25.11.16

Ricardo Piglia: otra lección del maestro de la tribu

 El escritor cumple 75 años.  Padece ELA, una enfermedad que no ha minado su ritmo de trabajo y que lo enfrentó a la injusticia en estado puro 
Ricardo Piglia.Ahora obra desbordado por el cine y afectado con La "injusticia" por el ELA./revista Ñ

“La enfermedad me ha hecho descubrir la experiencia de la injusticia absoluta. ¿Por qué a mí?, se pregunta uno, y cualquier respuesta es ridícula. La injusticia en estado puro nos hace rebelarnos y persistir en la lucha”.
Ricardo Piglia cumple hoy 75 años. Los tres cuartos de siglo llegan con las librerías inundadas con su más reciente libro, el segundo tomo de Los diarios de Emilio Renzi, que se podrían catalogar como el trabajo de toda una vida. Durante los últimos años, Piglia reordenó y le dio una estructura y un estilo a los centenares de cuadernos en los que, desde la década del 50, apuntó su vida y sus lecturas. Varias veces dijo, un poco en broma un poco en serio, que todo lo que había hecho en términos literarios tenía como finalidad la publicación, algún día, de ese trabajo monumental bajo la forma de notas fechadas.
La publicación de sus diarios llega en un momento complicado para el escritor, en tanto en 2013 le diagnosticaron ELA (Escelorosis Lateral Amiotrófica), que le ha ido restringiendo sus habilidades motrices pero que fue piadosa con todo lo que necesita para seguir produciendo: la mente, la lengua materna, la memoria. ¿Hasta qué punto es invasivo hablar de la enfermedad de un escritor cuando esta está por afuera de su obra, de aquello que ha escrito? Piglia fue siempre muy elegante a la hora de mencionar su estado de salud, y en una entrevista con EFE esta semana habló simplemente de la injusticia absoluta.
Como sucedió con Roberto Bolaño, la enfermedad parece haber acelerado el proceso creativo de este artista. Está corrigiendo el tercer tomo de sus diarios, está puliendo un libro de cuentos y trabaja en un ensayo sobre Juan Carlos Onetti. “Como dice el resignado dicho popular con su hermética elegancia poética: no hay mal que por bien no venga”, dijo, con un optimismo espiritual envidiable. El encierro le dejó como una opción la escritura.
El segundo tomo de sus diarios, el más reciente, abre una ventana luminosa para entender quién es Ricardo Piglia y cuál es su importancia para las letras argentinas. Formado en los 60, condensa muchas de las tensiones de los escritores de aquellos años: es al mismo tiempo un intelectual comprometido, un teórico, un narrador, un académico, un humanista.
Estudió Historia porque intuía que estudiar Letras podía arruinarle el amor por la literatura y su trabajo futuro evidenciaría las marcas de esa formación: es quizás el ultimo de los historiadores de la literatura argentina en un sentido amplio, no necesariamente dogmático.
La “línea”, el caminito que armó para pensar la literatura argentina se impuso en la facultad de la renovación de los años 80 y es la línea hoy canónica para entender nuestras letras: Sarmiento, Arlt y Borges, Macedonio, Gombrowicz, Puig, Walsh, Saer. La otra línea es la “aireana” (que atraviesa estaciones como Copi o Lamborghini). Es, en ese sentido, quizás el último gran escritor argentino del siglo XX porque en sus libros y en su modo de estar en el mundo aparecen, nítidos, brillantes, los signos de ese siglo lleno de tensiones dramáticas y de hitos estéticos. Publicó cuentos, novelas y ensayos, pero su punto alto está en la hibridez, en esos textos libres en los que se cruza la oralidad con la erudición, como Prisión PerpetuaCrítica y ficciónFormas breves y El último lector. Hizo de la amistad literaria, del culto por la pandilla, una forma de entender la circulación de libros e ideas. Es el maestro de nuestra tribu, el hombre que asumió la enorme tarea de enseñar a leer. Su cumpleaños, dijo con ironía, lo celebrará “bebiendo y charlando, como siempre”
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