6.11.14

Zepeda Patterson: "Somos corresponsables de la corrupción"

El ganador del Planeta da claves sobre su novela:  Milena o el femur más bello del mundo
 
Jorge Zepeda, durante la presentación de su novela  Milena o el fémur más bello del mundo,  ayer en Madrid. / Álvaro García./elpais.com 
La realidad se hizo ficción y fragmentos de la ficción realidad. La semana pasada Jorge Zepeda Patterson, director del periódico digital Sinembargo.mx, recibió amenazas de muerte por su labor periodística, ayer presentó su novela Milena o el fémur más bello del mundo y hoy, 6 de noviembre de 2014, empieza el desenlace en la propia historia que le mereció el 63º Premio Planeta. Y con ella la invitación a los lectores a la autocrítica frente a problemas como la corrupción política, el proxenetismo y el desmoronamiento de valores exacerbado por la globalización.
Son los temas de la segunda y premiada novela de este periodista, sociólogo y economista mexicano (Mazatlán, 1952) que llega hoy a las librerías de España y México, con más de 200.000 ejemplares. Un thriller sobre una red de trata de blancas y prostitución esclavizada de mujeres. Aquí protagonizada por Milena, una chica croata de 26 años que lleva secuestrada diez, de los 16 a los 26, cuya tragedia, por culpa de su belleza y sensualidad, se desenvuelve entre su país, Marbella y México, y cuyo penúltimo episodio es su intento de fuga.
No hay combate que valga contra las mafias mientras haya demandas millonarias sostenidas por gente de diferentes partes del mundo
“La globalización ha exacerbado la peor cara de la prostitución. No hay combate que valga contra las mafias mientras haya demandas millonarias sostenidas por gente de diferentes partes del mundo. Somos corresponsables de la corrupción”, se lamenta Zepeda, que ha hecho una larga investigación sobre el tema durante años y que empieza así su novela:
“Milena. Jueves 6 de noviembre de 2014, 9.30 pm. No era el primer hombre que moría en brazos de Milena, pero sí el primero que lo hacía por causas naturales. Aquellos a los que había asesinado no dejaron rastro ni remordimiento en su ánimo. Ahora, en cambio, la muerte de su amante la sumía en la desolación”.
Una montaña rusa de acontecimientos sucede a este arranque en una historia, narrada de manera coral, que busca liberar a Milena y resolver un enigma con la entrada en acción de los Azules, tres amigos de la anterior novela de Zepeda, Los corruptores (Destino), una política, un periodista y un especialista en seguridad.
Más que una novela de denuncia, Jorge Zepeda muestra la despiadada e inimaginable realidad de ese submundo al servicio del poder. Describe, cuenta como un testigo, y con ese retrato increpa al lector sobre los grados de responsabilidad en la podredumbre del tejido social que permite el éxito de mafias como esa y otras.
La corrupción se ha convertido en el ambiente de la sociedad. Es tan vieja como la misma prostitución que hoy encuentra un caldo de cultivo en una sociedad que premia el cinismo y el éxito rápido
Más que un subgénero literario, afirma el autor, “la corrupción se ha convertido en el ambiente de la sociedad. Es tan vieja como la misma prostitución que hoy encuentra un caldo de cultivo en una sociedad que premia el cinismo y el éxito rápido. Es parte de la cultura globalizante que arrasa con el desplome de los códigos morales como consecuencia de las exigencias sociales”.
Y el horizonte parece más resquebrajado. Alerta Zepeda de las alianzas entre las mafias. Una sincronización del lado oscuro con piezas que otrora eran impensables. En México, advierte “todo es más complicado porque los cárteles de la droga han entrado en el negocio del proxenetismo”. Mientras, el periodismo de denuncia intenta ser amordazado. Un episodio parecido al que escribe en la novela le acaba de suceder al escritor con las amenazas recibidas por otras investigaciones que realiza desde Sinembargo.mx.
El periodismo es otro de los pilares de Milena o el femur más bello del mundo. La resolución de la trama se hace, prácticamente, desde un periódico, bajo la dirección de uno de los tres Azules. “Debemos regresar a las mejores prácticas del oficio, y dar puntos de vista distintos para que el lector tenga una visión del mundo más completa y tome decisiones”, dice este periodista con más de 30 años en la profesión, que fue director fundador de los periódicos Siglo XXI y Público, de Guadalajara, y director de El Universal. Por eso reivindica “la función del curador en las informaciones. En un mundo con millones de accesos a las noticias más que nunca se necesita del prescriptor, del curador, de alguien que oriente y dé los elementos para aprender a valorar un hecho”.
En un mundo con millones de accesos a las noticias más que nunca se necesita del prescriptor, del curador, de alguien que oriente y dé los elementos para aprender a valorar un hecho
Recuerda que, como en su novela, el periodista crítico siempre es amenazado por el poder. Advierte que Internet es el nuevo escenario de esa batalla, como le está ocurriendo a su medio digital: “Usan la Red para desprestigiar y de ahí en adelante”. Sobre los asesinatos y desapariciones en Iguala, cree que el gobierno mexicano no ha reaccionado a la altura. “Parece que cada mes inauguramos una cota más de inverosimilitud”, dice, y añade que espera que en España no suceda lo mismo tras la cascada de corrupciones destapadas.
La novela le sirvió, también, para ajustar cuentas sobre lo que sucede entre las bambalinas del poder. Todo eso para una historia que describe un tejido social que tiende a pudrirse pero con unos hilos sentimentales y amorosos esenciales para el devenir de la narración y sus personajes.
Detrás de Milena o el fémur más bello del mundo hay dos autores. En el primero de ellos están las influencias de los clásicos de la novela negra hasta los Connolly, Chandler y, “de manera muy consciente Stieg Larsson, muy bueno y eficaz, pero como los muebles de Ikea: gusta a todos, pero a sus novelas les falta sensualidad, cultura mediterránea y sentido del humor. Lo que he pretendido es dar más verosimilitud y humanizar los personajes con sus matices”. Detrás del segundo autor está el Zepeda más auténtico. Son los textos que la protagonista escribe a lo largo de su cautiverio dispersos en la novela a manera de faros, “los pasajes más literarios donde los hombres dan las razones de por qué recurren a la prostitución. Buscan justificarse”.
Lo que Milena escribe son las páginas de las que más orgulloso se siente Jorge Zepeda Patterson. Con una historia tan vieja como la humanidad que sirve para mostrar cómo el presente “ha hecho casi anacrónica la sinceridad y la honestidad”.

Los versos de un niño en una celda

 Un interno de un centro de menores llega a la final de un concurso nacional de poesia
 
Luan Santana en São Paulo. Brasil/elpais.com
El tema elegido este año para el concurso nacional de poesía de la Olimpíada de Língua Portuguesa ha sido "El lugar donde vivo". De entre los casi 54.000 poemas recibidos, ha llegado a la final el de un chico de 17 años, preso por tercera vez por tráfico de drogas en la Fundación Casa, como se llama amablemente a los centros de internamiento para menores infractores en São Paulo. El lugar donde vive está formado por cuatro celdas, un baño compartido entre 30 internos, un comedor y dos aulas con vista a una pista deportiva. Los muros alambrados no dejan ver nada de lo que hay fuera. El joven, que tiene dos hijos mellizos de un año a los que solo ha podido ver dos veces, tituló su poema Vida en transición.

‘Vida en Transición’ (portugués)

Vida em Transição
Viver na Fundação não é bom
Bom é ser livre em toda situação
Mas tenho minha opinião
Sobre esse período de transição
Que muitos dizem ser prisão.

Nesse lugar, maldade…
Que ao mesmo tempo é saudade
Por estar privado de liberdade
Mas tem um lado positivo
Nessa realidade
Estou me reabilitando para a sociedade.

Acordo e vejo grades
Meu peito dói de verdade
Só quem passou
Por isso sabe
De todas as realidades
E crueldades…
A maior necessidade
É a Liberdade!

Aqui lições de vida transmitem
Muitas coisas boas
Reconhecimento como pessoa
Que errar é humano
Mas aprender é a melhor coisa.

Atrás desses momentos tem algo impressionante
Hoje me tornei um estudante
Descobri que sou inteligente
Produzi este poema e me sinto importante.
La semifinal, en Belo Horizonte, donde se proclamaron 38 finalistas, llevó al chico por primera vez fuera de São Paulo junto a su profesora y a un agente de seguridad. Nunca había subido a un avión —“qué grande es, ¿no?”, dijo al verlo de cerca—, ni sabía lo que era alojarse en un hotel. “Estaba con miedo porque pensé que iban a tratarme mal: yo era el diferente, hay prejuicios. Pero hice amigos y vi a personas que no me conocían hasta llorar por mi victoria. Nunca había vivido esa experiencia: gente que apuesta por el bien de otras. Ese viaje cambió mi vida, me hizo ver que, a pesar de estar donde estoy y lo que hice, hay otras vidas que yo también puedo vivir”, cuenta en un aula del centro. El concurso premió a los finalistas con un tablet, un ordenador y un vale de 300 reales en libros. Los gastó en varios cuentos infantiles pero también en José Saramago y Agatha Christie
La primera vez que Luan Santana, apodo que le ha dedicado el director del centro, pisó la institución tenía 13 años y fue detenido por el mismo delito que lleva al 37,5% de los 10.000 internos a ingresar en estos centros en São Paulo. “Me pillaron en el callejón de mi casa con dinero y dijeron que era del tráfico de drogas”, cuenta en el aula donde recibe clase de 7.30 a 12. Entre idas y venidas, Luan ha pasado más de dos años de su vida encerrado.
Hoy, después de 12 meses preso, espera que el juez le conceda la libertad por última vez. Según el centro, está listo para integrarse de nuevo a la sociedad. Él no tiene dudas: “Este no es un sitio apropiado para nadie. Voy a cambiar mi vida. Antes ni pisaba la escuela, pero hoy quiero ir a la universidad. Con todo esto descubrí un potencial que tenía escondido”. En quinto de educación primaria, Luan está seis cursos por debajo de lo que debería. “Faltaba tanto que me suspendían, una y otra vez, pero el empeño es la base de todo. Voy a llegar. Ahora tengo que ser el ejemplo de mis hijos”, se anima.
Luan sabe que solo la intención de querer cambiar sus pasos no va a ser suficiente. “Una buena parte de los chavales que sale con planes de cambio, empleo y familia, acaba volviendo a delinquir al reencontrase con sus antiguas amistades”, explica el director del centro Cristian de Oliveira. “Quiero volver a mi barrio, pero ya no quiero vivir ahí. Pretendo salir, hacer nuevos amigos para tener una vida diferente”, dice Luan sin apartar los ojos de la conversación. “Estoy viendo mucho el sufrimiento de mi familia y de mis hijos”. Luan, hijo pequeño de cuatro hermanos, apenas ve a sus mellizos y a su mujer, de su misma edad, a la que mantiene lejos de allí.
“Independientemente del acto que cometí, mi familia no merece esto. Preferí que ella no viniese y me viese aquí y yo tengo que aprender a lidiar con eso”.
Hay otras vidas que yo también puedo vivir
Luan Santana
De su padre, con quien se crió, poco sabe además de sus problemas con el alcohol. “Viviendo con él se despertó algo en mi muy pronto: intentar ser independiente”. Así, con 10 años, comenzó su prematura carrera laboral, de trabajo en trabajo: en un taller de motos, de coches, en una empresa de productos de limpieza y, al final, en la calle. “Lo bueno de estar aquí es que supe darle la vuelta. Por fin entendí que ya no quiero esto para mí, que lo que quiero es estar cerca de mi familia”.
En la semifinal de Belo Horizonte, dice, se vio superado al verse rodeado de tanto niño. El concurso está pensado para alumnos de escuelas públicas de 10 y 11 años. “Era raro al principio porque yo era el más viejo de todos. Creía que no me integraría, que no sería capaz de demostrar mi capacidad, pero volví a ser un niño. Hasta los chicos que no ganaron se alegraron por mi, me dijeron que me lo merecía”.
La final de la Olimpiada será en Brasilia el próximo 1 de diciembre. Su madre, una auxiliar de limpieza desempleada que hoy llora de orgullo, viajará con él por primera vez. Del juez depende que puedan ir solos o acompañados de un agente de la institución. “La libertad es todo, señora”.
Tras dejar un cuaderno algunos minutos en sus manos, Luan lo devuelve con una palabra escrita en medio de una página en blanco: saudade, el echar de menos brasileño. 

Gabo y Mutis

 Me conmueve evocar que la amistad de tantas décadas que unió a Gabriel García Márquez con Álvaro Mutis jamás tuvo discordia
Álvaro Mutis y Gabriel García Márquez:una amistad de paradigma ejemplar./elpais.com


Quizá un posible alivio para los amores contrariados se anide en la amistad que perdure entre ambas partes y quizá el único escudo ante tanta mala noticia y necia neblina de desasosiegos se destile en la saliva del afecto que suele transpirarse en la camaradería. Decía Eliseo Alberto que hemos de creer en "la amistad a primera vista" si hemos de seguir en la esperanza del amor a primera vista, pero que una vez confirmada la epifanía de una amistad instantánea había que procurar con fidelidad y sosiego el abono constante de las palabras y las acciones que la nutren.
A mí me conmueve evocar —con intención de envidia y afán de plagio—que la amistad de tantas décadas que unió a Gabriel García Márquez con Álvaro Mutis jamás tuvo discordia, ni un sí con no. Fueron amigos desde un principio y hasta el final, incluso siguen sonrientes y en diálogo de párrafos ya interminables en las páginas de sus libros entrelazados y en las fotografías que aunque parecen volverse sepia conservan un ligero movimiento de animación donde parece que entre las sonrisas se esconden carcajadas, entre los labios aparentemente callados las citas o evocaciones de los libros memorables que leían de memoria y tantos viajes, anécdotas y vivencias comunes que parecen ser dos hombres que caminan sobre la gelatina de plata de viejas fotos en una suerte de filmación entrañable del afecto compartido.
Mutis sería el embajador de Gabo en México y quien lo convence de huir de Nueva York hacia la que habría de convertirse en su segunda patria 
De muy joven, cuando muchas cosas del mundo aún no tenían su nombre, Gabo frecuentaba la sala de música de la Biblioteca Nacional de Bogotá y se ponía a leer sin descanso, a la sombra de los grandes compositores que le llenaban la cabeza de rizos. En alguna ocasión dictó la receta infalible para cualquier aprendiz de melómano, argumentando que los mejores compositores de la música llamada clásica tenían todos apellidos que empezaban con la letra B: Bach, Beethoven, Brahms... Bivaldi y Bozart. Contaba Gabo que en sus visitas consuetudinarias a la sala de música de aquella Biblioteca de Babel solía aparecerse a las cuatro en punto de cada tarde "un melómano insufrible, de nariz heráldica y cejas de turco, con un cuerpo enorme y unos zapatos minúsculos como los de Buffalo Bill". Aquel gigante anónimo pedía sin piedad y a cada tarde el concierto para violín de Mendelssohn, que Gabo entre otros lectores de la sala supuestamente callada sinceramente aborrecían. Muchos años después, ya frente al pelotón cotidiano de la fama, Gabo escuchó que Mutis hacía un comentario sobre ese mismo concierto de Mendelssohn y, como quien descubre un error en una partida de ajedrez jugada en otro tiempo, exclamó al instante: "Carajo. De modo que eras tú".
Se sabe que Mutis sería el embajador de Gabo en México y quien lo convence de huir de Nueva York en ese largo viaje con Mercedes y Rodrigo hacia el México que habría de convertirse en segunda patria de todos ellos, cuna de su segundo hijo Gonzalo, y el nido donde floreció esa novela que se iba a llamar La casa y que hasta las últimas líneas dictó ella misma su título ya congelado en la memoria de la literatura de todos los tiempos como Cien años de soledad. Fue Mutis quien le regaló un ejemplar de Pedro Páramo al recién mexicanizado periodista que cuajaba cuentos como si fueran crónicas verídicas de la más pura imaginación, diciéndole "Tenga, para que aprenda" y fue Mutis quien luego lo acompañara a Estocolmo, años después entre flores amarillas y azorado ante el atuendo impoluto del Gabo. Fue Mutis quien presentó a Gabo con María Luisa Elío y Jomí García Ascot, los amigos infalibles a quienes está dedicada la novela que hila a todas las generaciones de los Buendía como espejo de tantas otras amistades de veras que se arremolinaron como enredadera en torno a la vera amistad que transpiraban ambos colombianos en cada aventura, cada párrafo y cada sobremesa, porque fue también Mutis quien quiso regalarle una historia completa de cabo a puerto para que la escribiera Gabo, y al paso de los años, fue el propio Mutis quien tuvo que narrarla él mismo bajo el título de La última escala del Tramp Steamer, para que se volviera perfecta y sincrónica con El amor en los tiempos del cólera, y tránsito ideal de los versos de la poesía a los párrafos de la prosa de un tal Maqroll el Gaviero que habría de transubstanciarse en otras seis novelas inagotables como quien sueña con una mujer que ha de volver a los brazos con la lluvia.
La Feria Internacional del Libro de Oaxaca no es la más grande, pero sí la más entrañable por el contacto directo entre lectores y autores
La Feria Internacional del Libro de Oaxaca lleva ya 34 ediciones anuales que —sobre todo en la pasada década— se consolida como el santuario de lectores que la colman, pero sobre todo, de escritores que asisten imantados por un aura de amistad no sólo entre ellos, sino con el editor Guillermo Quijas y toda la familia de colaboradores con los que sustenta las carpas de miles de libros de su propia editorial Almadía, sino todas las demás editoriales que se reúnen en esta feria que no es la más grande de México ni del mundo, tampoco la más ostentosa y pantagruélica, pero sí la más entrañable en el contacto directo de los grandes escritores que asisten a ella con los lectores que suelen no callarse sus preguntas, reclamos y alabanzas no sólo en las presentaciones, sino también en las muchas ramificaciones que llevan a los párrafos directamente a las aulas de la universidad, los pupitres de las escuelas de todas las edades y los encomiables círculos de lectura que se multiplican por obra y gracia precisamente de las amistades que se frecuentan con el pretexto de estar leyendo todos un mismo libros durante meses, sabiendo que al filo de cada noviembre tendrán la oportunidad de entrar en conversación con el autor.
En la edición de este año, con Colombia como país invitado y una generosa delegación de 100 talentosos y brillantes colombianos, la Fundación Gabriel García Márquez de Nuevo Periodismo Iberoamericano –encarnada en su director Jaime Abello Banfi—aportó un taller de puro periodismo puro a cargo de Martín Caparrós y Diego Fonseca, con un ramillete de notables periodistas jóvenes de diversos países y entre todos los editores, promotores culturales, novelistas, cuentistas y poetas colombianos venidos ahora a Oaxaca hay un innegable contagio de colombianización de Oaxaca y una mexicanización de sus cumbias y coloquios, vallenatos y poesía, cuentos y comidas, ya bien digerido por aquellos dos colombianos-mexicanos que hoy parecían caminar por las viejas calles, envueltos en una charla interminable sobre novelas francesas, un concierto recurrente de Mendelssohn al violín, las cabelleras negras de las mujeres infinitas, amores contrariados... y sí, eso que se llama amistad y que al parecer ha de durar ya para siempre.

Novela sobre la Guerra Civil Española ganó el premio Goncourt 2014

El máximo galardón de las letras francesas fue para Pas pleurer, de la francesa Lydie Salvayre
Como es tradición, la escritora francesa Lydie Salvayre, ganadora del Goncourt 2014 dio una rueda de prensa en el restaurante Drouant de París, el lugar donde desde 1914 se entrega el galardón./eltiempo.com

David Foenkinos, autor de  best sellers  y que también era finalista para el Goncourt, para el que era favorito, tuvo que conformarse con el premio Renaudot, la otra gran distinción de los libros franceses, por su obra ‘Charlotte’.
Salvayre, nacida en 1948, es hija de un andaluz y una catalana, republicanos españoles refugiados en Francia tras la Guerra Civil. ‘Pas pleurer’ es la última de una veintena de obras que componen su bibliografía, y fue publicada por la editorial Seuil.
"Espero que este libro haga resurgir algunas cuestiones que siguen vivas en el presente, como el tema religioso, el resurgir de los nacionalismos o las dificultades de Europa para comprometerse", afirmó, entre lágrimas, la autora en el restaurante Drouant de París, el lugar donde desde 1914 se entrega el galardón.
La recompensa, entregada tras una quinta votación según el escrupuloso método del Goncourt, en el que el vencedor debe tener la mayoría absoluta de los diez miembros del jurado, fue una sorpresa, puesto que todas las apuestas se dirigían hacia Foenkinos.
El jurado, presidido en esta ocasión por el periodista y escritor Bernard Pivot, se decantó por la obra de Salvayre, en la que la autora mezcla el relato popular de la Guerra Civil española de su madre, Montse, que tenía 15 años cuando estalló el conflicto, con el del literato, conservador, católico y monárquico Georges Bernanos, que se encontraba en Mallorca el 18 de julio de 1936.
Montse huyó de su pueblo y se refugió junto con su hermano anarquista en Barcelona, donde entró en contacto con el ambiente revolucionario y anarquista que vivía la ciudad en aquellos años.
Enamorada de un militante francés, que le hace descubrir el amor y el sexo antes de abandonarla, la madre de la autora vuelve, embarazada, a su pueblo, donde nació el hermanastro de Lydie, que ella llamará André Malraux.
‘Pas pleurer’ sigue también los pasos de Bernanos, decepcionado con la actitud del bando nacional, lo que le lleva a escribir el panfleto antifranquista ‘Grands cimentières sous la lune’ en el que critica al Ejército y a la iglesia católica por su actitud bélica.
Salvayre, poco conocida por el público, toma así el testigo como mujer ganadora del Goncourt a Marie N'Diaye que lo logró en 2009.
Contra todo pronóstico superó a Foenkinos, uno de los autores más leídos de Francia, que con ‘Charlotte’ presentó una obra más profunda y reposada que el resto de sus obras.
También ganó al escritor, periodista y militante argelino Kamel Daoud, que con su obra ‘Meursault, contre-enquête’ optaba a convertirse en el primer escritor de su nacionalidad en alzarse con el premio, 60 años después del inicio de la guerra de independencia de ese país.
La cuarta finalista era Pauline Dreyfus, que en ‘Ce sont des choses qui arrivent’ cuenta la Segunda Guerra Mundial desde el punto de vista de la aristocracia.
Foenkinos se alzó con el Renaudot, una recompensa de consolación para su relato de amor a Charlotte Salomon, artista judía alemana asesinada en Auschwitz a los 26 años.

Cómo el mundo amó la esvástica, hasta que los nazis se la apropiaron

En el mundo occidental la esvástica es sinónimo del fascismo, pero el símbolo se remonta miles de años y ha representado buena fortuna en casi todas las culturas del mundo. A medida que se tiene más evidencia de su pasado pre nazi en Europa, ¿podrá este antiguo emblema librarse de su asociación con el mal?

Unidades militares de Estados Unidos adoptaron la esvástica durante la Primera Guerra Mundial./revistaarcadia.com

La esvástica se prohibió en Alemania al final de la guerra y ese país intentó sin éxito de introducir un veto generalizado en la Unión Europea, en 2007.
La ironía es que la esvástica es más europea de lo que muchos se imaginan. Descubrimientos arqueológicos han demostrado hace mucho tiempo que la esvástica en un símbolo muy antiguo, pero esos ejemplos del pasado no solo están limitados a India.

Es símbolo fue adoptado por los griegos clásicos, los celtas, los anglosajones y algunos de los ejemplos más antiguos se han encontrado en Europa Oriental, desde el Báltico hasta los Balcanes.

Si quiere ver que tan arraigada está la esvástica en los patrones de diseño de Europa, un buen sitio para empezar es en Kiev, donde el Museo de Historia Natural de Ucrania tiene una impresionante gama de exposiciones.

Imitación de la naturaleza

Entre los tesoros más preciados está una pequeña figura de marfil de un ave hembra. Hecha del colmillo de un mamut, se encontró en 1908 en el asentamiento paleolítico de Mezin, cerca de la frontera con Rusia.
En la arcaica lengua del sánscrito, la esvástica significa "bienestar". El símbolo ha sido utilizado en el hinduismo, budismo y jainismo y se presume que sea de origen indio.

Inspiró a los primeros viajeoros occidentales en Asia, por sus antiguas y positivas asociaciones, y lo empezaron a utilizar en sus tierras. Para principios del siglo XX, la esvástica estaba de moda como un benigno símbolo de buena suerte.

Coca-cola y Boy Scouts


 
  Coca-cola anunciaba su producto con una esvástica en EE.UU. donde también se jugaba con naipes estampados
con ese símbolo.

En su libro La Esvástica: ¿símbolo irredimible?, Steven Heller, un escritor estadounidense que se especializa en diseño gráfico, muestra cómo el emblema fue adoptado con entusiasmo en Occidente como figura arquitectónica, en la publicidad y en el diseño de productos.
"Coca-cola lo la utilizó. Carlsberg la puso en sus botellas de cerveza. Los Boy Scouts la usaron y su contraparte femenina, el Club de Niñas de América, bautizó su revista Esvástica. Inclusive mandaban insignias de esvásticas a sus jóvenes lectores como premio por vender copias de la revista", expresó Heller.

También fue adoptada por unidades militares de Estados Unidos durante la Primera Guerra Mundial y podía verse estampada en los aviones de la Real Fuerza Aérea hasta 1939. La mayoría de estos usos benignos del emblema llegaron a su fin en los años 30, con el ascenso de los nazis en Alemania.

El uso de la esvástica por los nazis proviene del trabajo de académicos alemanes del siglo XIX quienes, al traducir antiguos textos indios, se dieron cuenta de las similitudes entre su propio idioma y el sánscrito.

Concluyeron que los indios y los alemanes tuvieron que tener ancestros comunes y se imaginaron una raza de guerreros blancos que llamaron arios.

La idea echó raíces entre grupos nacionalistas antisemitas que se apropiaron de la esvástica como un símbolo ario para impulsar la idea de la existencia de un antiguo linaje de los pueblos germanos.

Símbolo odiado del siglo XX

La cruz negra y angulada (Hakenkreuz, en alemán) sobre el característico círculo blanco y fondo rojo de la bandera nazi se convertiría en el símbolo más odiado del siglo XX, vinculado inextricablemente a las atrocidades perpetradas por el Tercer Reich.
"Para el pueblo judío la esvástica es un símbolo de temor, supresión y exterminación. Es un símbolo que jamás podrán cambiar", manifestó el sobreviviente del Holocausto de 93 años, Freddie Knoller. "Si colocan esvásticas en lápidas o sinagogas, nos llena de pavor. Definitivamente no puede suceder otra vez".

 
No solo el empaque de esta fruta de California sino el nombre del producto se asoció con la esvástica.
En el torso del ave está tallado un intrincado diseño ondulante de esvásticas entrelazadas. Es el patrón de esvásticas más antiguo jamás descubierto en el mundo y su datación por carbono es de 15.000 años de antigüedad.

El ave se encontró con una serie de objetos fálicos que sostienen la teoría que el patrón de esvásticas era un símbolo de fertilidad.

En 1965, una paleontóloga llamada Valentina Bibikova descubrió que el patrón curvilíneo de esvásticas en el ave es muy parecido al patrón natural visible en un corte transversal de marfil.

¿Podría ser que los talladores paleolíticos de la figura están simplemente reflejando lo que veían en la naturaleza: un inmenso mamut que asociaban con el bienestar y la fertilidad?

Las esvásticas simples empezaron a aparecer en la cultura neolítica vinca a través del sudeste europeo hace unos 7.000 años. Pero fue en la Edad de Bronce cuando se difundieron por todo el continente.

En la colección del museo hay ollas de barro con esvásticas sencillas rodeando la parte superior que datan de hace 4.000 años.

Cuando los nazis ocuparon Kiev en la Segunda Guerra Mundial, estaban tan convencidos de que esas ollas eran evidencia de sus propios ancestros arios que se las llevaron de regreso a Alemania. (Fueron devueltas después de la guerra).

Antiguos griegos

En la colección griega del museo, la esvástica está visible como un ornamento arquitectónico que ha venido a llamarse el patrón griego en llave, utilizado ampliamente en baldosas y textiles hasta hoy en día.


La arquitectura, desde la de la antigua Grecia (izq.) hasta la del contemporáneo EE.UU. (der.) tiene motivos con
esvásticas.  

Los griegos antiguos también utilizaron el emblema en sus diseños de jarrones y envases. Un fragmento de la colección que viene del siglo VII A.C. representa la esvástica con manecillas que se desdoblan debajo de la barriga de una cabra.
Quizás la exposición más sorprendente del museo es unos frágiles fragmentos de textiles que had sobrevivido desde el siglo XII D.C. Se cree que pertenecieron al cuello del vestido de una princesa eslava, bordado con cruces y esvásticas doradas para repeler el mal.

La esvástica continuó siendo un diseño popular en el bordado de Europa Oriental y Rusia hasta la Segunda Guerra Mundial.

Un autor ruso llamado Pavel Kutenkov ha identificado casi 200 variaciones en la región. Pero la cruz angular continúa siendo un símbolo cargado de polémica.

En 1941, Kiev fue sede de una de las peores matanzas durante el Holocausto, donde casi 34.000 fueron masacrados en el barranco de Babi Yar.

En Europa Occidental el uso de esvásticas autóctonas se extinguió mucho antes de la era moderna pero hay ejemplos que se pueden encontrar en lugares como la famosa Piedra de la Esvástica de la Era de Bronce, en Yorkshire, Inglaterra.

"Amor por la esvástica"

Hay quienes creen que esta larga historia podría ayudar a revivir el símbolo en Europa como algo positivo.
"La esvástica es un símbolo de amor y Hitler abusó de ella. No estamos tratando de reclamar la Hakenkreuz. Eso sería imposible. Y tampoco es algo que queremos que la gente olvide", señaló.

"Solo queremos que la gente sepa que la esvástica se manifiesta en otras formas, ninguna de las cuales fue utilizada para el mal. También estamos tratando de mostrarles a los fascistas de extrema derecha que no es correcto su uso de este símbolo. Si podemos educar al público del verdadero significado de la esvástica, tal vez podemos arrebatársela a los fascistas".

Pero para aquellos como Freddie Knoller, que vivió en carne propia los horrores del fascismo, la propuesta de aprender a amar la esvástica no es tan fácil.

"Para la gente que experimentó el Holocausto, siempre recordaremos los que la esvástica era en nuestras vidas; un símbolo de pura maldad", afirmó.

"No sabíamos que el símbolo se remonta a tantos miles de años. Pero creo que es interesante que la gente sepa que la esvástica no siempre fue un símbolo del fascismo".

5.11.14

El horror: síntoma de una época

 La producción literaria del maestro del horror y el suspenso influenció el carácter truculento de las obras de finales del siglo XIX en Europa
El daguerrotipo de Edgar Allan Poe conocido como  el daguerrotipo Annie./elespectador.com

El médico, especialmente el que se ha dedicado al estudio de enfermedades mentales y nerviosas, reconoce de un vistazo en la disposición del fin de siglo, en las tendencias del arte y la poesía contemporáneos, en la vida y conducta de aquellos que escriben obras místicas, simbólicas y decadentes, la confluencia de dos enfermedades bien definidas: la degeneración y la histeria.
Max Nordau.
Edgar Allan Poe (1809-1849) pasó una parte de su infancia en el sur de Estados Unidos, antes de irse a Inglaterra. Por eso Cortázar afirmó, en el prólogo de su traducción de los cuentos de Poe, que “elementos sureños habrían de influir en su imaginación: las nodrizas negras, los criados esclavos, un folclor donde los aparecidos, los relatos sobre cementerios y cadáveres que deambulan en las selvas bastaron para organizarle un repertorio de lo sobrenatural”.
Fue hijo de padres tuberculosos y quedó huérfano a los pocos años de nacer. Además, dos años después de componer su poema más famoso, El cuervo, su prima de trece años, quien fue también su primera esposa, murió de tuberculosis, que junto a la histeria fue la enfermedad del siglo XIX. Tal vez de allí derivaría su obsesión por la enfermedad (“Una tez cadavérica, unos ojos grandes, húmedos y luminosos sobre toda comparación; los labios, algo delgados y muy pálidos, pero de líneas finas, una nariz de corte hebreo pero con las ventanillas excesivamente dilatadas, un mentón finamente modelado que por su poca prominencia denunciaba falta de energía moral”: La caída de la casa Usher) y la muerte: “La muerte de una mujer hermosa es, sin disputa de ninguna clase, el tema más poético del mundo; y queda igualmente fuera de duda que la boca más apta para desarrollar el tema es precisamente la del amante privado de su tesoro. Tenía que combinar entonces aquellas dos ideas: un amante que llora a su amada perdida. Y un cuervo que repite continuamente la palabra nevermore [nunca más]”, dice en su ensayo Filosofía de la composición, en el que explica paso a paso el proceso de creación de El cuervo.
Mediante la repetición del “nunca más”, por cuenta del cuervo que habla, “el amante halla un placer en su propia tortura, no sólo por creer en la índole profética o diabólica del ave, sino por experimentar un placer inusitado al formularlas de aquel modo, recibiendo en el nevermore siempre esperado una herida reincidente, tanto más deliciosa por insoportable”.
A finales del siglo XIX, Europa estaba en crisis: empezaba el capitalismo que derivó en nuestro sistema económico actual y la lucha de clases, consecuencias directas de la industrialización. Se vivía una nueva oleada de antisemitismo mientras se acentuaban las tensiones entre las que, en ese momento, se consolidaban como naciones. Imperaba una ideología que enfatizaba la defensa de los dominios, el aumento de las colonias, la rivalidad con los vecinos y la acentuación de la propia identidad, el ideal de nación. Ese clima, esa red de rivalidades que se iban encendiendo en todos los frentes de la Europa moderna, fueron la antesala de las guerras mundiales que trajo consigo el siglo XX.
Lo que se escribió en ese momento, como ocurre siempre, fue producto de su tiempo. Durante casi todo el siglo, Marx reflexionó sobre las desigualdades dentro ese capitalismo incipiente y sobre la necesidad de revolucionar el orden imperante —que no desapareció, más bien ha venido empeorando—. La filosofía y la historia pusieron en el mapa a figuras como Nietzsche, que mató a Dios; Freud, que hizo tambalear la idea de que el sujeto es autotransparente y tiene pleno control sobre sí; Spengler, que puso en duda la bondad de esa línea unidireccional, imparable y peligrosa que es el progreso. No es gratuito que uno de sus libros lleve por título La decadencia de Occidente. En pocas palabras, las últimas décadas del siglo XIX fueron tiempos de desencanto, y lo que hicieron sus pensadores fue arrebatarles a los descendientes del Siglo de las Luces sus certezas, y dejaron al siglo venidero en el vacío, en la falta de sentido.
Ese momento de ruptura filosófica, absolutamente esencial para pensar sobre lo ocurrido en el siglo XX, tiene a su vez sus raíces en un movimiento anterior: el romanticismo, cuyo padre —o al menos uno de ellos— ni siquiera era europeo. Edgar Allan Poe (nacido en Boston, Estados Unidos) es considerado uno los máximos exponentes del movimiento romántico en literatura, no sólo porque siguió sus tendencias a la perfección (escribir sobre sentimientos exacerbados, humanizar la naturaleza y dotarla de emociones, hablar de tragedia, dolor y amor —que es a la vez pasión, que es a la vez muerte—, insertar el elemento de suspenso en las historias), sino que hizo de la enfermedad, la locura y lo horrible una estética que floreció y proliferó a finales de siglo en el otro continente: todo aquello que la moralidad burguesa consideraba “malo” se volvió un valor. Los textos, recargados de adornos, exploraron lo prohibido, el tabú, y así nació la literatura decadente, o decadentismo.
En uno de sus cuentos, La máscara de la muerte roja, vuelve a Europa, a la peste pasada, y a la literatura alrededor de ello: al Decamerón de Boccaccio, que ronda el encierro, o el exilio voluntario, por cuenta de una enfermedad: “La ‘Muerte Roja’ había devastado el país durante largo tiempo. Jamás una peste había sido tan fatal y tan espantosa. La sangre era su encarnación y su sello: el rojo y el horror de la sangre. Comenzaba con agudos dolores, un vértigo repentino, y luego los poros sangraban y sobrevenía la muerte […] Pero el príncipe Próspero era feliz, intrépido y sagaz. Cuando sus dominios quedaron semidespoblados llamó a su lado a mil robustos y desaprensivos amigos de entre los caballeros y damas de su corte, y se retiró con ellos al seguro encierro de una de sus abadías fortificadas”.
Oscar Wilde, Charles Baudelaire y otros simbolistas franceses, Joris-Karl Huysmans y Ambrose Bierce son algunos de los autores que adoptaron una estética grotesca y la obscuridad presentes en los relatos de Poe. Algunos de ellos hablaron abiertamente de la fuerte influencia que tuvo Poe en sus obras. Otros se vieron influenciados por un personaje: Auguste Dupin, el detective ficticio de Poe de Los crímenes de la calle Morgue, le sirvió de inspiración a Arthur Conan Doyle para su Sherlock Holmes. Por último, la estructura de sus cuentos fue alabada por grandes cuentistas como Thomas Mann, Horacio Quiroga y Jorge Luis Borges, quien le dedicó, irónicamente, no un cuento, sino un poema: “Como del otro lado del espejo / se entregó solitario a su complejo / destino de inventor de pesadillas. / Quizá, del otro lado de la muerte, / siga erigiendo solitario y fuerte / espléndidas y atroces maravillas”.

Georg Trakl: un clásico del expresionismo

El 3 de noviembre se conmemora el primer centenario de la muerte de Georg Trakl acaecida durante la Primera Guerra Mundial en una dependencia psiquiátrica del ejército austrohúngaro

Georg Trakl, poeta austriaco maldito y expresionista./elcultural.es

 

Hasta entonces Trakl sólo había publicado en forma de libro una selección de poemas. En el momento de morir tenía en imprenta otro título, Sebastián en sueños

Aquel joven acosado por los tormentos mentales, adicto al alcohol y los estupefacientes, es comúnmente celebrado como una de las figuras señeras del Expresionismo. Sus enigmáticos, sus hermosos y encendidos poemas, pronto fueron materia de reflexión para una muchedumbre de intérpretes, Martin Heidegger entre ellos. No tardaron en despertar interés allende las fronteras del idioma alemán. También en España, Georg Trakl ha sido editado con fortuna.

Poeta del derrumbe, de la corrosión y el pudrimiento, Trakl anticipó con su particular simbología la caída del Imperio Austro-Húngaro. Gustó sobremanera de las imágenes repulsivas. Sus poemas abundan en ratas, gusanos, carroña, sangre... Lo fascinó la muerte, presente también en sus conversaciones cotidianas. Tuvo especial predilección por la belleza violenta y las visiones de destrucción y ruina. Ya en la adolescencia se familiariza con los libros de Baudelaire y Rimbaud, leídos en versión original. Nietzsche fue otra presencia crucial en la formación literaria de este hombre tan dotado de sensibilidad como carente de sosiego.

Nacido en Salzburgo, la ciudad de Mozart, el 3 de febrero de 1887, Trakl fue hijo de un comerciante bondadoso que hizo cierta fortuna con su negocio de ferretería, y de una madre a la que se atribuye un influjo altamente negativo en la conformación psíquica del poeta. Mujer de frialdad extrema, dio a luz seis criaturas de las que apenas se ocupó como no fuera para imponerles el aprendizaje de algún instrumento musical. Con frecuencia se pasaba dos, tres o más días encerrada en su alcoba, sin relacionarse con ningún miembro de la familia, consagrada obsesivamente a su colección de antigüedades.

Es conocido el estrecho vínculo que unió al poeta con Grete, su hermana pequeña, seis años menor que él, en la que al parecer veía un doble femenino de sí mismo. Se ha especulado no poco acerca de la naturaleza incestuosa de dicha relación, si bien no existen pruebas testimoniales que la abonen. No es menos cierto que una parte considerable de la correspondencia epistolar entre los dos hermanos desapareció de forma misteriosa tras la temprana muerte de ambos, lo que deja a oscuras importantes zonas de su vida privada. Como su hermano, Grete, en parte inducida por él, sucumbió al alcohol y las drogas. Abandonada por su marido, truncada su carrera de pianista, llevó una vida de soledad y penuria en Berlín hasta su suicidio en 1917.

A edad temprana, Georg Trakl se aficionó al consumo de sustancias estupefacientes. Visita asiduamente los burdeles de Salzburgo y gana, entre sus profesores y compañeros de colegio, fama de raro. A pesar de no haber concluido el ciclo escolar, había terminado los cursos suficientes como para poder estudiar Farmacia. Lo hizo en Viena, ciudad que aborrecía, en la que asistió a la tertulia de Karl Kraus. Se diplomó de la referida disciplina en 1910 con el título de Magister. Ejerció a rachas. Las reiteradas tentativas por dedicarse a una profesión culminaron en fracaso. Trakl era incapaz de llevar una vida ordenada. Lo aquejan frecuentes caídas en la depresión, ataques de pánico, estados de delirio, de exaltación y embriaguez. A menudo ha de ser socorrido económicamente por familiares y amigos.

El año anterior al estallido de la Gran Guerra, Trakl se incorporó a una sección militar de farmacia. Un mes después solicitó el pase a la reserva, que le fue concedido. Los hábitos insalubres y la poesía continúan determinando su vida. Se ha dicho de él que escribió sus mejores poemas cuando más lo apretaba el sufrimiento. Algunos de ellos aparecieron en revistas (en Der Brenner sobre todo) y periódicos. Estuvo a punto de beneficiarse de una generosa donación de Ludwig Wittgenstein, el célebre autor del Tractatus Logico-Philosophicus; pero un ataque de ansia en el interior del banco le impidió extraer el dinero. Optó entonces por enviar la suma íntegra del generoso mecenas a su hermana Grete. Llegó entretanto la guerra y Trakl, contagiado del entusiasmo general, marchó al frente del Este enrolado en una unidad sanitaria.

Las dantescas escenas de dolor, de cuerpos destrozados y muerte sangrienta que hubo de presenciar terminaron de desquiciarlo. Luego de un intento de suicidio, que no logra consumar por la intervención oportuna de sus compañeros, Trakl fue internado en una dependencia psiquiátrica, donde, según el parte médico, expiró al anochecer del 3 de noviembre de 1914 a consecuencia de una sobredosis de cocaína. Tenía 27 años.

La pendiente 
 Oh reencuentro espiritual
en el antiguo otoño.
Rosas amarillas se deshojan junto a la cerca del jardín,
convertido en lágrimas oscuras
se derrite un gran dolor,
¡oh hermana!
Qué calladamente acaba el día dorado.

Silencio

Riela sobre los bosques pálida
la luna que nos hace soñar.
El sauce al borde del estanque
llora en la noche silencioso.

Un corazón se apaga... y despacio
las nieblas flotan y se elevan.
¡Silencio, silencio!


En el este

A los salvajes órganos de la invernal tormenta
se asemeja la rabia tenebrosa del pueblo,
la onda purpúrea del combate,
de estrellas deshojadas.

Con las cejas quebradas, los brazos plateados,
la noche a moribundos soldados hace señas.
A la sombra del fresno otoñal
suspiran los espíritus de los muertos a golpes.

Rodea la ciudad espinoso baldío.
La luna arroja de los ensangrentados escalones
a las mujeres aterradas.
Lobos fieros irrumpen derribando la puerta.


Los cuervos

Sobre el ángulo negro van y vienen
a mediodía, dando recios gritos, los cuervos.
Su sombra pasa rozando a la cierva
y a veces se les ve detenerse enojados.

Oh, cómo turban el reposo pardo
en el que un campo de labor se arroba
cual mujer embargada por un grave barrunto,
y se les oye a veces altercar

por una carroña que han olido en algún sitio,
y de súbito emprenden hacia el Norte su vuelo
y se alejan como un cortejo fúnebre
por los aires que vibran de placer voluptuoso.

Verano

Cesa al ocaso la queja
del cuclillo en el bosque.
Aún más se inclina el cereal,
la roja amapola.

Negra se cierne la tormenta
sobre la colina.
El viejo canto del grillo
enmudece en el campo.
No se agita en ningún momento el follaje
del castaño.
En las vueltas de la escalera
tu vestido susurra.

Quedamente da luz la vela
en la habitación oscura;
una mano de plata
la extingue.
Viento calmo, noche sin estrellas.

(Traducción de Fernando Aramburu)