4.11.14

La lucrativa apuesta de JK Rowling para mantener viva la historia de Harry Potter

A través del sitio Pottermore.com, importante fuente de ingresos para la escritora, volvió a publicar un texto derivadode la saga. Ahora, de la villana Dolores Umbridge y otros cinco más como regalo de Halloween
 A más de siete años del lanzamiento del último libro, la escritora JK Rowling mantiene viva la exitosa historia de Harry Potter. /latercera.com

A través de  Pottermore.com, la escritora se ha encargado de publicar nuevos escritos derivados de la saga. Este fin de semana, por ejemplo, fue lanzada una historia centrada en la villana Dolores Umbridge, incluyendo pasajes desconocidos de su ascenso al poder. 
Adicionalmente, y como regalo de Halloween, la escritora publicó otros cinco textos, que incluyen nuevos datos sobre Azkaban y la alcohólica profesora Trelawney. 
La escritora repite la apuesta que hizo en agosto pasado, cuando publicó un cuento basado en la cantante Celestina Warbeck, acompañada de un tema original creado por su equipo. 
Para revista Forbes, el sitio de Rowling es una curiosidad: sin una evidente publicidad exterior, se ha convertido en uno de los e-books con mayores ingresos, donde además se venden productos relacionados a la historia. Y aunque sus libros siguen siendo demandados, Forbes confirma que el sitio es casi la principal fuente de ingresos Rowling.
El sitio, donde los seguidores acceden al contenido iniciando una sesión, es dirigido por Howard Polskin, experto en comunicaciones y medios. 
En junio de 2014, la revista Forbes informó que Rowling logró US$ 14 millones en ganancias en el último año y ocupa el lugar 84 en la lista de las celebridades más poderosas del mundo.

3.11.14

Guadalupe Nettel, Premio Herralde de novela

 La autora mexicana ha sido reconocida por su obra  Después del invierno. Manuel Moyano ha resultado finalista con El imperio de Yegorov
La escritora mexicana Guadalupe Nettel, ganó el Premio Herralde de Novela, con Después del invierno./ Kim Manresa./lavanguardia.com
La mexicana Guadalupe Nettel ha ganado el Premio Herralde de Novela 2014, dotado con 18.000 euros, con la novela Después del invierno presentada con el seudónimo B.Parker y el título 'Spleen', mientras que ha resultado finalista Manuel Moyano con 'El imperio de Yegorov'.
Según ha explicado en rueda de prensa este lunes el editor, Jorge Herralde, en la novela ganadora un hombre y una mujer cuentan la historia de su vida, y se muestran los mecanismos de las relaciones amorosas con estilo incisivo, humorístico y conmovedor.

Claudio es cubano, vive en Nueva York y trabaja en una editorial, mientras que Cecilia es mexicana, vive en París y es estudiante: dos vidas que se cruzarán durante un viaje de él a París, y que se traducirá en una mirada a las circunstancias que les llevaron a gustarse, a quererse y a detestarse de manera inminente. Esta historia de amor forma parte de un relato mayor que abarca un periodo importante de sus existencias, y en las que cada uno sigue su periplo trazando un mapa hecho de encuentros y ausencias, de búsquedas e incertidumbres en busca de un oasis de felicidad.

Guadalupe Nettel (Ciudad de México, 1973) es autora de las novelas El huésped (finalista del Premio Herralde 2005) y sus posteriores y muy celebradas obras Pétalos y otras historias incómodas y la novela El cuerpo en que nací, publicadas en Anagrama. También ha escrito El matrimonio de los peces rojos (Premio Internacional de Narrativa Breve Ribera del Duero). Ha sido traducida a más de diez lenguas. Sus libros han obtenido, además, diversos galardones, como el Premio Nacional de Narrativa Gilberto Owen, el Antonin Artaud y el Ana Seghers.

"Hace mucho que soñaba con el premio Herralde y cuando fui finalista en 2005 ya pensé que era lo máximo a lo que podía aspirar", ha confesado Nettel en la presentación del fallo.

La novela ganadora ya estaba en un estado embrionario cuando fue finalista del Herralde hace nueve años. "Entonces ya preparaba una novela situada en París frente al cementerio de Père Lachaise, pero tardé mucho en gestarla porque yo soy cuentista y esto es lo más parecido a una novela río de lo que yo podría escribir, aunque tenga poco más de 200 páginas", ha explicado Nettel.

Reconoce la autora mexicana que la novela tiene que ver con todo el tiempo que pasó en París, a través de dos narradores, "uno masculino y uno femenino, que van contado su vida hasta que llega un momento en que estas dos vidas se entrecruzan, lo que trastoca sus respectivos destinos".

En sus páginas aborda temas como la muerte, presente desde el inicio, porque la narradora tiene fascinación por los cementerios, o la cuestión de la inmigración, porque uno es cubano y vive en EE.UU. y ella es de Oaxaca y vive en Francia, por lo que "comparten esa sensación de vivir en un país prestado y de no pertenecer al lugar del que se fueron".
Admite que su novela no es luminosa, sino "oscura", y tiene que ver con "el duelo, el luto, esa parte que también es muy cotidiana, pero que no queremos ver".

"Después del invierno" trata la relación entre los dos protagonistas, que la autora define como "un encuentro chispeante de dos neuróticos", que viven "algo de magia efímera".
Nettel asegura que su novela "no es autobiográfica" como "El cuerpo en que nací", pero tiene muchos elementos de los cinco años y medio que pasó en París o los quince que vivió en Francia.

De su vivencia de tres años y medio en Barcelona, de momento solo hay un cuento, "La vida en otro lugar", pero no tiene pensado escribir una novela de esa experiencia, asegura.
Sobre la situación que vive México actualmente, Nettel ha afirmado que es "desastrosa", con "30.000 desaparecidos en ocho años y el hallazgo todos los días de fosas con cadáveres torturados".

Cree Nettel que "después de la Revolución, el mayor período de violencia ha sido el sexenio de Calderón y aún continúa" y sentencia que México se parece "mucho" a lo que ella define como el "infierno".

Por su parte, la obra finalista, 'El imperio de Yegorov', está ambientada en 1967, cuando una atractiva estudiante de antropología contrae una extraña enfermedad en la isla de Papúa Nueva Guinea mientras forma parte de la expedición japonesa que busca a la tribu perdida de los hamulai, y este viaje es el primer eslabón de una imprevisible cadena de acontecimientos. Herralde ha dicho sobre el finalista que es su primera novela, con una trama "laberíntica pero muy bien estructurada", con maestría narrativa y prosa excelente, y narrada a través de cartas, noticias, testamentos y diversa documentación. Se trata de una novela de aventuras y policíaca, thriller político, sátira social y relato de ciencia ficción, como una "ópera rock" teñida de ironía sobre la fugacidad de la existencia humana, y que es una pesadilla distópica.

En su trigésima segunda convocatoria, el jurado ha estado compuesto por Salvador Clotas, Paloma Díaz-Mas, Marcos Giralt Torrente, Vicente Molina Foix y Jorge Herralde, y el certamen había recibido 1.462 originales -el récord de participación en el premio-, de los que se preseleccionaron 39.

México recuerda a los grandes de la literatura en el Día de Muertos

Que las catrinas  se mezclen con los paseantes, que proliferen las decoraciones con calaveras y que las pastelerías atraigan a los clientes con su pan de muerto solo puede significar una cosa, que una vez más, el Día de Muertos ya está aquí
México recuerda a los grandes de la literatura en el Día de Muerto./lainformacion.com
La Ciudad de México se dispone para celebrar la fecha en la que se rinde un homenaje, teñido de color y simbología, a los difuntos; tradicionalmente, el día de hoy se reserva a los niños, mientras que mañana llega el turno de los adultos fallecidos.
El corazón de la capital, el Zócalo, se reviste con su ofrenda monumental, esta vez dedicada a las letras, aunque "la literatura es un homenaje a la vida", según el director artístico de la instalación, César Martínez.
Veinticuatro calaveras gigantes, de tres metros de altura y dispuestas en dos círculos concéntricos, conforman la propuesta ideada por Martínez, una presentación "conceptual, de arte contemporáneo, pero recurriendo a elementos de la cultura popular y de la artesanía", explica a Efe.
Cada una de las calacas del círculo interior corresponden a un escritor, entre los que se encuentran aquellos recientemente fallecidos o que celebran su centenario, como es el caso de Octavio Paz o Julio Cortázar, explica Ramón Espinoza, uno de los artistas plásticos de la Fábrica de Artes y Oficios de Oriente (Faro), encargada de la artesanía.
Todas ellas están hechas a base de una estructura de metal, recubiertas de una "tela de gallinero", forradas de papel de periódico y papel kraft y pintadas a mano.
La calavera del escritor mexicano José Revueltas, negra y con motivos azules y amarillos, mira hacia el Palacio Nacional, recitando desde su interior los versos de poetas como Xavier Villaurrutia.
Muy cerca de ella y orientada en la misma dirección, otra completamente blanca se presenta con la dedicatoria "A la memoria de sus vidas"; un recuerdo, según Martínez, de que en México "la muerte también ha generado un dolor social impresionante".
Mientras, en el lado opuesto de la plancha del Zócalo, se encuentra la del colombiano Gabriel García Márquez, decorada con una gran mariposa monarca; es la que más capta la atención de los visitantes, que se agolpan frente a ella para inmortalizarla con sus cámaras.
Los niños esperan su turno para pintarse la cara como una calavera, y algunos adultos pasean bajo el papel picado de colores que decoran las calles disfrazados de "catrinas", la figura alegórica en forma de esqueleto que evoca a la muerte.
Es solo un aperitivo de lo que se podrá encontrar a los pies del Monumento a la Revolución, donde hoy se intentará batir un récord mundial con la mayor concentración de personas vestidas como este popular personaje.
Los altares, durante estos días, se reparten por cada esquina de la ciudad. A pocos metros del Zócalo capitalino se levanta, en la Casa de la Primera Imprenta de América, una ofrenda dedicada a José Emilio Pacheco.
En sus cuatro escalones reposan unas gafas semejantes a las que el escritor empleaba, así como botellas de tequila y paquetes de cigarrillos, siguiendo el ritual de aportar aquellos productos que el muerto disfrutaba en vida.
Entre las paredes de piedra volcánica del Museo Anahuacalli se rinde homenaje a su fundador, Diego Rivera, a través de un altar tradicional, que viene acompañado por escenas de la vida del artista mexicano: de niño, junto a su segunda mujer, Lupe Marín, y retratando a Dolores Olmedo.
En cada zona de México la disposición de los elementos de las ofrendas varía, aunque en los altares, fruto de la combinación de la tradición prehispánica y española, no pueden faltar elementos como las veladoras, las calaveras, la sal, el agua, el incienso.
Y por supuesto, la flor de cempasúchil, que acorde a la creencia, tiene la cualidad de guiar a los muertos.
Precisamente, el cempasúchil es el eje central de la ofrenda temática que presenta el Museo Panteón de San Fernando, donde sus huéspedes, entre ellos los expresidentes Benito Juárez y Vicente Guerrero, se ven rodeados estos días por el intenso amarillo de estas flores.
"Esta es una fecha para recordar a los familiares difuntos, pero no lamentando, sino dejándolos ir y disfrutar del espacio en el que están", explica a Efe la encargada del área de servicios educativos Museo, Laura Castro.
También se refleja la idea de que "el mexicano juega con la muerte, se hace caricaturas con ella y hay canciones que dicen que la vida no vale nada", añade.
En las artesanías que se venden estos días en los pequeños puestos, las calacas son el motivo omnipresente.
La burla y el juego con la muerte se plasman en los objetos decorativos; ejemplo de ello son las frases humorísticas escritas sobre pequeños huesos, a modo de epitafios. "Imaginen -reza uno de ellos- cómo quedó el otro".

Panorama sobre los escritores colombianos de Nueva York

Los escritores que hoy me ocupan somos todos hijos de un país fértil y hermoso, de geografía, acentos y costumbres tan variadas que nunca deja de sorprendernos cuando nos aventuramos a salir de nuestra región nativa a visitar los múltiples y variopintos senderos de Colombia. Pero en medio de toda esa maravillosa diversidad nos une una historia y unas tradiciones compartidas
La diáspora de escritores colombianos en la fabulosa capital del mundo/delcastilloencantado.blogspot.com

Cuando decidimos irnos y abandonarlo todo, siempre nos llevamos ese manantial memorioso de nuestros años formativos. Y al radicarnos en esta Nueva York maravillosa, demencial, atosigante, bulliciosa, aislante, torrencial y apasionante, descubrimos que aquí, mejor que en ninguna otra parte del mundo, podemos conocer la rica savia que nos alimenta en la disimilitud. Es precisamente en Nueva York en donde confluyen todas las vertientes de nuestra colombianidad para redescubrirnos en la diferencia. No importan cuán disímiles sean nuestros acentos, nuestros platos y costumbres regionales, aquí aprendemos a convivir y a compartir con el mismo regocijo de la infancia.
El grupo de escritores colombianos que viven en Nueva York está alimentado por esa absoluta y alucinante diversidad de nuestra tierra. Estoy seguro que ellos mejor que yo pueden explicar la razón de su partida. Aunque soy amigo de la mayoría de ellos, todo lo que yo diga sería especulación pues lo veo desde el exterior.
Jaime Manrique y Silvio Martínez abandonaron el país en la adolescencia y terminaron el bachillerato en los Estados Unidos. Algunos han vivido más de veinte años en este país como es mi caso particular y el de Manrique, Martínez, Alonso Mejía y el Dr. Vicente Trezza.  Cinco lustros más o menos han vivido en Nueva York los escritores Gabriel Jaime Caro y Berty Barranco y Eduardo Márceles Daconte. Y otros llegaron en 1990 como James Cañón y Ricardo León Peña-Villa. El resto son los que se afincaron en años más recientes, entre ellos Don Gellver De Currea-Lugo, Plinio Garrido y Ben Hur Carmona.
Hay dramaturgos como Carmona, Martínez-Palau, De Currea y yo; son narradores James Cañón, Jaime Manrique, Silvio Martínez, el Dr. Trezza, Eduardo Márceles, Plinio Garrido y yo; y mis colegas poetas son Alonso Mejía, Gabriel Jaime Caro, Berty Barranco, Peña-Villa, Manrique y Don Gellver. Eduardo Márceles es también ensayista y periodista además de narrador. Berty Barranco, Jaime Manrique, Márceles Daconte, Ricardo Peña y Ben Hur Carmona viven en Manhattan y el resto vivimos en Queens. Márceles, Garrido, Barranco, Manrique, Trezza y yo somos oriundos de la costa norte, mientras que Caro, Carmona y Peña son antioqueños, James Cañón es del Tolima, Alonso Mejía es caldense, Silvio Martínez es valluno y De Currea es de Bogotá.
Y si se insiste, se podría agruparnos en generaciones arbitrarias que vayan de los nacidos en los treinta y cuarenta como el Dr. Trezza, Márceles Daconte y Alonso Mejía, los de finales del cuarenta hasta mediados de los cincuenta, como es el caso mío y el de Garrido, Caro, Manrique y Martínez-Palau, mientras que el grupo de aquellos nacidos a finales de los cincuenta hasta finales de los sesenta incluiría a Barranco, De Currea, Peña-Villa y Cañón.
Como puede observarse, el grupo de escritores colombianos que nos ocupa es tan proteico e insujetable como una gota de mercurio en un arroyuelo cristalino. El profesor Jonathan Titler alguna vez trató de reducirlos al esquema de una literatura neo-colombiana por el hecho de ser escrita en Nueva York y por las influencias idiomáticas que esto conlleva. Debido a que las teorías literarias me aburren o me exasperan, sencillamente diré que ante todo somos escritores, que escribimos en español o inglés y que tenemos un pasado histórico común que indefectiblemente nos une a esa patria atomizada, violenta, bella, memorable, nostálgica y terrible que es la Colombia de ayer y de hoy, solidificada en el transcurrir de nuestros recuerdos escritos y tergiversada por nuestra labor de escritores. Recordar no es vivir. Más bien es destruir y reconstruir para comprender nuestro pasado y entendernos mejor.
Berty Barranco nació en Barranquilla en 1.959, se radicó en Nueva York en 1.986 y ese mismo año obtuvo una mención honorífica en el concurso de poesía de la Casa Cultural Dominicana de Nueva York. Una década después, el Consejo Cultural Colombiano (COLCUC) publicó su primer poemario bilingüe Presagio/Omen. En un poema, "Oda a la casa de las delicias", nos trasporta a la Barranquilla de su infancia:

            De noche retorno a la casa
            donde la niñez tenía
            cincuenta anturios,
            un cocodrilo tejiendo
            la nostalgia del río,
            un turpial en huelga
            por la ausencia de mi madre,
            dos perros consumiendo un matrimonio de antaño,
            cinco lagartijas jugando a la lleva
            y veinte gusanos de tierra.

James Cañón nació en 1968 en Ibagué y escribe narrativa en inglés. Cuentos suyos aparecieron antologados en Bésame mucho (Nueva York: Painted Leaf Press, 1999) yVirgin, Guerrillas and Locas (San Francisco: Cleis Press, 1994). Actualmente cursa la maestría en creación literaria en Columbia University y trabaja en una novela sobre un pueblo del Tolima donde todos los hombres han sido asesinados o capturados por la guerrilla. Su título provisional es el Pueblo de la viudas. Cito el  primer párrafo del cuento "The Two Miracles of the Gringos' Virgin" que apareció en Bésame mucho:
My grandmother never goes to bed without drinking a shot of aguardiente and saying her prayers to a small replica of the Statue of Liberty. I've told her many times that it isn't a virgin, just symbol of freedom, but she is stubborn, and a little crazy, too. She insists that the Statue of Liberty is la virgen de los gringos; and that one of these days the gringos' virgin is going to work her two miracles: making my penis disappear and reuniting me with my mother.
Al final de la primera escena de The Devil Is an Ass, el medellinense Ben Hur Carmona pone en boca de Nelson, uno de los personajes de la pieza, lo siguiente:

It was like a great dirty tongue licking. She wanted to be clean. So, flesh warmed flesh, then heated. I tasted, she savored. There were degrees to intimacy. You better know. This was a primitive feeling. Again, her lips coursed down now, a low smoldering fire. Suddenly, like the flash hit of a tree struck by lightning, she arched against me and I was lost...We bombed, we bombed, we bombed. We. The bed had been turned down. Yes, yes. And the phone began to ring, she had talent, she had skills, and the phone rings mostly pleasant, yes. We looked at each other right in the eye. This is the last... Well it wasn't meant to be. I was probably channeling. "Uh-uh," she said or anything. "Kiss me" and she would go out of her mind but... It was over now.

Gabriel Jaime Caro nació en Medellín en 1.950 y reside en Nueva York desde 1.982 donde publica su primer poemario, 21 poemas en 1.983. Luego funda en 1.984 la revista de poesía Realidad aparte y se desempeñó como director hasta este año. En 1.990 publica una antología personal titulada El libro de los seres inútiles. El eco de este ardid es su poemario más reciente. De este último, cito el poema "Abismo de Lila":

            Es fácil detenerse en el Lower East Side,
            y más concretamente en Loisaida, la oveja negra
            de Manhattan, en donde han muerto tantos amigos
            a causa del desenfreno, de vivir la Sodoma con libertad,
            mejor dicho, olvidándose de todos y de sí mismos.
            Todos llegan por el desarraigo
            a la búsqueda de un ser sobrenatural
            (Deus ex machina), que bendiga su nomadismo.

            Desde allí se ven los rascacielos detestables, orgullo del diseño
            y de la fotografía.
            ...Y si me quito los lentes, estoy en otro lugar.
            Sólo también mueve el rateo, la muchedumbre
            del cuarto escénico.
                                                            A Ricardo León Peña

Don Gellver De Currea Lugo nació en 1.960 en Bogotá y vive en Nueva York desde hace cinco años. En 1.997, ocupó el segundo lugar en el primer concurso Poeta en Nueva York patrocinado por la revista literaria La Ñ con su libro Alguien cerca de usted acaba de no suicidarse. Algunos de sus poemas se encuentran en la antología Not black and white (1.996) y su pieza en un acto "Spleeping Bag" fue publicada por Ollantay Theater Magazine en el mismo año. De su libro galardonado cito:

            Bienaventurados
            quienes vemos el mundo
            al revés

            De nosotros es
            el reino de los espejos

            Teoría Alternativa
            Desteñir
            el arco iris
            para colorear
            la primavera

            Teoría de la felicidad
            Por el orificio de la manguera rota
            algunas gotas
            logran su libertad

            Tregua sin diálogo 
            Quiero morir
            un poco
            tanto que al resucitar
            no exista
            ni la vida
            ni la muerte
            ni yo.
 Yo nací en Barranquilla en 1.948 y vivo en Nueva York desde 1.976. Mis poemarios son: Reflejos de una máscara (1.986), Proemas en cámara ardiente (1.989), Habitación en la palabra (1.994), Palimpsestos, Doble corona y Usurpaciones y deicidios (1.997). Piezas de teatro: "Castillos de arena", "Allá en el club hay un runrún", Move Meets Metes Move: A Tragic Farce, La pasión y "Una angustia se abre paso entre los huesos". Libro de narrativa corta: Triacas. De Proemas. . . cito "Retorno al sabor":

Retorno al sabor

Los manuscritos rotos, el marco fraccionado cues­tio­nando la verdad de la mentira, el sabor a fresón-con-nata de lo que desdice el decir contorneado de la fresa que saborea la mentira de un batido que reniega el con­torno del sabor, que no lo dice y, sin embargo, explica "La cien" que contradice a Bobby y a Ricardo ― el sabor, las enmiendas de los años sesenta ― la emasculación de los de­cires, de las campanas tocando a tocsin.
No hay que cuestionar el crecimiento de los vellos desenfrenados, absurdos. ¿Acaso? Tal vez habría que re­gresar a Colombia y desmentir doce años de ausencia: "Pre­gúntales a todos si se enteraron". El rey y la cruz re­sucitando del pasado adormecido. Es menester que de­cidamos.
Plinio Garrido nació en Sincé, Sucre en 1.948 y se crió en Barranquilla. Es narrador, dirige un semanario, La palabra, en Queens y colabora con publicaciones de Latinoamérica y los Estados Unidos. Ha publicado Confieso que estoy vivo y Neoironías(narrativa corta) y recientemente la novela La reina. Sus trabajos han aparecido en varias antologías en Colombia y los Estados Unidos. De Confieso que estoy vivo, cito el primer párrafo de "Chernobil a mis pies... cruzando Madison Avenue".

El herraje estructural que enraizaba el bosque de edificios en Madison Avenue ha sido diluido. La onda horadante — mas no la flama del hongo incandescente — ha accedido el último instante en la conciencia de policías y de ladrones adentro y afuera del rascacielos públicos y privados, del siciliano que aspiraba a vivir ¡gratis! en la mansión Grace, del ganador pletórico de gozo y del maldiciente perdedor en Wall Street, de la niña y del viejuco recreando la suave experiencia entre la nieta y el abuelo en Roosevelt Island, de la princesa que sonríe feliz en la revista Vogue y que vino a copular con el valet de parlacréole de su hotel-guarida en el Village, de los jovenzuelos que empezaban a descubrir el amor en un parque de Little Neck.
Jaime Manrique Ardila nació en Barranquilla en 1.949 y vive en los Estados Unidos desde 1.965. Obtuvo el primer premio en el concurso de poesía Eduardo Cote Lamus en 1.975 con Los adoradores de la luna. En 1.978 el Instituto Colombiano de Cultura publica El cadáver de papá, una colección de narrativa corta, una noveleta que da título al libro y traducciones al español de poetas estadounidenses del siglo XX. En 1.983 Clarkson &; Potter publica en inglés una versión corregida y aumentada del Cadáver titulada Colombian Gold. Otras novelas: Latin Moon in Manhattan (St. Martin Press, 1992) yTwilight at the Equator (Faber & Faber, 1997). Mi noche con/My Night With Federico García Lorca (poemas, 1997), Eminent Maricones (memorias, 1999) y Mi cuerpo y otros poemas(Bogotá: Casa Silva, 1999) son sus libros más recientes. Acaba de obtener la beca Guggenheim de narrativa. De Mi cuerpo y otros poemas, cito "Mi cuerpo":

            Mi cuerpo
            que con mis ojos
            abiertos es mi cuerpo
            mi cuerpo que con mis ojos
            cerrados es perfecto.
            Mi cuerpo que cuando lo miran
            tus ojos es tu cuerpo.
            Mi cuerpo que sólo debió haber
            conocido tu cuerpo
            que sólo debió haber amado tu cuerpo.
            Mi cuerpo que malgasté
            en tantos otros cuerpos.
            Mi cuerpo sagrado, mi cuerpo
            maltratado, mi cuerpo desgastado
            y deshecho. Alabado sea el creador
            de todos los cuerpos, de mi alabado,
            aventurado, dichoso cuerpo.
            Mi cuerpo que sólo existe
            para tu cuerpo
            que ya no es mío
            pues ahora es tu cuerpo.
            Toma mi cuerpo, te regalo mi cuerpo
            bendice con el calor de tus manos mi cuerpo.
            Penetra mi cuerpo
            devora mi cuerpo
            este cuerpo desdichado,
            solitario y sediento
            mi cuerpo aúlla por tu cuerpo
            cuerpo sagrado cuerpo de estiércol
            cuerpo que sufrió ser mi cuerpo
            cuerpo que gozó
            tantos cuerpos ahora yertos
            tanta tristeza de tantos cuerpos
            tantas horas de recuerdos
            me ha regalado mi cuerpo
            tantas delicias que me proporcionaron
            miles de cuerpos
            ese regalo sagrado que nos hace sólo el cuerpo.
            Este poema es un regalo
            de tu cuerpo y mi cuerpo.

Eduardo Márceles Daconte nació en Aracataca (Magdalena) en 1.942,  se crió en Barranquilla y vive en Nueva York desde 1.989. Su libro de narrativa corta Los perros de Benarés y otros relatos peregrinos fue publicado por la Oveja Negra en 1.985 en Bogotá. Obtuvo el primer premio de narrativa erótica en el concurso de la revista Plexus de Barranquilla en 1.999. Es subdirector de El Puente Latino y ha publicado varios libros de ensayos. Antólogo de los narradores y poetas colombianos de los Estados Unidos de la serie publicada por el Ministerio de Cultura de Colombia. Recientemente obtuvo la beca para investigación cultural del Observatorio del Caribe para finalizar un libro sobre la pictórica costeña colombiana. De la antología que realizó para Brújula/Compass sobre los escritores colombianos en los EE.UU. en el invierno de 1.999 tomo un párrafo de su cuento "La mujer de Broadway":
Camino de prisa hacia el metro con una sensación de angustia y miedo. Las manos están húmedas con un sudor frío y cuando penetro en la penumbra de la estación, me siento un tanto reconfortado por mi decisión. No me arrepiento de haber rechazado la oferta, aunque una sonrisa interior me dice que, con tantas estrecheces económicas, esos dos mil dólares hubieran sido utilizados para sostenerme mientras termino la novela que se encuentra detenida entre dos estaciones.

Silvio Martínez-Palau nació en Buenaventura en 1.954, se crió en Cali y vive en los Estados Unidos desde 1.968. Su libro de narrativa corta Made in USA: Estudio de naturalezas muertas fue publicado por Publicaciones del Norte de New Hampshire en 1.986. Su pieza teatral The English-Only Restaurant fue montada por el Teatro Rodante Puertorriqueño en 1.990. Actualmente escribe varios guiones cinematográficos y televisivos. De The English-Only Restaurant:

Second Act, Scene 2

Enters JOHNNY GARCÍA. He is the stereotype of the Hispanic pimp: White suit, jeweled hands, mustache, fedora hat. He is dripping water from the rain. He stands at the threshold then dashes to a stool at the bar.

HENRY: (when he finally catches up with him, sighing) Good afternoon, gentleman, welcome to English Only.

JOHNNY: (turning to look at Henry, amused at Henry's thick accent and solemn demeanor) Tráete un café. ¿Tienes Ron Caña? Dame uno también. (While Henry goes away with the order, after saying "excuse me," JOHNNY goes to the public pone to make a call) Yo'. It's me. How things? … ¡Coño! I told you: that guy don't know what he's doing. Pero mira: that's the best thing that could've happened. Lo mejor. ¿Qué dijo María? Ha, ha, ha! Oye, yo voy pa'llá en un momento. Oh, and tell that guy not to forget it's Thursday at six. I don't wanna hear of any mixed ups again…I'll be there later. (He hangs up)

MR. MARTÍNEZ: (advised by HENRY of JOHNNY's Spanish speaking. When JOHNNY has sat back at the bar) Good afternoon, sir. Let me introduce myself: my name is Tony Martinezz and this is my restaurant, English Only. Let me first congratulate you on your impeccable American accent; it is delicious to hear Hispanics talking English so well. But, tell me if I'm wrong: it is my impression that I have not the pleasure of looking at you here in my respectful restaurant before…

JOHNNY GARCÍA: Say what? Look, jerk: I am trying to have a moment with myself! What are you talking about, American accent? I already ordered something, don't bug me now. (Looking straight at MARTINEZZ's startled face) Just beat it, huh? (MR.MARTINEZZ beats it and JOHNNY quietly beings nursing the coffee HENRY has just brought) I don't believe it! What's that sucker talking about, American accent! (He hisses)

            Alonso Mejía nació en Neira (Caldas) en 1.943 y reside en Nueva York desde 1.970. Su poemario Armadura de silencio fue publicado en 1.990 por la Editorial Moira. Co-director de la revista de poesía Realidad aparte en su segunda vida (1.993-2.000). De su poemario cito lo siguiente:

El mundo desaparecido:
entre el camino que adiviné
hasta ahora  el caos que es
como un destino vi destellos del mar
prendidos de los árboles
fugas de arrebatos caminando al sol
locomotoras girando en torno del poeta.
Hoy en tus rondas de pájaro invernal
que contempla el alba cálida
con la desconfianza de un muro
en medio del desierto
presenciarás un orden atávico
que habrás de confundir con mis visiones.
Pobre de mí por no decir pobre de ti.

Ricardo León Peña-Villa nació en Medellín en 1.962 y está radicado en Nueva York desde 1.990. Ha publicado los siguientes poemarios: La poesía como recurso a la soledad en Nueva York (1.992), Edge of Twilight (1.993), Tigre de Aries (1.993) y Treintaitrés. Se desempeña como periodista cultural para el diario/LA PRENSA de Nueva York. La Asociación de periódicos en español le acaba de otorgar una mención en la categoría de "Mejor crónica de éxito". De Treintaitrés tomo "Alumno avezado":

            El hombre hizo un gesto
            no modula palabra
            mientras el aire
            forma la historia.

            Marceau orgulloso
            exhibe sus dientes
            blancos de mimo,
            para aplaudir a su alumno.

El médico pediatra Vicente Trezza nació en Barranquilla en 1.932 y es autor deExaltación (poesía), La misma tierra (narrativa, 1.979) y Bajo el poder de Poncio Pilato(novela, 1.993). De esta última cito el párrafo siguiente:

Una terrible pestilencia apareció después que la descomposición y la podredumbre cubrió toda la comarca destruida por la erupción volcánica. El Emperador Tito, que reinaba entonces, como siempre bueno, solícito y bondadoso, se apresuró a ayudar personalmente a las víctimas del sismo. Y en una de sus salidas a los campos insalubres contrajo el miasma de la peste y, a los pocos días, murió calcinado por la fiebre, en los idus de septiembre y a los cuarenta y un años de edad, en la misma casa de campo de Reate, en el país de los sabinos, donde había muerto su padre, el Emperador Vespasiano.
De esto modo, pues, termina mi recorrido panorámico por la literatura de colombianos radicados en Nueva York. De la Barranquilla de los años sesenta a la Roma de hace dos mil años, los intereses y estilos de esta diáspora son tan inclasificables como los destinos desconocidos que nos aguardan a cada uno de nosotros. Los senderos infinitamente bifurcables de nuestras alternativas y obras producidas sólo serán definitivas con el sello que les brinde la muerte, nuestra eterna amante y compañera. Mientras llega, que la labor de todos sea fructífera y duradera.

© 2000, 2014 Miguel Falquez-Certain

El caso Sherlock Holmes sigue abierto

Una exposición en Londres revela la inagotable fascinación por el detective creado por Arthur Conan Doyle
Una vitrina de la exposición de Londres dedicada a Sherlock Holmes. / Museum of London./elpais.com

Sherlock Holmes es el personaje ficticio más real que existe. El banco que estuvo ubicado durante años en el 221B de Baker Street –la dirección en la que Arthur Conan Doyle situó el domicilio del detective y de su compañero Watson– empleó durante décadas a una persona para contestar el correo que llegaba a nombre de Holmes. Lo curioso es que la dirección, en la época en que se publicaron sus aventuras, no existía porque la calle era entonces más corta. Pero, ¿qué importa? El título de la primera exposición dedicada a Holmes en la capital británica en más de 60 años, que ofrecerá el Museo de Londres hasta el 12 de abril, no puede ser más significativo: “El hombre que nunca vivió pero que nunca morirá”.
“Creado en un momento en que la vida moderna estaba convirtiéndose en más compleja y acelerada, Sherlock Holmes fue presentado como la persona que podía darle sentido a todo esto”, asegura el catálogo de la muestra, que juega con una mezcla constante entre la realidad y la ficción. La exposición ofrece desde un monet y un turner hasta un manuscrito de Los crímenes de la calle Morgue, la novela con la que arranca el género de detectives y a la que Arthur Conan Doyle (Edimburgo, 1859 – Crowborough, 1930) homenajea en la primera aventura de Holmes, publicada en 1887. Se pueden ver muchas ilustraciones originales de Sidney Paget, que creó la imagen de Holmes con su pipa y su batín que ha llegado hasta nosotros, y la única entrevista filmada con el autor, en 1927, en la que explica que se inspiró en el médico Joseph Bell, que fue su profesor y que, tras impresionarle con sus deducciones, le dio la idea “de crear un nuevo tipo de detective”.

Ilustración de Paget con la muerte de Sherlock Holmes. / Museum of London
También se expone el abrigo de espiga que Benedict Cumberbatch luce en la serie de la BBC, que en 2015 estrenará una cuarta temporada, además de un pedazo de papel manuscrito que el comisario de la muestra, Alex Werner, ha definido como “el sancta santorum de los sherlockianos”: en él Conan Doyle tomó las primeras notas de lo que luego sería la primera novela de Holmes, Estudio en Escarlata. Londres también ocupa un papel muy importante en la muestra porque es imposible desligar la ciudad de las aventuras de Holmes y Watson. Otra cosa que cuenta Conan Doyle en la entrevista es que los dos primeros libros, el citado y El signo de los cuatro, pasaron casi inadvertidos y sólo alcanzaron un éxito monumental cuando empezaron a ser publicados como historias cortas por la revista The Strand, de la que se exhiben unos cuantos incunables en la muestra, una anécdota que dice mucho sobre la influencia que llegó a alcanzar la prensa escrita. “Fue entonces cuando prosperó”, dice el novelista escocés. El eclecticismo de la muestra refleja también las inabarcables lecturas que ofrece el personaje.
Pese al éxito, Conan Doyle tuvo la peregrina idea de matar a su detective en diciembre de 1893, en el relato El problema final. La exposición ofrece tanto el ejemplar original de The Strand con la historia como un turner con las cataratas de Reichenbach de las que Holmes y su archienemigo Moriarty se cayeron y, aparentemente, fallecieron. Las protestas de los lectores fueron tan estruendosas que el narrador tuvo que recuperar al detective, primero en el pasado, con El perro de los Baskerville, que transcurre antes de que fuese engullido por el precipicio, y luego con aventuras posteriores ya que sobrevivió a la caída milagrosamente, lo que resulta desconcertante para un personaje que encarna el triunfo de la lógica. Para tratar de poner orden en todo este lío, la estupenda edición de Jesús Urceloy en Cátedra,Todo Sherlock Holmes, clasifica las historias por el orden en el que ocurren en la ficción y no por el que fueron escritas. La muestra ofrece también un dibujo extraordinario, en el que se ve a Conan Doyle atrapado por su creación, que refleja como condicionó toda su vida como escritor. El último cuento, publicado en 1926, es un relato de espías ambientado al principio de la I Guerra Mundial: el detective se retiró entonces porque quizás sí desapareció cualquier esperanza de un mundo en el que podía imponerse la razón. De hecho, su creador se dedicó al final de su vida al espiritismo y defendió la existencia de seres mágicos del bosque en un célebre caso de falsificación –las hadas de Cottingley–. Había olvidado las enseñanzas de Holmes.
El hombre que nunca vivió pero que nunca morirá refleja la inagotable fascinación por el personaje, que puede medirse tanto por sus incontables adaptaciones cinematográficas –actualmente hay tres en marcha: la serie de la BBC, que traslada a Holmes y Watson al Londres actual; Elementary, que lleva a los personajes a Nueva York, y la franquicia que protagoniza Robert Downey– como por la parafernalia que le rodea, desde la cocaína disuelta al 7% hasta el violín o los gorros de tweed. Algunas piezas provienen de sociedades sherlockianas remotas y otras de coleccionistas insólitos, como Glen Miranker, antiguo jefe técnico de Apple.
El filósofo John Gray resumió con lucidez en un pequeño ensayo escrito para la BBC titulado El inagotable atractivo de Sherlock Holmes los motivos por los que nunca nos podremos librar del detective: “Más allá de algunas reliquias del racionalismo victoriano, la mayoría de nosotros aceptamos que la razón no puede dar un sentido a la vida. Por eso necesitamos mitos y los mitos son contradictorios. Holmes es uno de ellos. Al ser capaz de encontrar orden en el caos utilizando sólo métodos racionales, demuestra el permanente poder de la magia. ¿Seremos capaces de ser razonables sin esperar demasiado de la razón? ¿Fracasaremos al intentar remodelar el mundo basándonos en principios racionales que en la práctica producen en el caos?”.

Cayendo en el viento

Aunque los rumores indicaran otra cosa, el nuevo libro de Thomas Pynchon no deja de ser una de sus poco ortodoxas novelas históricas, además de su largamente esperada versión sobre los atentados a las Torres Gemelas y las consecuencias político-paranoicas del 11S 
Thomas Pynchon, vuelve a ser invisible, a pesar de su gran literatura./pagina12.com.ar

 
Al límite de Thomas Pynchon./Tusquets Editores

Al límite habla sobre una tecnología informática, que de tan nueva y poco probada podría tener efectos arrasadores sobre la sociedad y, al igual que casi todas las anteriores novelas de Pynchon, traza un mapa sociocientífico donde el concepto de entropía sigue brillando en lo más alto. Como sea, es la nueva entrega del escritor norteamericano que, aun oculto a la manera de Salinger, sigue marcando el ritmo de la narrativa norteamericana.


Cincuenta años luego de la publicación de V. –para muchos el debut literario más trascendente en la historia de los Estados Unidos y el punto exacto de donde brota todo lo que llegaría y sigue llegando de su autor–, Thomas Pynchon vuelve a escribir sobre Manhattan. Es evidente que la ciudad no es la misma de entonces, pero también resulta perfectamente claro que Pynchon (Nueva York, 1937) sigue siendo el mismo, el único, el inconfundible. Bastan tres o cuatro páginas de Al límite –su octava novela– para comprender y disfrutar del que todo continúe en su sitio y que, de nuevo, su Gran Tema vuelvan a ser los inexorables giros del vals de la entropía donde todos los bailarines van cayendo en cámara lenta pero constante.
A saber, para empezar: una descripción tan lírica como clínica del entorno metropolitano mientras una madre lleva a sus hijos a la escuela; enseguida algo muy gracioso (“La escuela recibe el nombre de uno de los primeros psicoanalistas, expulsado del círculo íntimo de Freud debido a una teoría de la recapitulación que había concebido. A él le parecía obvio que la vida humana se desarrollaba recorriendo los variados trastornos mentales tal como se entendían en su época: el solipsismo de la más tierna infancia, las histerias sexuales de la adolescencia y la primera madurez, la paranoia de la mediana edad, la demencia de la última fase de la vida..., todo conduce a la muerte, que al final resulta ser la ‘cordura’”), y luego una inequívoca y categórica afirmación: “La paranoia es el ajo en la cocina de la vida, buena verdad, nunca está de más”.
Para entonces –página 22– ya sabemos que hemos vuelto al mejor sitio posible: a una novela de Thomas Pynchon.
Y como siempre, mientras se sigue esperando su ya tan legendaria como imposible de confirmar a la fecha saga sobre monstruos japoneses, quedaba por saber si Al límite, dentro del paisaje del Pynchon tardío y milenarista (período que arranca con el retorno de Vineland, 1990), luego de más de casi un cuarto de siglo de silencio, sería otro “entretenimiento” profundo e histérico como la anterior Vicio propio (2009), o algo contundente y majestuoso e intimidante e histórico como la previa Contraluz (2006).
Para empezar, Al límite –finalista al National Book Award que ganó James McBride– es otro crepúsculo. Si Contraluz narraba el sinfónico fin del aventurerismo romántico (y los inicios del corporativismo feroz), y Vicio propio las últimas volutas de niebla púrpura del sueño hippie (y la aparición de billetes con el rostro de Richard Nixon, así como del orden por ordenadores vía Arpanet), entonces Al límite se ocupa del primer estallido de la burbuja dot.com. Y combina un poco de los temperamentos de ambas antecesoras, lo mejor de ambos mundos. Una extraña y desaforada mutación de techno-thriller noir intimista haciendo cortocircuito en 2001 durante lo que se considera la “prehistoria” de la informática. Y, a la vez, un artefacto de intenciones clásicas y decimonónicas, proponiéndose como gran novela neoyorquina y social, descendiendo directamente de Edith Wharton para resultar en algo que podría catalogarse como una versión psicotrópica del realismo de Jonathan Franzen filtrado por la crónica urbana de Tom Wolfe y Pete Hamill, con destellos cromados de los psycho-cataclísmicos William Gibson y Don DeLillo y Bret Easton Ellis.
En este sentido, Thomas Pynchon es en las letras el perfecto equivalente de Bob Dylan –otro polimorfo y perverso influenciado/influenciador septuagenario por siempre joven y Nobel postergado– en los versos y música: clásico y moderno y atemporal y eterno. Y por encima de todos y de todo. El autor cantarín Pynchon –como el cantautor– no es de fácil disfrute para todos, resulta un gusto adquirido, y su tempo y fraseo y sintaxis y piruetas verbales y dobles sentidos son únicos. Y sus tramas son su estilo. Pynchon empieza y termina en sí mismo y –fallecidos Vonnegut y Updike y retirado Roth– es, seguro, el gran estilista que le queda en actividad a su camada. Pynchon es también, y sigue siendo, un escritor en todo el sentido de las palabras. Hay que leer a Pynchon –hay que aprender a leerlo a este hombre invisible pero omnipresente– para saber de qué se trata. Bleeding Edge –título original de Al límite–, en jerga científica y según Wikipedia, se refiere a “la tecnología que es tan novedosa que podría tener un gran riesgo de ser poco fiable y se puede incurrir en un gran costo al intentar usarla”. Pynchon lleva muchos años programando pero, aunque confiable para sus seguidores y best-seller de culto, sigue siendo producto arriesgado para las masas. De ahí que es poco probable –aunque en más de un tramo recuerde a sitcoms como Seinfeld– que la HBO se arriesgue a adaptar Al límite con formato de miniserie. Y, de hacerlo, no saldría bien. Y está bien –muy bien– que así sea.
Lean y no vean entonces: aquí, en los papeles y el papel, la madre treintañera y flamante divorciada que lleva a sus hijos a la Otto Kugelblitz School en el Upper East Side, primavera del 2001, es una tal Maxine Tarnow. Versión hembra y doméstica y Costa Este del granlebowskiano y deshecho en California Doc Sportello de Vicio propio y suerte de investigadora/ contadora de delitos y fraudes que ha perdido su licencia para ejercer (pero no para portar Beretta y arriesgarse a un strip-tease), quien pronto se verá involucrada en una trama digna de los Hermanos Marx. Alucinación real donde –esto es Pynchon– no faltarán los nombres extraños (aquí potenciados por siglas de empresas demenciales y cyberpunk), los turbios gatsby-magnates informáticos dignos de una de James Bond (ah, llamarse Gabriel Ice), las conexiones islámicas y las sombras de la Mossad, un inversor llamado Bernard L. Madoff, un fetichista de los pies, biopics falseadoras, ominosos agentes gubernamentales, transferencias vía hawala, rusos amenazantes, leyendas urbanas, cruceros para personas con problemas de personalidad, perfumes misteriosos, los abismos virtuales de Silicon Valley (con Silicon Alley como su contraparte neoyorquina), codiciadas cintas de video, psicoanalistas zen-surfers, algo llamado muy à la Ludlum El Proyecto Montauk (“El Proyecto Montauk condensa las sospechas más escalofriantes que uno haya podido albergar desde la Segunda Guerra Mundial, todos los elementos de una producción paranoica: una inmensa instalación subterránea, armas exóticas, alienígenas del espacio, viajes en el tiempo, otras dimensiones, ¿hace falta que siga?”), “ciberelfos” y “ciberflâneurs” babélicos (y la World Wide Web como “un Mardi Gras de paranoicos y trolls, un pandemonio de comentarios que no habría tiempo de leerse en lo que le queda de vida al universo”), las infaltables y marca de la casa cancioncillas locas y buenísimos chistes malísimos, y pasillos bajo tierra en los que tanto aprendió Haruki Murakami. También hay por ahí un personaje obsesionado con Hitler y “Nariz Forense” dotado de sentido del olfato anticipatorio que no deja de oler futuros grandes fuegos en la ciudad.
Y –Bleeding Edge puede remitir también a los bordes de una herida abierta– llegamos al martes 11 de septiembre de 2001 y a la caída de las Torres Gemelas.
Y a partir de entonces –faltando una cuarta parte para el final– todo se nubla y oscurece. Y un blogger denuncia con cadencia aluvional de “It’s Allright, Ma (I’m Only Bleeding)”: “Decir simplemente que lo hicieron los islámicos es una explicación peor que fácil, y lo sabemos. Vemos esos primeros planos oficiales en la pantalla. La mirada de mentiroso taimado, el destello en los ojos del que ha seguido los doce pasos. Un vistazo a esas caras y sabemos que son culpables del peor de los crímenes que podamos concebir. Pero ¿quién tiene prisa por concebir nada?, ¿por establecer la espantosa relación? No más prisa que la que tenían los alemanes en 1933, cuando los nazis incendiaron el Reichstag un mes después de que Hitler ocupara la cancillería. Esto, que quede claro, no supone en absoluto insinuar que Bush y su gente han perdido la cabeza y han montado los sucesos del 11 de septiembre. Habría que tener una mente irremediablemente enferma de paranoia, más aún, habría que ser un pirado desquiciadamente antiamericano, para que se te pasara siquiera por la cabeza la posibilidad de que ese espantoso día haya podido ser organizado deliberadamente como pretexto para imponer una interminable ‘guerra’ orwelliana y la legislación de emergencia con la que pronto viviremos. No, ni lo penséis, líbreme Dios. Pero siempre queda lo otro. Nuestro anhelo. Nuestra profunda necesidad de que sea verdad. En alguna parte, en algún vergonzoso y oscuro recoveco de nuestra alma nacional, necesitamos sentirnos traicionados, incluso culpables. Como si fuéramos nosotros los que creamos a Bush y a su pandilla, Cheney, Rove, Rumsfeld, Feith y los demás, nosotros, que invocamos el sagrado relámpago de la ‘democracia’, y entonces la mayoría fascista del Tribunal Supremo accionó los interruptores, y Bush se levantó de la mesa de operaciones y empezó su salvaje desvarío. Y lo que pasara desde entonces sea culpa nuestra”.
Y Ernie, padre de Maxine, anticipa lo que no demorará en aterrizar luego de que esos aviones se estrellaron: “Llámalo libertad, pero está basada en el control. Todo el mundo conectado y todos juntos, ya es imposible que nadie se pierda, jamás. Da el paso siguiente, conéctala a los teléfonos móviles, y tienes una red de vigilancia total, ineludible, de la que nadie puede escapar. ¿Te acuerdas de los comics del Daily News?, ¿la radio de muñeca de Dick Tracy?, pues estará por todas partes, todos los patanes llevarán una, serán las esposas del futuro. Tremendo. El sueño del Pentágono: la ley marcial universal”.
Y resuena la trompeta muda y apocalíptica del Trystero.
Y el aire con olor a quemado se llena de fantasmas y de papeles –desaparece la ciudad que siempre amó Maxine y, seguro, su genial creador– y casi todo queda en el aire, en el aire pynchoniano o en ese dylanita “demasiado de nada” que es Internet, donde todo se precipita sin nunca tocar fondo, y donde abundan las preguntas.
Las respuestas, mi amigo, están cayendo en el viento.

El hombre  (in) visible

La noticia incierta o rumor probado de una inminente nueva novela de Thomas Ruggles Pynchon Jr. (alguna vez alumno de Vladimir Nabokov en Cornell University, por más que el ruso haya manifestado en más de una ocasión no guardar memoria alguna de él; Vera, en cambio, aseguró recordar su particular caligrafía) no sólo vuelve a poner a este escritor tan fantasmal como sólido en boca y ojo de todos, sino que, además, se convierte en la excusa perfecta para discutir o alabar una obra rara e irrepetible, pero no por eso menos influyente y viva.
Es decir: cada vez que Pynchon (célebre también por su perfil tan secreto como el de Salinger, con la diferencia de que Pynchon nunca llegó a participar de los ritos de la vida literaria aunque siempre haya sido un muy generoso proveedor de prólogos y blurbs) anuncia la salida de un nuevo libro suyo no es que Pynchon vuelva, sino que vuelve a poner de manifiesto su indiscutida permanencia. Una solidez invisible que le ha ganado el respeto de la Academia (Harold Bloom lo considera uno de los cuatro grandes de su país junto a DeLillo, McCarthy y Roth) y la adoración de sus fans. Así –rara avis de vistoso plumaje y pico afilado– las alturas de las listas de best-sellers y también, dicen, las puertas cada vez más abiertas pero tan difíciles de franquear del Nobel.
El influjo de Pynchon se las ha arreglado para sentirse en discípulos próximos y directos como Don DeLillo y Salman Rushdie (quien una vez cenó con él y lo describió como “extremadamente pynchonesco; él era el Pynchon que yo siempre deseé que fuese”) y buena parte de los –durante los años setenta– llamados “superficcionalistas” y más tarde “posmodernos”, entre los que se contaron Gass, Barth, Barthelme, Gaddis. Pero también Pynchon ha irradiado a fondo a quienes hoy por hoy ya han tomado el relevo. Pensar en David Foster Wallace, Donald Antrim, Ben Marcus, Jonathan Lethem, Neal Stephenson, George Saunders, Richard Powers, William T. Vollmann, David Mitchell, Steve Erickson, Rick Moody y siguen las firmas.
Al límite –cabía esperarlo– no es esa novela sobre la vida y amores de Sofía Kovalevskaya o aquella otra con Godzilla de protagonista que en ocasiones se rumorearon como inminentes. Pero sí es, a su manera, otra novela histórica poco ortodoxa –y desde ya la más atípica entre las muchas composiciones tema 9/11– como lo fueron en su momento El arco iris de gravedad (1973, ganadora del National Book Award pero considerada “ilegible” por los jurados del Pulitzer, entre los que se contaba un despectivo Truman Capote) y Mason y Dixon (1997) y Contraluz (2006), esa especie de toma del History Channel por criaturas lovecraftianas. Una cosa es más o menos segura: no importa el tema –como V (1963), La subasta del lote 49 (1969) o Vineland (1990) o Vicio propio (2009) o sus relatos juveniles reunidos en Un lento aprendizaje (1984)–, está surcada por corrientes de entropía pop-paranoica y conjeturas sociocientíficas entrando y saliendo de personajes poseídos por su singular y muy reconocible visión de las cosas. Seres que no podrían vivir en las novelas de ningún otro. Y que por eso, felices a lo largo de sus páginas, suelen ponerse a cantar en los momentos menos pensados alegres y complejas canciones cuyas letras podrían ser fórmulas de una ciencia inexacta pero precisa –el crítico James Wood la bautizó como “realismo histérico”– que sólo él conoce y maneja y escribe y acaso escenifica desde las sombras.
Pynchon –como ese otro genio irrepetible que fue Kurt Vonnegut– juega con sus propias cartas marcadas al solitario pero está en todas partes desde hace ya mucho tiempo. Cuando se trató de ir a recoger el Premio Nacional de Literatura por El arco iris de gravedad, Pynchon (amparándose en que nadie conocía su rostro, del que sólo circulan un par de fotos adolescentes) envió a un stand up comedian para que se hiciera pasar por él. Promediando la absurda ceremonia, un nudista cruzó el escenario. Años después, alguien aseguraría que Pynchon era el Unabomber. O Salinger. Varias veces se lo ha avistado y se le han adjudicado –bajo seudónimo– páginas de escritores suicidas. Lejos de todo, invitado a todas partes, Pynchon prefirió en su momento aparecer y poner su voz en un par de episodios de Los Simpson.
Así en su vida como en sus libros.

Avellaneda no era manco

El negativo apócrifo y malvado del Quijote  merece, por fin, atención literaria, más allá del interés detectivesco por conocer su autor. La RAE hace los honores
Ilustraciones: Augusto Banegas./elmundo.es

Cuenta Astrana Marín en su monumental biografía de Cervantes que, una vez concluido el Viaje del Parnaso, pudo Cervantes continuar con la Segunda parte del Quijote. Y que cuando iba por el capítulo LIX, "se estaría ya en el mes de octubre de 1614". Y que por esas fechas "difundíase por Madrid" un libro que sería determinante para la historia de la novela de Cervantes, un 'Quijote' apócrifo cuyo autor se escondía bajo el seudónimo de Alonso Fernández de Avellaneda, natural de la Villa de Tordesillas. 400 años después, y decenas de investigaciones mediante, nadie ha sido capaz de asegurar quién fue el verdadero autor de una obra escrita para atacar al propio Cervantes y aprovecharse de la fama de su obra.

Fue tal la cólera de don Miguel que, a partir de ese capítulo arremeterá obsesivamente contra el 'Quijote' "falso" de un "tal vecino de Tordesillas" a cuyo libro «su San Marín se le llegará, como a cada puerco".

Con motivo de este aniversario se están preparando dos obras de muy diversa naturaleza que vienen a llenar un vacío bibliográfico en torno al Quijote de Avellaneda. La primera, académica y avalada por la RAE, pretende convertirse en el texto crítico canónico de un libro al que se le ha dedicado poca atención más allá de la curiosidad morbosa por encontrar a su verdadero autor. Sin embargo, la cuestión va mucho más allá.

Para Luis Gómez Canseco, responsable de la edición, "por más que cueste admitirlo, Cervantes leyó y utilizó en beneficio propio textos, personajes, estructuras narrativas y temas del 'Quijote' apócrifo. Los estudios más recientes se inclinan por la idea de que Cervantes afrontó una revisión de su segunda parte inmediatamente después de la lectura de Avellaneda, que aporta una perspectiva radicalmente importante para la comprensión global de la segunda parte del 'Quijote'. Es un ejemplo de la inteligencia literaria maravillosa de Cervantes, que coge el material del enemigo y lo rehace, y no sólo para desmontar lo que dice Avellaneda, sino para construir su novela de una manera tan extraordinaria que cambia la historia de la literatura".

¿Y el autor?: "Quién sea el autor es importante, hay que buscarlo, pero en realidad sólo se dan palos de ciego. Avellaneda elogia tanto a Lope de Vega, que quien fuera tenía que estar cerca de él. Además, teniendo en cuenta cómo trabajaba Lope y la gente que le hacía trabajos sucios... Éste, desde luego, fue un trabajo sucio tan bien hecho que aún no sabemos quién lo hizo. A mí me parece verosímil que Cervantes supiera la identidad del autor, porque parece un libro pensado en esos ambientes del mundo madrileño de las letras donde él se movía, pero estamos siempre en las conjeturas, que es uno de los problemas que ha habido en torno a Avellaneda. Todo el mundo ha jugado con la curiosidad y lo divertido de buscar quién es olvidándose del propio texto y de la historia que lo rodea, incluso materialmente. En esta edición hemos acotado bastante el proceso que siguió el libro, que es importante para saber el impacto real que tuvo, el número de ejemplares que se pudieron imprimir y a cuánta gente pudo llegar".


Francisco Rico, el verdadero muñidor de esta edición, que debutará el próximo 19 de noviembre como parte de una nueva colección de anejos a la Biblioteca Clásica de la RAE, afirma que esta nueva edición, "la única seria que se ha hecho sobre el Avellaneda", está completamente rehecha tanto en lo textual como en los contenidos y aporta materiales novedosos sobre el proceso de impresión del libro, porque "si no hay dos impresiones, no digo dos ediciones, una parte del libro se compuso tipográficamente dos veces, y hay que distinguir los ejemplares de la primera y de la segunda composición tipográfica, porque ofrecen diferencias. Por primera vez esto se toma en cuenta".

Una suerte diferente es la que corre la edición que desde hace años prepara el anticuario, librero y editor Pepe Quijada, encallada por la crisis. Quijada, enamorado del 'Avellaneda' desde que leyó los pasajes de la descripción de la ciudad complutense en el capítulo XXVIII, ha empeñado mucho tiempo y dinero en en la confección de una obra en dos grandes volúmenes que le habría gustado editar para celebrar el aniversario del "Quijote más alcalaíno". Desde 2007, y a lo largo de varios años, el amanuense Ángel Cabrera elaboró un manuscrito de la obra en letra cortesana del siglo XV y el pintor Augusto Banegas comenzó la elaboración de un conjunto de láminas para ilustrar el volumen.

Artesano de libros en una época en la que el objeto está siendo desplazado por la pantalla, Quijada, por cuyas manos expertas de librero han pasado las más valiosas ediciones del Quijote, así como la extensa obra de la imprenta en Alcalá, incluida una Biblia Políglota Complutense, se extraña de la poca atención bibliográfica que ha tenido el 'Avellanada' y asegura que seguirá peleando por sacar adelante los dos lujosos volúmenes de su edición.