17.3.12

La cultura y los jóvenes en el desarrollo latinoamericano

La reunión anual del Banco Interamericano incide en el potencial cultural del continente

Los jóvenes músicos de la orquesta Simón Bolívar, en un concierto en Caracas, el pasado febrero. foto:Carlos García Rawlings.fuente:elpais.com

Que en una reunión de banqueros se debata sobre arte puede provocar desconfianza. Pero fue así. La reunión anual del Banco Interamericano de Desarrollo (BID), la entidad de fomento de América Latina, comenzó ayer con una mesa redonda sobre la incidencia positiva de la cultura en el desarrollo socioeconómico de los jóvenes de la región. Es cierto que entre el público en el auditorio Adela Reta, en el edificio de la cadena de radio y televisión Sodre de Uruguay, había más representantes de la sociedad civil y las empresas que de los bancos, pero a fin de cuentas ahí estaban el exbailarín argentino Julio Bocca, el dramaturgo uruguayo Gabriel Calderón y la exministra de Cultura colombiana Paula Moreno abriendo la cita financiera.

"Veo en países latinoamericanos que no hay una proyección a largo plazo", se refirió Bocca a las políticas culturales. "Un deportista, alguien que estudia danza, teatro, pintura, tiene que dejar la educación por lo que sueña", denunció el exbailarín de renombre internacional que ahora dirige el Ballet Nacional Sodre de Uruguay y vive en Montevideo, la ciudad que acoge este año la reunión del BID. "O tienen que dejar lo que sueñan por estudiar. Ahora estamos comenzando a entender que la educación y la cultura van de la mano", añadió Bocca. También opinó que en Uruguay existen grandes artistas y deportistas en una población pequeña, "pero quizá no hay una infraestructura sobre educar para el futuro".

El presidente del BID, el colombiano Luis Alberto Moreno, fue el primero en tomar la palabra. Recordó que Latinoamérica es la segunda región del mundo con más jóvenes. La edad media de los latinoamericanos es de 27 años. "Para reducir la pobreza, hay que invertir en los jóvenes. Hay una gran relación entre el bienestar de los jóvenes y el bienestar económico-social de un país", opinó Moreno, antes de mencionar a 14 latinoamericanos y caribeños de entre 18 y 27 años que "a partir del deporte y la cultura ayudan a prevenir la violencia y a conformar el tejido social". Para el presidente del BID el desarrollo económico es más que puentes, escuelas y sumar unos puntos más al PIB. Es mayor calidad de vida de la gente.

Latinoamérica es la segunda región del mundo con más jóvenes

También el vicepresidente de Uruguay, Danilo Astori, defendió la postura de Luis Moreno. "Hablar de juventud nos lleva a preocuparnos por la educación y por un proyecto nacional que apueste a la excelencia, la ciencia, la tecnología y la cultura". El número dos del Gobierno progresista uruguayo abogó por la cultura "en sentido amplio, en cuanto a cultivar el espíritu y el físico porque eso contribuye con valores de solidaridad, altruismo, respeto y tolerancia al desarrollo de la educación y a la búsqueda de la generación de conocimiento".

Una de los 14 jóvenes premiados por el BID, Anaí Vera, técnica de la nueva Dirección General de Educación Escolar Indígena de Paraguay, relató la experiencia de su país en adaptar los contenidos educativos a las idiosincrasias de los 20 pueblos originarios que coexisten allí. Vera recordó que el 40% de la población indígena de Paraguay es analfabeta y contó que por eso también se ha organizado un plan de alfabetización para jóvenes y adultos. Esta joven bióloga de 26 años defendió el "derecho humano de los indígenas a educarse en su identidad".

A ver si podemos hacerlo

El dramaturgo Gabriel Calderón destacó que en Uruguay se ha dejado el mandato de "esto no se puede hacer" por otro que admite el ensayo y el error, por el "a ver si podemos hacerlo". Este director de teatro y actor de 29 años, autor de obras como Obscena, Mi pequeño mundo porno y El callejón de los ateos, defendió "el camino de los errores y los fracasos" que ahora se permite su país: "Algo que no estaba incluido en nuestros mejores sueños".

El presidente del BID recordó que en los años de crisis latinoamericanos, la cultura quedaba relegada al tercer o cuarto orden de prioridades. Por eso reclamó que en estos tiempos de bonanza económica los Gobiernos la nutran: "Desarrollo no es solo las industrias culturales sino invitar a los jóvenes a que persigan sus sueños".

Su compatriota y exministra de Cultura, Paula Moreno, abogó por que se viera a la cultura como una "necesidad básica". Admitió que es una industria con potencial, pero "también un servicio al cual tiene que tener acceso el ciudadano".

La esencia desnuda de un escritor

No todo el que publica es un artista. Según la autora de esta nota, la naturaleza de la escritura es tan misteriosa que ni sus propios creadores la pueden explicar, aunque algunos la tomen como un oficio o una profesión
¿Existen razones inexplicables en el acto de escribir como un destino según Borges? foto:archivo. fuente:adncultura.com

¿Es un perfume especial, un sello indeleble, un aura, un carozo con características singulares.? ¿Qué es lo que define el alma de un escritor y puede desprenderse a través de la primera línea de un texto literario?

Vivimos épocas en las que cualquier persona puede publicar un libro, lo cual nos parece una de las maravillas de la tecnología y de la posibilidad de comunicar aquello que bulle en nuestras venas y en nuestras cabezas, para compartirlo con otros. Es fantástico asistir a este fenómeno de la masificación del libro, de la aparición de tantas editoriales nuevas que llevan al papel pequeñas tiradas de grandes cantidades de autores. Muchos seguramente nunca soñaron con escribir un libro, y menos que menos, llevarlo a la imprenta y poder hojearlo como el precioso objeto que cada libro es, con ese ineludible orgullo de ser el "dueño" intelectual de ese preciado objeto.

Siempre dije que me alegraba ver que haya cada vez más gente que pueda expresarse a través de la palabra y ver su trabajo o la idea que alguna vez surgió en su mente llevada a la hoja impresa. Y esto, más allá de la temática, del género, de lo comercial o minoritario, de que sea un libro de chimentos o uno de enigmáticos poemas. Es bueno esto porque el libro se va difundiendo así cada vez más como herramienta palpable, cercana, intimista, su existencia va tomando peso y despertando la curiosidad a través de una exhibición cuantiosa y diversificada (desde los estantes de una librería habitual o virtual hasta un hipermercado) cuando hace mucho tiempo ya se presagiaba su ocaso.

Lo que sí me gustaría esbozar aquí -en lo que hace a mi opinión personal, al menos- es que publicar un libro no significa ser un escritor. Muchas veces sucede que los autores de los libros son escritores, pero en la actualidad me parece que son casi más los que editan libros sin serlo.

El viejo dicho de que no se puede morir sin tener un hijo, plantar un árbol y escribir un libro hoy más que nunca se está haciendo realidad. No todos pudimos hacer estas tres cosas, pero los que escribimos libros desde hace muchos, muchísimos años sabemos que la escritura tiene detrás de sí una misteriosa esencia que no termina de dilucidarse, ni siquiera para el propio autor.

Yo recuerdo cuando, por primera vez, en un formulario que dan en los aviones, titubeé muchísimo antes de llenar el casillero de la profesión y finalmente me animé a poner "escritora". Hoy lo anoto ya mecánicamente cada vez que me piden ese dato, pero reconozco que cada vez que lo hago hay algo en mí que se sigue rebelando, como si una voz me siguiera cuestionando a mí misma esa respuesta. ¿Cómo poner a la literatura en "profesión", cuando la mayoría de los escritores se refieren a su trabajo como a un "oficio"? ¿Es una profesión, es un oficio, o no es ninguna de las dos cosas porque es muchísimo más? Y ahí me vuelve a aparecer el dilema shakespeareano de Hamlet, el tema de la "esencia", del núcleo, del "quid" de la cuestión con respecto a esa vocación que es pasión, a esa pasión que es vocación y que no responde a ninguna etiqueta.

Porque uno hasta puede dejar de escribir para siempre y no por eso dejará de ser escritor. En cambio, puede haber personas que publiquen constantemente algún tomo y sin embargo no podrán ser llamados escritores: ¿será que no llevan dentro de su corazón y de su mente esa llama sagrada, será que están impulsados por otro tipo de sueños o ambiciones? No lo sabemos, lo que sí sabemos es que la gente sensible sabe perfectamente bien si alguien es un escritor o si no lo es. Por una cuestión casi -diría yo- intuitiva, perceptiva, las primeras palabras de un libro revelan cuando hay o no un escritor detrás. Y es como si el lector lo oliera. Por eso, en un principio me refería a ese don, oficio, profesión, pasión, vocación -o como se lo quiera llamar- como a un especial perfume, un halo, un algo, un no sé qué, pero que está allí, atrás, desparramando cierta luz desde la palabra, el giro, la sintaxis.

A lo largo de los últimos tiempos traté de anotar pensamientos que los propios escritores han tenido o tienen acerca de sí mismos, y es interesante observar cómo prácticamente todos manifiestan cosas interesantes, pero que no terminan de esclarecer la magnitud y la complejidad del tema.

Flaubert decía, no desprovisto de cierta pomposidad, que "los libros no se hacen como los niños, sino como las pirámides, con un diseño premeditado y añadiendo grandes bloques uno sobre el otro, a fuerza de riñones, tiempo y sudor". Un libro sería una obra monumental, la culminación de arduos proyectos, esfuerzos y búsqueda de trascendencia.

Hemingway creía que de todas las cosas tal y como existen, de todas las cosas que uno sabe y de todo lo que puede saber, se hace algo a través de la invención, "algo que no es una representación sino una cosa totalmente nueva, más real que cualquier otra cosa verdadera y viva, y uno le da vida, y si se hace lo suficientemente bien, se le da inmortalidad". Hemingway se refería al mundo ficcional, claro, y veía en el autor a una especie de Dios creador de un universo más auténtico que el real y, según sus palabras, inmortal también. Entre nosotros, Sabato tenía esa misma idea de que uno escribía "para eternizar algo: un amor, un acto de heroísmo, un éxtasis" (Abaddón, el exterminador).

Para Graham Greene, la escritura era una forma de terapia, así nos lo hizo saber: "A veces me pregunto cómo se las arreglan los que no escriben, los que no componen música o pintan para escapar de la locura, la melancolía, del terror inherente a la condición humana". La literatura, en ese caso, sería un remedio contra la desdicha, ¿pero lo es o lo ha sido realmente? ¡Cuánto sufrimiento se ha visto en la vida de los escritores, tanto que hasta algunos han llegado al suicidio!

Roa Bastos le daba a su tarea un carácter dramático y ciertamente un rol terapéutico a la vocación: "Escribo para evitar que al miedo de la muerte se agregue el miedo a la vida". Recuerdo, a propósito, a Severo Sarduy quien confesaba, sin tapujos, que le temía a todo y que por eso escribía. John Updike tenía, en cambio, una idea mucho más positiva: "La vida es demasiado corta para ser infeliz", expresó una vez.

Marguerite Yourcenar, como gran escritora dedicada sobremanera a transmutar su propia existencia en las novelas históricas, respondió en un reportaje: "Un escritor es aquel que pone en el papel todo acontecimiento que le sucede". En esas palabras también aparece el elemento catártico de la literatura.

Me gusta lo que leí de Carmen Martín Gaite: "La tarea del escritor es una aventura solitaria y conlleva todos los titubeos, incertidumbres y sorpresas propios de cualquier aventura emprendida con entusiasmo". Ella ve lo aventurero en el trabajo de la escritura, lo cual implica, más allá de la soledad, las dudas, la voluntad y el ímpetu, los desafíos que toda aventura implica, los riesgos acoplados a los descubrimientos.

Con su temperamento contestatario, Milan Kundera afirmó que escribía "por el placer de contradecir y por la felicidad de estar solo contra todos". En una línea confesional y, siguiendo el estilo de una seducción que le era propia, Bioy Casares contó que él escribía para que lo quisieran, "en parte para sobornar y en parte para ser víctima de un modo interesante".

Las inseguridades, la timidez y otras flaquezas personales aparecen, pues, detrás de la egocéntrica y ególatra coraza de muchos grandes escritores.

Charlando alguna vez con algunos maestros y colegas, oí esta frase: "Escribo porque no sé hacer otra cosa". Escribir sería algo así como la ignorancia de otros oficios y profesiones, de otros quehaceres, y al mismo tiempo, una necesidad vital, algo sin lo cual no se podría subsistir: lo más parecido a la respiración.

Como vemos, casi nadie sabe explicar bien por qué escribe, pero la mayoría coincide en una suerte de fatalismo, dándole la razón a Borges, que veía en la escritura "un destino". "Creo que ése es el oficio, o si usted quiere, en una palabra más ambiciosa, el destino del escritor, cambiar las cosas", le dijo a Bernard Pivot en el programa televisivo Apostrophes, a fines de los años 70. Eso sí: el escritor quiere cambiar las cosas. Y, con su escritura, intenta hacerlo, más allá de lograr ese mismo objetivo.

Volvemos al comienzo: los escritores no saben muy bien por qué escriben, pero el lector puede reconocer a un verdadero escritor desde la primera línea de un libro. Capta el talento. Es como la letra de ese tango que reza: "Hay un algo que te vende,/ yo no sé si es la mirada,/ la manera de vestirte,/ de charlar o estar parada". Hay un algo que exhala la palabra cuando su autor es una persona que conlleva esa esencia mágica, ese don, esa luz, que probablemente ni le pertenezcan, sino que le han sido dados, para que comunique algo de cierta manera, eficaz y bella, a los demás.

Soy y seré una devoradora de todo tipo de libros: desde las biografías hasta los de poesía, desde los ensayos hasta los de aforismos, desde los libros de filosofías orientales hasta los de autoayuda. A estas alturas, creo que no hay reglas para escribir bien, sino para mejorar lo que ya se trae como legado, apuntalando una buena idea, algo interesante para compartir. En cuanto al estilo, corregir, corregir y corregir.

Buen escritor se es o no se es. No importan ni los años de experiencia, ni las buenas intenciones, ni la trascendencia de una historia. Siempre recuerdo estupendos relatos de García Márquez de vivencias personales minimalistas, donde no pasaba absolutamente nada espectacular (un viaje en avión al lado de una bella muchacha durmiendo, por ejemplo). En sus Lecciones de literatura, Vladimir Nabokov afirma:

El lector inteligente lee el libro genial no tanto con el corazón, no tanto con el cerebro, sino más bien con la espina dorsal. Es ahí donde tiene lugar el estremecimiento revelador, aun cuando al leer debemos mantenernos un poco distantes, un poco despegados. Entonces, observamos, con un placer a la vez sensual e intelectual, cómo el artista construye su castillo de naipes, y cómo ese castillo se va convirtiendo en un castillo de hermoso acero y cristal.

Me parece que Nabokov lo define mejor que nadie. En eso reside la hechicería del escritor, esa magia intrínseca, esa esencia que lo hace escultor de aldeas que se transforman en universos paralelos y deslumbrantes

Publican artículo inédito de Camus censurado en la II Guerra Mundial

Fue encontrado en los Archivos de Ultramar de Aix-en-Provence, donde se recogen las actividades de los censores
Foto de archivo fechada el 30 de noviembre de 1954, del escritor Albert Camus en Milán (Italia). foto: Efe.fuente:lainformacion.com

"Un periodista libre, en 1939, no desespera y lucha por lo que considera verdadero como si su acción pudiera influir en los eventos", escribió Albert Camus en un artículo censurado y publicado hoy por primera vez por el diario "Le Monde".

El texto no vio la luz, como estaba previsto, en "Le Soir Républicain" el 25 de noviembre de 1939, tres meses después del inicio de la II Guerra Mundial y cuando Camus, redactor jefe de aquel rotativo editado en su Argelia natal, no tenía más que 26 años.

Las autoridades francesas de Argelia decidieron censurarlo y el diario, como hacía siempre que cortaban alguno de sus textos, publicó un hueco en blanco en su lugar.

El artículo es un manifiesto de Camus a favor del periodismo libre en tiempos de guerra, una reacción contra la censura decretada en Francia por ley el 27 de agosto.

Fue encontrado en los Archivos de Ultramar de Aix-en-Provence, donde se recogen las actividades de los censores.

En el manifiesto, Camus reivindica lo que para él son "las condiciones y los medios a través de los cuales, en el seno mismo de la guerra y sus servidumbres, la libertad puede ser, no sólo preservada, sino manifestada".

Para lograrlo es necesaria "la lucidez, el rechazo, la ironía y la obstinación", escribe el joven autor, que para entonces ya había publicado "L'Envers et l'Endroit" (1937) y "Noces" (1939).

"La lucidez supone la resistencia a las consecuencias del odio y el culto a la fatalidad", indica el autor de "El extranjero", que invita a conocer "las causas" de la guerra y a no publicar "nada que pueda excitar el odio y provocar desesperanza".

"Un diario independiente da el origen de sus informaciones, ayuda al público a evaluarlas, repudia el relleno de cráneos, suprime las invenciones, palía con comentarios la uniformidad de las informaciones y sirve a la verdad en la medida humana de sus fuerzas", agrega para justificar el rechazo a la mentira.

Camus considera la ironía como "un arma sin precedentes contra los todopoderosos" porque "una verdad expresada en tono dogmático es censurada nueve de cada diez veces", mientras que "la misma verdad dicha humorísticamente, sólo lo es cinco de cada diez".

"Un periodista libre, en 1939, tiene que ser necesariamente irónico, aunque sea para defender su cuerpo. Pero la verdad y la libertad son amantes exigentes porque tienen pocos novios", asegura.

El escritor destaca también la importancia de la obstinación frente a todos los obstáculos que encuentra el periodista.

"La amenazas, las supresiones, las persecuciones, encuentran generalmente en Francia el efecto contrario al que se proponen", asegura el escritor, que considera que "por una paradoja curiosa pero evidente" la obstinación "se pone al servicio de la objetividad y la tolerancia".

Fueron muchos los artículos de Camus que no superaron la censura de una Francia en guerra, tanto en "Le Soir Républicain", prohibido en enero de 1940, como en otros diarios.

Pacifista convencido, Camus quiso enrolarse en el Ejército tras el inicio de la guerra, pero su tuberculosis se lo impidió, por lo que se dedicó al periodismo, primero en "Alger républicain" y más tarde en "Le Soir Républicain", que lanzó el 15 de septiembre de 1939 junto con Pascal Pia.

Un recorrido repasará la vida de César Vallejo en su casa, tras restauración

Esta casa es el escenario de diversos poemas del autor de Los heraldos negros, en los que rememora su infancia
César Vallejo, autor peruano celebrado de Los heraldos negros. foto:archivo.fuente:lainformacion.com

La casa natal del poeta peruano César Vallejo, nacido hoy hace 120 años, ofrecerá un recorrido que mostrará episodios de la vida y obra literaria del célebre autor de "Trilce", tras finalizar en abril próximo las obras de restauración.

Fuentes de la minera Barrick, que financia la obra, informaron hoy a Efe que el inmueble ya servía como museo antes de emprender la restauración, pero se encontraba "en un estado bastante lamentable" y sólo albergaba algunos objetos personales y pasajes de algunos poemas.

La empresa convocará a un concurso cuando finalice la restauración para que historiadores y expertos elaboren un guión que ofrezca al visitante "un circuito lógico", con información más pormenorizada que ayude a comprender la vida y obra literaria de este autor peruano.

La vivienda natal de Vallejo se encuentra en la provincia de Santiago de Chuco, en la región norteña de La Libertad, y en su restauración también colaboran con el Ministerio de Cultura, la municipalidad, el Gobierno regional y el arzobispado.

Esta casa es el escenario de diversos poemas del autor de "Los heraldos negros", en los que rememora su infancia, como el que en 1918 dedicó a su hermano Miguel: "Hermano, hoy estoy en el poyo de la casa,/donde nos haces una falta sin fondo./Me acuerdo que jugábamos esta hora, y que mamá/ nos acariciaba: "Pero, hijos...".

Los trabajos comenzaron el año pasado y durante la primera etapa se restauró la infraestructura del inmueble, que se encontraba deteriorado por el paso del tiempo, el abandono y las constantes lluvias.

Una de las premisas fue respetar las características originales de la construcción, que exigió emplear materiales de la zona e incluso de la época en la que César Vallejo vivió en este enclave de la sierra de La Libertad.

Luego, se adecuó el espacio del inmueble con la "instalación de vitrinas, paneles, sistemas de iluminación y señalización, entre otros", para convertirlo en "una atracción turística que brinde un ambiente adecuado a los visitantes", según se informó.

El director de Asuntos Corporativos de Barrick en Perú, Gonzalo Quijandría, destacó que este proyecto "revaloriza a una de las más importantes figuras" de la literatura peruana porque "constituye un legado histórico y cultural de uno de los poetas más grandes para toda la comunidad santiaguina".

Vallejo, el más celebrado poeta peruano, nació el 16 de marzo de 1892 en Santiago de Chuco, de donde se trasladó en su juventud a Trujillo y luego a Lima, para finalmente viajar a París en 1923, donde murió en 1938.

El buscador en Internet Google dedicó hoy un "doodle", una versión especial de su logotipo para conmemorar fechas especiales, al poeta peruano con motivo del 120 aniversario de su nacimiento.

Valenzuela:"“Es muy fácil ser funcional al enemigo”

Con la publicación de Cuidado con el tigre rescató una novela que había escrito hace más de 40 años. Dice que la guardó porque temió ser mal interpretada y que, ahora, no fue ella la que maduró, sino sus lectores y lectoras
La escritora Luisa Valenzuela, coleccionista de máscaras, en el carnaval de Cerdeña acompañada por un par de Boes (Bueyes).foto.fuente:Revista Ñ

Se parece a Perón. Eso opina Luisa Valenzuela de su última adquisición, una máscara de madera que trajo del carnaval de Cerdeña, del que acaba de llegar. Ya le buscará lugar en su colección de máscaras, que asoman de a decenas en las paredes de su estudio. Pero ahora sirve un te y muestra una edición exquisita de su libro ABC de las microfábulas, con ilustraciones de Rufino de Mingo (es de España, aquí salió una versión con dibujos de Lorenzo Amengual). Son ejemplares numerados, firmados, libros para bibliófilos, hechos a mano en tiempos del e-book. El ABC… ilustrado es un lujo en su carrera. En cambio, Cuidado con el tigre, el libro que nos convoca, es para Valenzuela una necesidad. Dice que esta obra le permite cerrar el mapa de su escritura (no le crean, ya está inmersa en un nuevo trabajo). Quizá su afirmación se entienda en el postfacio de este libro demorado, que narra las internas de una incipiente organización izquierdista en tiempos del onganiato. Escribe Valenzuela que postergó su publicación 40 años porque temió ser mal interpretada. Es que allí, sus personajes viven el sueño de la revolución como un juego, en el que sexo, poder y humor, pesan más que política e ideología. A diferencia de otras de sus novelas, como Cola de lagartija, aquí la experiencia militante aparece banalizada, mostrando la cotidianeidad de unos grupos que lanzan consignas altisonantes mientras transitan vidas triviales. Valenzuela dice que se puso a pensar en su obra como en una fruta que fabricó hace muchos años pero que recién ahora maduró para el consumo.

La metáfora de la maduración muestra tu interés por el contexto y el lector a la hora de publicar distanciado del proceso de escritura…

En el momento de escribir no pienso en el lector pienso en la obra en sí, en lo que está sucediendo en sorprenderme a mí misma y en encontrar algo que no ha sido dicho o percibido por mí antes. Después, lo que sentí al haber escrito esa novela es que iba a ser mal interpretada. Entonces creo que la que maduró no fui yo, sino el lector o la lectora. Cambió la posición ante una situación política. Es una novela política y lo que sucede es que ahora se puede leer desde otro lado.

¿A vos también se te puede ver desde otro lado?

No se me pueden reprochar ciertas cosas porque ya hay una carga, unos antecedentes en mi escritura. Estoy entre los pocos escritores y escritoras que durante la dictadura militar escribían contra la dictadura. Eso imposibilita juicios como decir que esto va en contra de la izquierda o de ciertos ideales que yo defendí. En aquel momento yo era crítica de lo que estaba pasando, sólo que no era el momento para decirlo.

¿Tenías miedo de volverte funcional a un grupo que estaba en tus antípodas?

Sí, hubiera sido funcional al enemigo. Es muy fácil ser funcional al enemigo. Sobre todo cuando el enemigo es astuto y sabés que va a aprovechar tus recovecos y dudas para echártelo en cara.

Pero pasó mucho tiempo, intuyo que esperaste un momento en el que te sintieras cómoda…

Es cierto, me siento cómoda.

El libro aparece como un retrato de la banalización de la experiencia política, de la vida política de algunos grupos sesentistas…

Bueno, sí. Es un retrato de la posibilidad de que la experiencia política pueda ser banalizada. Y es un retrato de las ansias de poder, de la política como juego. Frente al peligro inminente, si estos actores no juegan, no hacen maniobras y movimientos de gran valentía.

Esa muestra de cotidianeidad, humanizar la experiencia política a través de lo doméstico, es algo que se ve mucho últimamente. ¿No hay un riesgo de banalizar estas experiencias?

No le tengo miedo a la banalización. Sino creeríamos en los héroes como seres puros. Esta es gente que está viva, que discute sus pasiones, sus amores, sus vidas cotidianas. Es una necesidad muy nuestra la de creer en la pureza impecable de la gente que admiramos. Por suerte nadie es impecable. Tenemos toda clase de dobleces y de trasfondos. Me parece mucho más rico ver las cosas desde todos los ángulos que pensar el ideal. ¿Qué son? ¿Ángeles? ¿Diablos? No.

Lo escribiste siendo joven en un tiempo en el que la juventud estaba atravesada por la Revolución cubana, la muerte del Che, el mayo francés…

Ríe. No digamos cuántos años, pero sí, era un momento histórico en el que se olía que iba a pasar algo. Y de alguna manera me siento orgullosa de haberlo olido.

Cómo ves la relación de las juventudes actuales con esa vida política que lo atravesaba todo…

Mucho más diluida. Pero al mismo tiempo, tengo la sensación de que hay una conciencia más clara, más realista. Aquello funcionaba con un sueño. Ay, parece un título de Tinelli. (risas). Pero si el sueño no te moviliza qué lo va a hacer.

Hoy es difícil que lo haga la ideología, hay una gran confusión…

Es cierto. Pero sí hay una conciencia política. Los argentinos hemos conseguido creer que podemos actuar políticamente con el cuerpo. Poner el cuerpo. 2001 nos enseñó eso. Podemos modificar las cosas, podemos salir y pelearla.

Esa tensión que existe entre estos jóvenes triviales y la solidez ideológica que requiere la empresa que se proponen, o la que existe entre sus consignas altisonantes y su accionar mezquino, refleja tu opinión de lo que se estaba gestando en ese momento.

No necesariamente. Yo pinté a este grupo, pero al mismo tiempo digo que hay otros grupos que actúan seriamente. La novela no deja pasar ese punto. Ahora con el tiempo me doy cuenta de que allí empezó ese cuestionamiento que siempre me he hecho sobre el tema del poder. Me interesa mucho ese juego brutal, mentiroso, manipulador, fantástico. Por eso escribo Cola de lagartija que es la historia secreta de López Rega, escribo Cambio de armas con las torturas de la dictadura. Estoy buscando una comprensión de ese motor infernal que son las ansias locas de poder, de un poder casi mesiánico.

Te reís un poco de esos movimientos, hablás de los Uturuncos, otro grupo fracasado…

Se creían dioses y no eran nada. Yo los veía actuar y me causaban gracia. Pero también me sentía fuera de todos los movimientos más sólidos. Y un poco desamparada. Pero a ese desamparo lo busco, me interesa estar en el margen. Me permite ver las cosas de diversos ángulos, contar secretos, lo que no se dice detrás de las verdades supuestas.

En la novela es evidente que estos jóvenes van a tener problemas para construir ese poder que tanto buscan…

De hecho, desgraciadamente los tuvieron. Ellos y los que estaban mejor armados. Conocí a grupos más sólidos, pero me interesaron estos, que estaban en ese margen.

En lo que no sos irónica es en la utilización del sexo para la construcción del poder…

No es nada irónico. Es algo absolutamente irrevocable. Siempre está, de una manera u otra.

Una de las protagonistas critica varias veces el autoengaño como motor ciego de construcción, ¿es algo que te preocupa?

Fue un motor muy argentino durante muchos años. El autoengaño y la expresión de de deseo. La promesa. Una de las razones que me animó a publicar la novela es que siento que ha cambiado el target de la política. La gente ya no cree las mentiras. El juego es otro, puede que tenga connotaciones perversas, pero no es aquél en el que tiraban zanahorias y la gente avanzaba tras zanahorias improbables.

Por momentos tus personajes se acomodan más al estereotipo de las juventudes de hoy…

Pero estos son unos jóvenes más inconsecuentes, quieren todo ya y sin trabajo, aquellos otros tenían la ambición de cambiar el mundo. Es interesante. Es mucho más interesante tener la ambición de cambiar el mundo que decir bueno, agarro este mundo que está cambiando y lo disfruto. Al mismo tiempo, me parece más sano agarrar este mundo que está cambiando y disfrutarlo que intentar cambiarlo desde una zona poco coherente.

¿Te autoimpusiste ser escritora en algún momento?

No sólo no me lo autoimpuse sino que traté de evitarlo. Porque sabía lo que era. Lo viví mucho porque mi madre era escritora, estaba Borges en casa, Nale Roxlo, Sabato, Mallea, y otros tantos. Me parecían muy interesantes mentalmente, pero su vida me parecía un plomo sideral. Yo quería ser aventurera, ir al Amazonas, qué, me iba a sentar a escribir. No. Yo sigo siendo aventurera.

Después descubrí esa cosa tremenda que la escritura es una aventura. Caí en la trampa. No me lo autoimpuse, caí en la trampa.

¿Y sufriste esa indefinición partidaria que te mantuvo al margen de todo movimiento, siendo que ideológicamente decías tener las cosas claras?

Sufrí en la medida en que recibía los ataques de la derecha y de la izquierda. Pero es mi lugar. Trabajaba con La Nación y Crisis. Estaba con los de Crisis pero me ganaba el pan en La Nación. Pero mi lugar en el mundo es la frontera. Y mi mundo es muy complejo. Tengo mi ideología clara, pero no se la quiero imponer a mi literatura. Trato de dejar que las cosas fluyan y permitirle al lector o la lectora que derive un significado de eso. Pero yo no tengo nada que imponerle porque no lo sé. En eso he sido fiel.

16.3.12

Los Donoso, el novelesco y trágico desenlace de una familia

El suicidio de Pilar Donoso, hija del chileno José Donoso, figura del boom literario de los años 60 y 70, sacudió a Chile y reavivó el debate por las revelaciones de sus diarios privados, que salen este año
El brazo, la mirada y la sonrisa de José Donoso arropan a su hija Pilar, a quien junto a su esposa había adoptado en España.foto.fuente: Revista Ñ

Al norte de Zapallar, el balneario donde aún hoy se ven niñeras con delantal y cofia, hay un cementerio que mira al Pacífico y aloja a pobladores y familias patricias. En tierra, cerca de la famosa Nana que crió al escritor, descansa el trío: José Donoso, su mujer María Pilar Serrano y su joven hija. Pilar Donoso se suicidó en noviembre a los 44 años, cuando tenía ya una nieta, lo que reavivó en Chile los tijeretazos al narrador que integró la constelación del boom latinoamericano. Fue hallada muerta por Natalia, su hija mayor, embarazada.


Las instituciones culturales se condolieron de que la hija del ilustre autor de Casa de campo y El lugar sin límites decidiera no reincidir en nada de lo humano, cuando hacía apenas dos años se había revelado como una memorialista notable.


En 2009 la única hija del matrimonio Donoso, adoptada a los dos años en un orfanato madrileño, publicó Correr el tupido velo. Nunca traída a nuestras librerías, esta crónica, de una honestidad desarmante, se basa en recuerdos y en los diarios que llevaron sus padres. Así, lo que durante décadas se conoció bajo la carátula "papeles privados de Donoso", vendidos por el novelista a las universidades de Iowa y Princeton, en EE.UU., encontrarían un marco oficial, después de que el diario La Tercera editara unos elocuentes fragmentos que revelan la homosexualidad del autor. Hace unos meses los derechos de los cuadernos fueron comprados por Ediciones Universidad Diego Portales (UDP), Santiago, y serán publicados este año.


Por definición un suicidio pone el presente en suspenso: atribuye culpas y un corolario en clave retrospectiva. La semana pasada contactamos a Natalia, la hija mayor de Pilar, pero prefirió no conversar. Una amiga nos acercó su carta enviada a los medios chilenos, reivindicando a su madre. Es que muchos volvieron a las primeras páginas del libro de Pilar, para ver una profecía en un boceto del padre fechado en abril de 1993. Se trata de uno entre decenas de proyectos, una trama a lo Henry James, con ecos de Los papeles de Aspern. Cuenta: "A la muerte de un escritor, su hija recibe una carta de Princeton avisando que tienen cartas y cuadernos de su padre. Ella se extraña, los creía vendidos hace tiempo, y acepta entregarlos a solicitud de un biógrafo, que hará un libro. Por fin esta obra se edita. Y concluye: "Ella adivina lo de su padre con lo que nunca quiso enfrentarse, lo que ha oído murmurar y ha olvidado. No lee el libro. Toma el auto y una pistola para ir a asesinar al autor. El auto choca. Descubren que ella se ha pegado un tiro con el auto a toda velocidad porque no puede soportar lo que sabe. Es el diario de vida que cuenta el reverso de lo que todo el mundo sabe sobre él pero sin jamás nombrar el pecado."


La catedrática Cecilia García Huidobro, estudiosa de la obra de Donoso y decana de la facultad de Comunicación y Letras, quien estará al cuidado de la edición de la UDP, también fue quien editó Correr el tupido velo. Dice de Pilar que "nunca leyó el mencionado esbozo como un mandato ni le adjudicó especial sentido. Ella entraba y salía del tema de la muerte con sentido del humor; era española en su modo de tomar la muerte".
Vayamos más despacio: Donoso era el novelista más literario de su generación. No se trata de una maldición sino de un apunte, con una clásica treta de autor en su negociación con la posteridad: sembró indicios biográficos, una trama con desenlace abierto que podía prestarse a colaborar en su leyenda. En todo caso, puede resultar histérico o perverso: abría y entornaba sus puertitas en juegos de exhibicionismo y pudor.


La cadena de libros públicos y fragmentos no tan privados acaba pareciéndose a ese juego infantil en el que una versión mata otra, en una serie incesante y sin as de triunfo. En 2003, el crítico Marcelo Soto había divulgado los papeles privados de Pepe Donoso en La tercera, en tres tomas de exhaustiva glosa en las que prevalece el foco en la homosexualidad del novelista antes de casarse con la chilena María Pilar Serrano, a quien conoció en Buenos Aires y que fue su esposa desde 1961 hasta su muerte. Un año antes, De zorros, amores y palomas, las memorias de Fernando Balmaceda, ya había develado el secreto. Escribe el amigo: "Miope, anteojudo, pálido, labios delgados que deletreaban un complejo recóndito: Donoso era, me lo dio a entender veladamente por escrito y luego personalmente y con pudor compartido, homosexual".


Los blogs arreciaron, indignados, como si los lectores actuales fueran contemporáneos de los fragmentos reproducidos, anteriores a los años 60, cuando el sexo conservaba su potencial transgresor. El novelista casado venía a depararles una estafa... Para los guardianes de la tradición, lo que habría "suicidado" a Pilar fue este núcleo disfuncional, corroído por la bisexualidad del pater familias.


La mano que corre el velo. En el verano de 2006, en Cachagua, con paciencia y quizás algo de hartazgo ante el majestuoso fantasma, Pilar empieza a leer los sesenta y cuatro tomos de diarios y correspondencia de su padre, desde 1950 hasta 1994. El telón abre así: "… ahora he tenido que hacerme cargo de su vida mucho más que cuando vivía. No puedo liberarme de su cadena opresora. ¿Seré yo también un personaje de sus novelas? La ficción y la realidad vuelven a mezclarse, como cuando era una niña y pude creerle, por mucho tiempo, que los yogures colgaban de los árboles… En mi casa era imposible diferenciar esa línea tenue entre ficción y realidad, y aún hoy me cuesta distinguirla".


Donoso murió en 1996, por una hepatitis C que se contagió en un sanatorio estadounidense, al recibir transfusiones. Su esposa le siguió dos meses después, a causa de una insuficiencia cardíaca y al descalabro que años de psicofármacos y alcohol habían infligido a su salud. Ahora Pilar ha quedado sola: a esta altura madre de tres hijos, y en un complicado matrimonio con su primo, Cristóbal Donoso, debe revisar su propia infancia. Al verla en distintos videos, sorprende su acento español. Es que ella conoció Chile recién a los 16, cuando la familia regresó a Santiago en 1980, tras un circuito voluntario de veinte años en el extranjero, rodando de una ciudad a otra, de campus universitarios a casas prestadas. Ella examina ese "mundo interno de complejidad sin límites", el lado oscuro de ese sol adorado. Los cuadernos de Pepe registran las estrecheces económicas y las cíclicas mudanzas, las vicisitudes estéticas y la "sequía" de ideas, la envidia que le provocan los logros de sus pares, el cansancio ante la depresión de su esposa, el egocentrismo necesario para aislarse de la escena doméstica, todo ello al calor de ese hito de mercado y política –irrepetible– que lanzó la literatura latinoamericana en los años 60 y 70. Si bien se omiten los enamoramientos de hombres y mujeres, el lector asiste al caldero creativo. Allí están las alucinaciones por las altas dosis de morfina después de una operación gástrica, que nutrirán El obsceno pájaro de la noche. Pese a los períodos de intolerancia, Donoso sin su mujer y su hija resulta impensable. Perviven en la pareja la complicidad, la poderosa inercia del pacto de confianza. Agrega la editora García Huidobro: "Para Pilar fueron muy dolorosas las revelaciones pero no se sorprendió; hacía tiempo tenía asumida la bisexualidad de José."
Los amigos que el novelista dejó por el mundo lo recuerdan discreto pero sin hermetismo. Un viejo amigo mexicano evoca sus bromas ante todo viajero gay con rumbo al Vaticano: el tercer guarda helvético, contando desde la derecha, ¡ése era el efebo! Otro amigo de Lima da fe de que, en su obsesión por ser padres, los Donoso estudiaban los ciclos de la ovulación y suspendían todo para aplicarse en horas de la siesta. Correr el tupido velo va por otros carriles. Para algunos queda en primer plano la infancia solitaria de una niña que nunca es prioridad de sus padres, concentrados en abrir y transitar el sendero hacia la gloria. Mientras el padre se encierra a escribir, la madre se ausenta con pastillas. En mi lectura, no prima el reclamo de atención, sino un fondo de tristeza que quizá se debiera al primer abandono.


Las voces más notorias de la literatura latinoamericana saludaron la irrupción de Pilar; los pares de su padre la prohijaron, en un movimiento que era a la vez celebración genuina y campaña publicitaria. Pero los elogios fueron inseparables del alacraneo. Cuenta Cecilia: "Se llegó a decir del libro que era la venganza de la hija por los papeles privados pues Pilar denunciaba públicamente la soledad de su infancia. Yo creo lo contrario".
En Conjeturas para la memoria de mi tribu, Donoso traza lo que llamó una genealogía para Pilar, una suerte de unción con el legado de la familia adoptiva. La editora cree que Pilar se lo retribuyó con la biografía que su padre le había pedido: "De verdad corrió el tupido velo y quizá no lo soportó. Habló de lo que no hay que hablar en la sociedad chilena. Por detrás del velo canta el obsceno pájaro nocturno mientras en el resto de la familia se hacen los pajarones…"


El libro recoge otras grandes pasiones de Donoso; su amor por los jardines, las antiguas mansiones, la moda. Y es este ángulo femenino del héroe cultural lo que vuelve su figura más rica. El perteneció a la generación del boom, sobre la que pesan críticas de machismo y delitos de omisión, por haber excluido a autoras fulgurantes, como Clarice Lispector y Elena Garro. Según los académicos, ese "costado a lo Manuel Puig" reactualizó las lecturas, en especial de El lugar sin límites, cuyo protagonista es un travesti de bajo fondo, al influjo de la crítica queer, la vertiente de estudios culturales que postula la construcción social de la identidad sexual. Algo de ese orden sugiere el escritor Carlos Fuentes, su querido amigo y el mentor más entusiasta de su ingreso en el mapa del boom: su obra es tan abierta y prometeica, que propicia las mutaciones del futuro lector.
En la misma dirección señala la narradora chilena Diamela Eltit, quien supo frecuentar a la familia a su vuelta al país: "Yo veo la figura de José Donoso como un caso para el porvenir..." Así los recuerda: "José estaba muy centrado en la literatura y, de hecho, vivía con cierta inseguridad el contraste con García Márquez o Carlos Fuentes. No tenía más mundo ni opinión que sus lecturas. Pero su inseguridad lo hacía un amigo extraordinario: tenía curiosidad, escuchaba al otro. Cuando yo los conocí, a principios de los 80, llevaban una vida muy tradicional, vivían para su hija y sus dos sobrinos más cercanos, Claudia y Martín. Se podía percibir cierta tensión entre ellos pero nunca violencia. Y la verdad es que eran una familia muy parecida a cualquier otra."


La autora de El cuarto mundo, entre otras novelas, subraya que muy temprano Donoso escribió sus diarios para venderlos; de hecho, los tenía vendidos antes de escribirlos, sabía el contenido que podía resultar de interés a las bibliotecas. Conocía el espacio público y privado de toda letra y sus entradas obraban como descarga emocional para alimentar su ficción: "No se trata de verdades reveladas sino de estados del autor; en este sentido, podía levantar o dejar caer a su familia trabajando el personaje confesional". Y señala algo que, según ella, está en el centro del malentendido, el código con que se leen las narrativas íntimas. Sostiene Eltit: "A mí no termina de sorprenderme que los diarios privados se lean en un registro literal. Son los papeles de un novelista, es decir, de una subjetividad exagerada, que desdibuja los límites entre lo real y la fantasía. Las escrituras del yo no son literales, y lo importante no es lo que se cuenta, sino las zonas silenciadas".


Eltit evoca a una María Pilar encantadora, sin arribismos e "hiperdemocrática, quien bajo Pinochet asumió posiciones feministas y andaba de un lado a otro en marchas. Cierta vez cayó presa, por asistir a una reunión no autorizada y Pepe se fue preso con ella…" Observa que Chile, por el contrario, es patológicamente clasista, y que la reacción ante los cuadernos le resultó "militaroide y mentirosa, empeñada en seguir representándose a la familia perfecta". Y concluye con una nota de tristeza: "Es que aún no me lo creo; todavía los veo pasar a los tres..."

El falso cumpleaños de Mafalda

Quino desmiente la fecha Celebrará su 50 aniversario en septiembre de 2014
Mafalda, que parece no entender el lío con su aniversario. foto.fuente: elmundo.es

Mafalda tendrá que esperar aún para poder celebrar sus 50 años con los panqueques que tanto le gustan. Aunque muchos seguidores están festejando por todo el mundo su onomástica, su creador Quino ha desmentido que el 15 de marzo sea la fecha del cumpleaños de su 'niña'. El medio siglo le llegará el 29 de septiembre de 2014. Así que, como no es un día especial, Mafalda tendrá que conformarse, como siempre, con la sopa que tanto odia.

"El día de su primera publicación fue el 29 de septiembre de 1964 en la revista 'Primera Plana'. Cualquier otro cálculo de cumpleaños es incorrecto", ha indicado el propio Quino en su página web. El autor explica además de dónde puede venir el malentendido. En la biografía publicada (el 2 de junio de 1968) en la revista 'Siete Días' dice que nació "en la vida real" el 15 de marzo del 62. "Ni una ni otra fecha son de tener en cuenta", añade.

Para Quino, cuyo verdadero nombre es Joaquín Salvador Lavado, "pensar en una cronología para un personaje de historieta es difícil. Mafalda sigue siendo niña y siempre será así". Por eso considera que el día de su cumpleaños es el de su primera publicación en medios gráficos, 29 de septiembre de 1964. "Festejaremos dentro de dos años", concluye.

No es el primer rumor en el que se ha visto involucrada Mafalda. Una leyenda mexicana bastante extendida dice que murió atropellada por un camión que transportaba sopa, el alimento que más odia el personaje.

Aunque existe confusión con la fecha, no la hay con el motivo de su nacimiento. Quino la ideó -a ella y a su familia porteña, del barrio de San Telmo- para una campaña publicitaria de electrodomésticos. De hecho, su nombre podría derivarse de la marca de lavadoras que anunciaba -'Mansfield'-.

Mafalda, una de las personalidades más famosas de Argentina, admira a 'Los Beatles' y 'El Pájaro Loco'. Y, además de la sopa, odia las injusticias y las guerras.

Al igual que los años no pasan por ella, tampoco sus reflexiones sobre política o derechos humanos han perdido vigencia. Es más, en la situación actual parece que cobran más sentido que nunca y seguro que diría aquello de "paren el mundo, que me bajo".