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3.8.10

El limerick, ¿un género menor?

Y en los diccionarios, en esos cementerios del idioma, ¡ah, en los diccionarios es bastante inútil que busquen!

Circulo de las palabras de la poesía.foto:archivo.fuente:elespectador.com

Por: Ricardo Bada

Al abrir el suplemento dominical de su diario, el lector alemán sabe que encontrará allí, puntualmente, cada fin de semana, su ración de limericks. Limericks. En las enciclopedias se enterarán ustedes, todo lo más, de que Limerick es el nombre de una ciudad y de un condado de Irlanda. Y en los diccionarios, en esos cementerios del idioma, ¡ah, en los diccionarios es bastante inútil que busquen! A no ser, como yo lo hice, en el Rioduero de Literatura, I, donde sí que figura la palabra limerick, pero me figuro que sólo gracias al hecho de que ese diccionario está traducido del Herder Lexikon alemán, y entre los alemanes el limerick es el pan nuestro de cada domingo.

¿Cómo viene definido el limerick en el Rioduero? Cito con él a la vista: "Forma literaria popular en los países anglosajones; consta de cinco versos, de contenido burlesco, rimados aabba. La primera colección apareció en 1822″. No está mal, pero sabe a poco. Es algo así como si alguien nos dijese que Don Quijote trata de un hidalgo manchego que se volvió loco a fuerza de leer libros, y punto. Para los adictos al limerick intentaré ampliar la definición supracitada, sin agotar con ello las infinitas posibilidades del género, pero procurando al menos que quede clara su inefable taxonomía.

El limerick es una estrofa poética humorística y nonsense (otro neologismo, que a lo mejor pudiera traducirse como sinsentido); una estrofa poética seguramente creada por el pueblo soberano, por los equivalentes gaélicos de los payadores, repentizadores y decimistas criollos, y cuyo acceso al rango de la mejor lírica inglesa se debe al benemérito Edward Lear.

De don Edward Lear sí que nos hablan las enciclopedias. Por si se quieren ahorrar el trabajo de consultarlas, citaré de una de ellas: "Edward Lear (Londres, 1812-San Remo, 1888). Escritor y pintor británico. Aficionado a la ornitología, el conde de Darby" (otras enciclopedias lo llaman conde de Denby) "lo invitó a dibujar su colección zoológica, se convirtió en amigo de la familia, y para los niños de la misma escribió The Book of Nonsens (1846), de título intraducible, ya que su contenido es el género puramente inglés del 'nonsense' o poema disparatado. De esta modalidad es Lear el gran maestro, junto con Lewis Carroll. (…) Sus poemas, celebrados como antecesores del superrealismo, disfrutan de notable popularidad".

Y volviendo a la taxonomía : Si se quiere hacerle honor homologable al original, el limerick debiera ser en castellano una estrofa de cinco versos rimados AAbbA: el primero, segundo y quinto, endecasílabos; el tercero y el cuarto, heptasílabos. Dato esencial es que la última palabra del primer verso tendría que ser un topónimo, y cuanto más difícil de rimar, tanto mayor mérito tiene el limerick.

Para que mejor lo entiendan, he aquí uno basado en un topónimo familiar a todos nosotros:

Aquella chicarrona de Bilbao
le dijo al chipichandle de Sestao:
­-– Ay chico, no me digas,
que se me caen las ligas
y luego contarás que m'has ligao.

En la rima se puede buscar adrede la dificultad, como queda comprobado con este otro ejemplo:

Un día, un pibe de Montevideo
inventó por su cuenta el bidé. O
sea, que puso los cojo-
nes un tiempo en remojo
para ahogar las ladillas. Laus Deo!

Confieso paladinamente que soy un fanático apasionado de los limericks y que he dedicado muchas horas de mi vida pecadora a la invención de algunos (vide supra et infra), y no pocas horas de charlas o de epistolomanía a tratar de convencer a algunos de mis amigos poetas en lengua de Castilla, para que aclimatemos al limerick en nuestras latitudes. Hasta ahora ha sido en vano, a pesar de haberles propuesto varios de los que opino que no son tan malos, p.ej.:

Una vez, una chica en Calahorra,
tan lerda y con tantísima pachorra,
en medio de un orgasmo
dijo con entusiasmo:
-– Lo que a mí sí me gusta es Radio Andorra.

Seguiré combatiendo por la aclimatación del limerick en nuestra panoplia poética, cuya última adquisición fue el soneto, venido de Italia de la mano de Boscán, hace ya de éso todas las mañanas del mundo. Y lo seguiré haciendo porque el limerick permite ¡tanto sano regocijo!:

Juan Arteche, en el golfo de Campeche,
escabeche comió con Leguineche,
y al rato fue y le dijo:
–- Parece que mi hijo,
de su papá heredó la mala leche.

¡Y tanto juego con la fonética peculiar que el español usa para masacrar los nombres extranjeros!:

Aquella chicarrona de Bilbao,
lectora declarada del gran Mao,
me dijo: –- No te enrolles,
querido Charles Bóyer;
el ministro de Higiene no es Lin Piao.

¡Y tanto doblesentido, más aún que sinsentido, al menos en castellano!:

Una muchacha de Bucaramanga,
a quien gustaba mucho la pachanga,
notó, bailando un tango,
que le crecía un mango
en el vértice mismo de su tanga.

A todas estas se dirán ustedes que los ejemplos aducidos no cumplen con la premisa de que la última palabra del primer verso sea un topónimo difícil de rimar porque cuanto más difícil de rimar tanto más meritorio será el limerick. Correcta la observación, pero es que en castellano resulta fácil rimar casi cualquier cosa. Intentémoslo con un topónimo extranjero:

Una vez un gamberro en Reykiavik
confesó padecer un raro tic:
chupándole una teta
a su amiga Julieta
creía estar chupando un tetrabrik.

En fin, ojalá que esta semilla que dejo aquí sembrada no se agoste en barbecho. Aunque sólo sea para que a los lectores de los suplementos dominicales de nuestros diarios les ofrezcan algún elemento de contraste con la oda al prócer o la elegía por la noviecita difunta (y refritada de Bécquer: no la novia, claro, sino la elegía) o el poema que se quiere importante, ¡oh!

Permítanme cerrar este panegírico del limerick con uno del que me siento orgulloso por su riqueza en rimas internas:

Una alpaca del Lago Titicaca
le dijo a una vaca de Cuernavaca:
­–- No es broma sino axioma
que un hematoma en Roma
cosa es más bien de toma que de daca.


13.2.10

Helene Hegemann, el arte de copiar y pegar

Exitosa novelista de 17 años aceptó haber copiado del bloguero Airen "una página en total, sin haberla modificado demasiado... ni haber nombrado su origen".

Foto: EFE.fUENTE:vive.in

Helene Hegemann, acusada de plagiar su éxito de ventas 'Axolotl Roadkill', genera discusión en los círculos literarios sobre el tema.


"Una novela de una adolescente considerada la niña prodigio de la literatura alemana (se llama Helene Hegemann y tiene 17 años) se ha convertido en uno de los temas de discusión en los círculos literarios alemanes, no sólo por el sorprendente éxito que ha tenido, sino por haber agitado la discusión sobre el plagio.

"Axototl Roadkill", ése es el nombre de la novela de Hegemann, habla del mundo de los excesos de drogas, sexo y alcohol de ciertas fiestas berlinesas; ha saltado al quinto lugar de las listas de libros más vendidos y ha sido escogida entre las candidatas al Premio de la Feria del Libro de Leipzig. Esa es la parte positiva de la historia.

La parte negativa es que, después de que un bloguero la acusase de plagio, Hegemann ha admitido que ha tomado parte de sus libros de otras fuentes y se ha disculpado por no haberlas mencionado convenientemente.

No obstante, Hegemann rechaza la acusación de plagio y dice que de lo que se trata es de "intertextualidad", y que, si a todo escritor que hiciera lo que ella ha hecho se le acusara de plagio, la vida literaria terminaría por acabarse.

La primera sospecha fue que Hegemann había tomado algunos pasajes de su libro de una novela llamada "Strobo" de un autor que utiliza el pseudónimo de Airen y cuyos temas giran también en torno a las drogas, el sexo y el alcohol. Airen también tiene un blog, en donde se dedica a registrar experiencias de fiestas extremas.

En las dos novelas, y con frecuencia en el blog de Airen, aparece la discoteca Berghain, donde Hegemann tiene vedada la entrada por ser menor de edad.

Ese detalle fue el que generó las primeras sospechas de algunos que creyeron ver en la prosa de Hegemann descripciones de ese lugar que resultaban demasiado vividas para alguien que no lo había visto nunca.

Hegemann sostiene que no conoce la novela de Airen pero sí su blog, del que admite haber sacado algunos pasajes, en un procedimiento que ella considera en principio legítimo.

A la larga, sostiene Hegemann, las experiencias que ella cuenta no son las suyas -dice que, por ejemplo, ella no consume drogas-, sino las de un personaje ficticio que ha creado.

La editorial Sukultur, que publicó la novela de Airen sin que ello tuviera mayor resonancia más allá del mundillo subcultural berlinés, no admite los argumentos de Hegemann.

"Naturalmente Helene Hegemann no tiene que consumir heroina para escribir sobre la heroina. Para escribir sobre la Edad Media tampoco hay que hacer un viaje a la Edad Media. Pero uno no puede sencillamente copiar otras novelas sobre la Edad Media", dice la editorial en su página web.

Entre tanto, Sukultur y la editorial Ullstein, que publicó la novela de Hegemann, han llegado a un acuerdo. Ullstein ha dicho que todas las dudas sobre derechos de autor han sido aclaradas y que se han conseguido las autorizaciones necesarias.

Sin embargo, eso no parece haber puesto fin a la polémica sobre los límites entre el plagio y la llamada intertextualidad, que, desde otra perspectiva, ha sido abordada por el crítico suizo Philipp Theisohn en su reciente libro "Plagio: una historia no original de la literatura".

Theison, naturalmente, ha sido consultado por los medios alemanes sobre el caso Hegemann y ha dicho que, aunque naturalmente es posible partir de la idea postmoderna de que todo está escrito y de que ya no se puede ser original, el escritor que asuma esa idea tiene que reflejarla en su obra y no ocultar su procedimiento.

Airen, cuya verdadera identidad se desconoce, ha dicho, en declaraciones al diario Frankfurter Allgemeine, que Helene Hegemann no le ha hecho nada y que, si en la próxima edición se reconoce la deuda con sus textos, él dará el asunto por saldado.

El bloguero y novelista clandestino ha leído el libro de Hegemman y dice que es el tipo de libro que a él le gusta leer, que estaría igualmente bien sin los pasajes que la autora tomó de sus textos."