propone, en definitiva, que los niños empiecen directamente con Romeo y Julieta.
The Wall Street Journal criticó las Young Adult Novels tildándolas de demasiado sencillas y oscuras
La polémica lleva muchos meses encima de la mesa. The Wall Street Journal criticó las Young Adult Novels, que en realidad casi sostienen el mercado editorial anglosajón, tildándolas, además de demasiado sencillas, de demasiado oscuras (suicidios, autoflagelo, sangre…). Ese argumento es similar al que empuñaban hace años los que culpaban a Marilyn Manson del desenlace de algunos adolescentes atormentados. Una articulista del portal Slate iba más allá y esgrimía que cualquier mayor de edad que leyera esas sagas adolescentes debería sentir vergüenza. Quizás no tenía en cuenta que, aun escritas en teoría para más jóvenes, un 55% de sus lectores tienen más de 18 años. El debate se propagó hacia el resto de cabeceras, desde las más pujantes como Flavorwire hasta las más consolidadas como The New York Times. Los defensores argumentaban que un adulto no puede meterse en la cabeza de un adolescente y, sobre todo, no debe olvidarse de que algún día lo fue.
Si los jóvenes estadounidenses encumbraron en su día a los X-Men o a Spiderman fue, entre otras cosas, porque planteaban que la poca integración se puede deber no a una inferioridad, sino a una tremenda superioridad, no a una tara, sino a un superpoder. Es el caso de Percy Jackson, expulsado de muchos colegios y que, en teoría, padece dislexia y no se puede concentrar. En realidad, lo que le sucede es que es un semidios, hijo de un dios y una mortal. Y las aventuras que le esperan son las propias de su poder y de su árbol genealógico, pero, he aquí la clave, serán explicadas no con el lenguaje de la mitología clásica, sino con el de los jóvenes de este siglo.
Fotograma de la película 'Percy Jackson y el ladrón del rayo' / Cordon Press
La saga de Percy Jackson, editada en España por Salamandra, ha planteado una pista más en el debate. Su creador, Rick Riordan, está en plena gira de promoción de la última entrega de sus recreaciones de la mitologia clásica. La primera entrega, Percy Jackson y los dioses del Olimpo, vendió más de veinte millones de copias en todo el mundo. Sus presentaciones se asemejan más a un concierto de una pop star juvenil que a un acto literario e incluso existe todo un merchandising, atracciones, videojuegos… Los personajes son moteros vigoréxicos que exclaman “Amo este país. El mejor lugar desde Esparta” y los héroes se dan cuenta de que algunos villanos vienen de otro lugar y época porque no conocen el slang de los jóvenes actuales.
El lenguaje demasiado coloquial parece molestar a muchos lectores adultos que consideran que estas historias como demasiado tontorronas o con un estilo demasiado simple
En ese uso del lenguaje reside la polémica alrededor de la saga. Según algunos, la serie de Harry Potter parece la obra de las hermanas Brönte en comparación, así que no cuenta con tantos lectores adultos como los libros de J. K. Rowling. Ese lenguaje demasiado coloquial (y actual) parece molestar a muchos lectores adultos que consideran que, si bien no está mal que los niños se vistan como héroes griegos en lugar de como zombies sin personalidad, juzgan estas historias como demasiado tontorronas o con un estilo demasiado simple.
Y, sin embargo, los muchachos se pirran por ir a campamentos y a talleres temáticos sobre mitología donde asisten ojipláticos a las historias de los cuentacuentos o practican durante horas con la espada emulando a los semidioses antiguos. A veces llueve, según ellos, porque Poseidón lo ha ordenado o truena porque Zeus se ha enfadado.
Ya en los años veinte Ingri y Edgar D’Alaura, dos inmigrantes europeos, escribieron en EE UU muchos libros que reexplicaban mitos clásicos en los años veinte. Eso mismo hace Riordan, aunque algunos insisten en que los suyos perdurarán menos tiempo. Opinan que caerán en la obsolescencia porque emplea cosas tan coyunturales y pasajeras como la página de anuncios clasificados Craigslist o los Iphone. Y, sin embargo, cada escritor suele usar, de forma más o menos alambicada, el lenguaje de su época y si los mitos han resistido el paso de los siglos es precisamente porque cada generación los ha adaptado a sus necesidades. Porque cada persona que los ha explicado, especialmente en el caso de la literatura oral, ha querido ganarse a su audiencia, algo que, sin duda, ha logrado Riordan. Neil Gaiman y los de su bando tienen, como poco, ese argumento de peso.

"Diez negritos" cumple 75 años como referente de misterio

Diez negritos, el libro de la maestra del crimen Agatha Christie y cuyo título en inglés es And then there were none, cumple 75 años como una de las obras referentes de la novela de misterio de la escritora británica
 
Portada original en inglés.
Versión en español de Diez negritos.
La autora de los crímenes, Agatha Christie, la dama negra de la novela de misterio criminal./lainformacion.com

Este es un aniversario alejado de la grandes celebraciones, si bien para este año la editorial "Harper and Collins", que tiene los derechos de la novela, reconoció la transcendencia de la obra con una reedición de la pieza maestra de Christie.
La novela narra la reunión, previa invitación, en la isla "negra" de diez extraños de diferente perfil y procedencia, pero que tienen en común su implicación en la muerte de una persona, y se observa cómo poco a poco mueren o desaparecen por causas desconocidas.
"Diez negritos" se publicó el 6 de noviembre de 1939 por la ya desaparecida editorial británica "Collins Crime Club", que con los años y la evolución del mercado literario se integró en el gigante editorial "Harper and Collins".
Para escribir la novela, Christie buscó inspiración en una canción infantil, muy popular en la época, titulada "Ten little soldiers", que narraba la desaparición progresiva por diferentes causas de diez soldados, hasta no quedar ninguno.
Después de 75 años, el texto -que desde su publicación se convirtió en uno de los principales referentes de la literatura de misterio- ha dado lugar a varias secuelas en el cine y en el teatro, incluso llegó utilizarse para el argumento de un filme soviético.
De hecho, una de las secuelas de "Diez negritos" verá la luz en 2015, año que coincide con el 125 aniversario del nacimiento de la escritora británica, y estará a cargo de la cadena pública británica BBC, que también emitirá una serie de documentales en torno a la figura de la reconocida autora, fallecida en 1976.
La adaptación a televisión de la novela de Christie, la más leída de todas sus obras y una de las más reconocidas en el género del misterio, contará con tres capítulos y está escrita por la guionista británica Sarah Phelps.
El día que cumple tres cuartos de siglo, a parte de la reedición de la obra no se esperan grandes eventos.
Bien es cierto que los lectores más fieles ya festejan durante el resto del año la herencia de Christie y es que varios grupos de encuentro, organizados en torno a internet, realizan reuniones en todo el mundo para leer las obras de la escritora nacida en Torquay, sureste de Inglaterra, el 15 de septiembre de 1890.
Esos encuentros no están formados por grupos numerosos, sino de entre ocho o diez personas, pero por los comentarios que vierten en la red demuestran que disfrutan de cada lectura como si fuese la primera.
Además, dichas citas literarias son una excusa para conocer a otros lectores interesados en la escritura envolvente de una de las maestras del misterio como fue Christie.
Además de 66 obras policiacas, la escritora también publicó seis novelas rosas bajo el seudónimo de Mary Westmacott y 14 historias cortas, al tiempo que tuvo éxito como autora teatral, con obras como "La ratonera" o "Testigo de cargo".
"Diez negritos" todavía ejerce hoy de importante faro en el género de misterio tanto para los lectores más noveles como para los nostálgicos del misterio, amantes del estilo que desarrollaron, además de Christie, autores como Gilbert Keith Chesterton, George Simenon, o remontándose más en el tiempo, Arthur Conan Doyle.
Una fecha señalada la de hoy para arremangarse, abrir la tapa del libro y empezar a pasar y pasar hojas, hasta descubrir el retorcido misterio que ideó Christie por el que uno a uno caen asesinados los diez extraños.